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(ca) Greece, APO, Land & Freedom: Salónica, Contra el reclutamiento de mujeres: ¡NI UNA HORA EN EL EJÉRCITO! (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Sun, 17 May 2026 07:08:29 +0300


El reciente llamamiento del Estado Mayor del Ejército a las mujeres de entre 20 y 26 años para el servicio militar voluntario no podía dejar de ir acompañado de la frase «la responsabilidad de la patria también me incumbe». Y en esta misma frase se condensa la forma en que el Estado intenta extender su control sobre nuestros cuerpos y vidas, exigiendo no solo nuestro consentimiento, sino también nuestra participación activa en la reproducción de su soberanía. En concreto, los anuncios, que forman parte de la Agenda Territorial 2030 de la UE, invitan a las mujeres a unirse al ejército de tierra durante un periodo piloto de 12 meses, que comienza en abril con 200 «voluntarias» en el centro de entrenamiento de material bélico de Lamia.

Es indudable que el reclutamiento de mujeres no es un paso hacia la libertad ni la igualdad, sino una extensión de la misma violencia que organiza el mundo del Estado y el capital. No es un "derecho" participar en la guerra, sino una sentencia de muerte, otro intento de normalizar la idea de que todos debemos estar disponibles para las necesidades de la soberanía. No es casualidad que este alistamiento voluntario en el ejército se presente como un elemento constitutivo de la existencia nacional independiente, como una "oportunidad" y, al mismo tiempo, como una continuación legal del "glorioso pasado griego" y una responsabilidad en un período donde "las condiciones en constante cambio crean nuevas exigencias". Precisamente en estas condiciones de generalización del totalitarismo moderno, de empobrecimiento cotidiano y de cristalización del mosaico distópico de la explotación, la llamada igualdad de género, bajo el manto de la democratización, es explotada por el Estado y sus mecanismos como herramienta para reproducir jerarquías y obtener consentimiento. Este método se utiliza para superar conflictos sociales bajo los paraguas de la "inclusión", el "honor nacional" y la "ofrenda", mientras que, simultáneamente, se regulan nuestros cuerpos, preparando a la base social como "destinada" a formar parte de una maquinaria militar colectiva. De esta forma, se supone que las mujeres se reivindican como sujetos activos, cuando en realidad se las invita a integrarse precisamente en las necesidades de la dominación estatal y capitalista y a salvaguardar la red conservadora de relaciones sociales que nos llama a adoptar «posiciones de batalla».

Además, entendemos que, en general, para salvaguardar los planes de soberanía territorial y expansión militar y económica, encubiertos bajo el vulgar manto del «bienestar social» y el «bien común», pero también para normalizar las sirenas de guerra que vuelven a sonar, los Estados establecen y refuerzan metódicamente esta red de disciplina y subordinación que impregna todos los aspectos de la vida social. Desde la escuela hasta el campo de concentración, los cuerpos son adiestrados para obedecer, alinearse e integrarse en estructuras jerárquicas, mientras que la violencia se internaliza como un medio necesario para mantener el «orden» y la cohesión. En otras palabras, la militarización no se limita a los espacios de las fuerzas armadas, sino que impregna la vida cotidiana, transformando la sociedad en un mecanismo donde la vigilancia, el miedo y la sumisión se normalizan, y donde la preparación para la guerra se identifica con la propia organización de la vida.

Al mismo tiempo, la militarización no puede separarse de la realidad más amplia de explotación y exclusión. Los mismos mecanismos que ahora llaman a las mujeres a defender la patria son los mismos que dejan a las mujeres trabajadoras en la precariedad, que convierten a migrantes y refugiados en mano de obra barata y desechable, que cultivan y reproducen la violencia de género y la exclusión social. Por consiguiente, no debemos engañarnos pensando que estos mecanismos, programados estructural y a priori para implementar y reproducir la opresión, la represión y la explotación de género en todos los ámbitos de la vida pública y privada, puedan mostrar sensibilidad alguna, ni siquiera bajo apariencia. Al fin y al cabo, el poder puede gestionarse y disfrazarse, pero su elemento estructural siempre será su necesidad de control. Y es evidente que la patria por la que se nos llama a luchar no es un lugar común de libertad, sino un campo de explotación y muerte.

Nos negamos, por lo tanto, a ser convertidas en «carne» en manos de un mecanismo que produce muerte, destrucción y subyugación. Nos oponemos y luchamos a diario contra el nacionalismo que pretende que nos identifiquemos con los intereses del soberano, contra el patriarcado que extiende su control incluso a través de la "integración". Aun en tiempos en que, ante las fronteras, las formaciones de capital transnacionales y la guerra, la vida humana se devalúa claramente, es la dignidad de la existencia la que jamás podrá ser apaciguada ni limitada a los estrechos confines de la planificación espacial de la UE, las proclamaciones y las "bonificaciones" profesionales del Estado Mayor.

Y al mismo tiempo, creamos nuestras propias declaraciones, proponiendo otra perspectiva: la de la solidaridad internacionalista entre quienes sufren explotación, que trasciende las fronteras nacionales y las divisiones artificiales impuestas desde arriba. Porque no tenemos nada que defender en este mundo de desigualdad, guerras y opresión, explotación y muerte. Tampoco podríamos reconocer jamás responsabilidad alguna hacia los Estados que organizan la vida en términos de dominación y muerte.

Porque la responsabilidad que asumimos es hacia los demás, hacia cada persona que resiste, hacia la posibilidad misma de una vida libre de explotación, fronteras y poder. Y así, mantenemos firme la promesa de que, frente al creciente totalitarismo, barbarie y muerte, la libertad no se puede luchar por ella, sino que, por el contrario, se construye mediante la lucha, una lucha total destinada a aplastar todo poder, la lucha anarquista que no se detendrá hasta que erradiquemos la opresión, el Estado, el capitalismo y el patriarcado de sus cimientos, hasta que construyamos un mundo de igualdad, libertad y dignidad.

LUCHA INTERNACIONALISTA CONTRA EL PATRIARCADO, EL ESTADO Y EL CAPITAL
EN EL NACIONALISMO, EL FASCISMO Y LA GUERRA

Mujeres Libres del Colectivo por el Anarquismo Social - Miembro Negro y Rojo de la Organización Política Anarquista - Federación de Colectivos

https://landandfreedom.gr/el/agones/2258-thes-niki-enantia-stin-stratefsi-gynaikon
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