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(ca) Italy, FAI, Umanita Nova #14-26 - Derrotemos a los dioses del cielo. Retomando la lucha antirreligiosa (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Tue, 9 Jun 2026 07:23:38 +0300


En el aniversario del martirio de Giordano Bruno, el 17 de febrero, la Federación Anarquista de Livorno organizó una iniciativa pública. Las siguientes reflexiones buscan explicar la relevancia actual de la lucha antirreligiosa, reiterando y ampliando lo expresado en aquella ocasión. ---- Para comprender la naturaleza de la lucha antirreligiosa, es útil ilustrar el papel que el Programa Anarquista asigna a la religión en la sociedad.
En el pasaje que aborda este tema, el Programa se refiere al gigantesco aumento de la producción, alcanzado a lo largo de la historia, que permitió a una minoría de la humanidad vivir sin trabajar a expensas de la inmensa mayoría que producía para todos, cristalizando el privilegio a través de la propiedad privada. Este proceso también propició el surgimiento de otra clase particular: el clero, que, «mediante una serie de fábulas sobre la voluntad de Dios, la vida eterna, etc., busca persuadir a los oprimidos para que soporten mansamente la opresión y, al igual que el gobierno, además de servir a los intereses de los propietarios, también sirve a los suyos propios». Desde esta perspectiva, la religión no responde a un supuesto «espíritu religioso» presente en la mente de las personas, sino a la acción consciente de una minoría que pretende seguir viviendo a costa de las masas trabajadoras mediante la difusión de fábulas religiosas.

La definición de clero y su función que ofrece el Programa Anarquista se refiere a la división entre trabajo manual e intelectual, un aspecto que merece ser considerado.

Con esta división entre trabajo intelectual y manual, se pierde la unidad interna de la actividad laboral, entendida como el despliegue de energía dirigido hacia un objetivo y su consecución. Una clase social específica se arroga la tarea de dirigir la actividad práctica hacia sus propios fines, dejando el trabajo manual a la clase subordinada. De esta forma, el fin se separa de la actividad manual y se transfiere a la organización social, que opera como una fuerza natural, impersonal e incomprensible para los productores reales. El trabajo manual se vuelve cada vez más mecánico, exigiendo el desarrollo de habilidades especiales en detrimento de otras, impidiendo la plena realización de las facultades individuales. En estas condiciones, el trabajo se convierte en una actividad restringida y extrínseca, que conlleva la distorsión y la unilateralidad del individuo, dando lugar al fenómeno conocido como alienación.

De la mano de la alienación económica y social se encuentra la alienación de la conciencia social, que observa la separación entre la conciencia empírica y cotidiana de los individuos y, por otro lado, la evolución del pensamiento intelectual y abstracto de la ciencia. De esta forma, esta conciencia cotidiana y empírica queda cautiva de representaciones fetichistas que ofrecen una imagen falsa de la realidad.

Así como en la prehistoria la humanidad estaba dominada por fuerzas naturales impersonales que no comprendía ni podía controlar, hoy las causas profundas del sufrimiento social son incomprensibles para la mayoría de la humanidad y adoptan la forma de fuerzas naturales incontrolables. Es sobre esta base que opera la toma del consenso, desarrollada a través de una visión invertida de la realidad, las llamadas ideologías. Con este término, nos referimos a aquellas estructuras conceptuales que reflejan el dominio de las condiciones sociales sobre los individuos, de las ideas sobre las condiciones materiales. Poco importa si la formación de la conciencia social está controlada no solo por las clases privilegiadas, sino también por centros específicos de privilegio y poder, como universidades, centros de investigación internacionales o jerarquías eclesiásticas; simplemente articula y diversifica este dominio.

Dentro del contexto de estas ideologías, la religión se presenta como un producto de la alienación social e histórica. Las ideologías religiosas, a lo largo de los siglos, han permitido a los grupos sociales dominantes frenar la rebelión con promesas de un futuro mejor en la otra vida. Al mismo tiempo, la forma específica de alienación religiosa, que proyecta cualidades humanas en un dios creado por la imaginación humana, convence a las masas oprimidas de aceptar su subordinación al poder terrenal, del mismo modo que aceptan la guía de un dios omnipotente y omnisciente, que recompensará a quienes se sometan y acepten el sufrimiento diario. La religión, por lo tanto, es consecuencia de la organización jerárquica de la sociedad; superarla, en consecuencia, no es posible sin una profunda transformación social que elimine sus causas. Al mismo tiempo, esta transformación social solo es posible si comienza con la acción directa de las clases explotadas, mediante la autogestión y la autoorganización. A su vez, esta autoemancipación de las clases explotadas no es posible sin difundir simultáneamente la reflexión crítica sobre las condiciones materiales de la actual formación social y la crítica del aparato ideológico, del cual la religión forma parte, que justifica su existencia.

Junto a las luchas por objetivos concretos que desafíen aspectos específicos de la opresión y la explotación, debe avanzar la lucha contra las ideologías: no se trata simplemente de enfrentar una ideología con otra, sino de derrotar el mecanismo subyacente que las genera: la separación entre trabajo manual e intelectual, y el papel que se asigna a las ideas en la definición del mundo. En este sentido, contraponer la verdad revelada con la búsqueda de la verdad a través del debate horizontal y la verificación mediante la experiencia es mucho más importante que memorizar las reflexiones de tal o cual pensador. Esta práctica y este método, junto con el de la verificación mediante la experiencia, deben reemplazar la confianza en los expertos y los textos sagrados, características esenciales de toda religión.

En este sentido, el desarrollo del pensamiento crítico, basado en la crítica práctica de las condiciones de explotación, es inseparable de la lucha contra la religión.

¿Cómo es posible el pensamiento crítico en una sociedad dominada por la propiedad privada, dividida en clases, donde el Estado y las instituciones controlan los medios de comunicación? La información oficial posee un poder destructivo que parece capaz de aniquilar toda forma de opinión disidente.

Precisamente por ello, hoy más que nunca, la lucha por la libertad de pensamiento es absolutamente esencial. Necesitamos pensamiento crítico, un pensamiento capaz de exponer las contradicciones de esta sociedad y proporcionar a las clases explotadas las herramientas que, mediante la crítica de la ideología, prefiguren la expropiación de los medios de producción, premisa fundamental para la construcción de una nueva sociedad. La lucha antirreligiosa forma parte de este camino. Ha habido momentos en que esto ha sido muy evidente.

La lucha antirreligiosa ha caído en desuso porque el tema ha sido monopolizado por intereses burgueses, adquiriendo una connotación conservadora y elitista. Pero también porque, entre las fuerzas que más o menos claramente claman por la transformación social, se ha dado cabida a tendencias oscurantistas.

Una de estas tendencias surge de la idea de que, para liberar a las masas explotadas de la influencia burguesa, es necesario utilizar las mismas herramientas empleadas por las clases privilegiadas para ejercer dicha influencia. Es desde esta perspectiva que se están redescubriendo pensadores como Gustave Le Bon y Georges Sorel. Sus estudios sobre la dinámica de los movimientos de masas proporcionaron las herramientas para quienes buscaban ejercer control ideológico sobre ellos. Las reflexiones de estos pensadores han recuperado relevancia con la investigación sobre los efectos del condicionamiento de las redes sociales en las decisiones políticas de los usuarios. Sin embargo, estas reflexiones contradicen un proceso efectivo de toma de conciencia, sobreestimando los mecanismos inconscientes de control y orientación. En esencia, buscan debilitar los procesos racionales, en lugar de desarrollarlos.

Otra tendencia oscurantista se ha gestado, de alguna manera, dentro de la crítica a la cultura occidental y al colonialismo. Dentro de esta crítica, se ha desarrollado una reevaluación de aquellas religiones, iglesias y dogmas que no pertenecen a la cosmovisión judeocristiana. Desde esta perspectiva, la crítica al islam -que es una religión en todo sentido, como el catolicismo- se asimila a una forma de prejuicio supremacista, nacida de un concepto erróneo de «privilegio» contra los pueblos que profesan mayoritariamente esta religión, como si los pueblos oprimidos por el islam no tuvieran las mismas tendencias ni el mismo afán por forjar su propio camino hacia la liberación. Sin duda, el secularismo impuesto por el Estado, e incluso el ateísmo, ha permitido que los movimientos clericales-fascistas islámicos se presenten como liberadores del autoritarismo gubernamental y, a la vez, como fuerzas que desbaratan las propias fuerzas revolucionarias. Al mismo tiempo, la defensa de la tradición, desde el hinduismo en la India hasta el budismo en el Tíbet, adquiere una función antiimperialista. Cabe destacar que, tras la defensa de la tradición, subyace, sobre todo, la defensa de las clases tradicionalmente privilegiadas.

Estas interpretaciones, frecuentes incluso dentro de movimientos antagónicos y revolucionarios, exigen una postura clara y lúcida. Por eso también es necesario retomar la lucha contra la religión.

Tiziano Antonelli

https://umanitanova.org/spezziam-gli-dei-del-cielo-riprendere-la-lotta-antireligiosa/
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