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(ca) France, OCL CA #354 - Liberando la Deuda Pública del Capitalismo (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Wed, 24 Dec 2025 12:44:41 +0200


A continuación, presentamos un artículo escrito por un economista que no adopta una postura radical respecto al Estado, ya que aporta información interesante y nos permite, incluso desde una perspectiva reformista, comprender que el capitalismo es una lucha de clases. ---- Cada año, por estas fechas, el debate público se centra en cuestiones relacionadas con el presupuesto estatal. Esta es una oportunidad para que el campo del capital reafirme su determinación de aplastar al campo del trabajo.
Así, desde François Fillon, al frente de un Estado en bancarrota, hasta Emmanuel Macron, preocupado por las desigualdades transmitidas a las generaciones futuras, pasando por el efímero primer ministro François Bayrou, quien nos instó a encontrar "40 mil millones" -inevitablemente mediante recortes sociales-, el otoño nos recuerda que la lucha de clases no ha muerto.

Por lo tanto, es una máquina bien engrasada: con la deuda pública en constante aumento, la clase trabajadora se ve obligada a aceptar "esfuerzos" acordes con la situación. La retórica es a veces alarmista, a veces angustiosa, pero siempre agresiva con las conquistas sociales, que se consideran evidencia de la propensión de Francia a vivir "por encima de sus posibilidades".

Ciertamente, las cifras de deuda pública que esgrime el campo capitalista bastan para asustar a los no iniciados. En 2024, la deuda pública de todas las administraciones públicas francesas ascendió a 3.228.400 millones de euros, lo que representó el 112 % del PIB. Sin embargo, un análisis minucioso de los mecanismos de la deuda pública francesa permite contrarrestar fácilmente la ofensiva neoliberal.

De hecho, dos conclusiones surgen de este análisis. La deuda pública es el resultado de las políticas neoliberales. Sobre todo, constituye un motor del capitalismo financiarizado. Además, la cristalización de los temores en torno a la cuestión de la deuda pública permite al campo capitalista justificar sus políticas de destrucción y sometimiento de los trabajadores.

Deuda: Una necesidad del capitalismo
El capitalismo necesita la deuda pública. El aumento de la deuda pública desde la década de 2000 se explica por tres fenómenos. En primer lugar, las crisis económicas: el capitalismo, al ser un factor de inestabilidad, genera regularmente crisis económicas o financieras que lastran las finanzas públicas. Estas crisis siempre brindan al Estado la oportunidad de rescatar (sin compensación alguna) al bando capitalista mediante un gasto público masivo que incrementa la deuda pública. En segundo lugar, parte de la deuda actual se debe a la presión que ejercen los mercados financieros sobre nuestras condiciones de endeudamiento. Dado que los Estados han decidido financiarse a través de los mercados financieros, se produce un "efecto bola de nieve": los mercados financieros imponen tipos de interés superiores a la capacidad de pago de los Estados. Finalmente, la política de reducción de impuestos para los más ricos y las grandes empresas también está generando una deuda pública cada vez mayor.

Si hacemos los cálculos, en 2012, el 59% de la deuda pública era consecuencia de estos tres factores. En otras palabras, la deuda pública, que representaba el 91% del PIB en 2012, se habría situado en el 43% sin las crisis, el efecto bola de nieve ni la política fiscal.

Y las políticas de Emmanuel Macron llevan esta lógica al extremo. El enfoque de "cueste lo que cueste" ha incrementado la deuda en 353 000 millones de euros. Según el OFCE (Observatorio Económico Francés), el 48 % de este aumento se debe a decisiones políticas (y fiscales) no relacionadas con la crisis. Peor aún, la política fiscal del presidente Macron desde 2017 ha provocado un aumento de la deuda pública de entre 110 000 y 170 000 millones de euros, y ha privado al presupuesto estatal de casi 64 000 millones de euros anuales en exenciones fiscales.

Deuda: ¿Una necesidad para la transición? La clase trabajadora se enfrenta, pues, a un dilema. La deuda pública es necesaria para lograr la transición ecológica y social, pero esta debe ser beneficiosa. La deuda actual es "mala" porque es el resultado de un sistema económico deficiente y de medidas fiscales que solo sirven para aumentar la desigualdad y aplastar a los trabajadores. ¿Cómo podemos entonces concebir una deuda "buena"? Primero, consideremos los hechos. El objetivo de una economía climáticamente neutra requeriría un esfuerzo presupuestario de entre 25 000 y 34 000 millones de euros anuales y un superávit de inversión anual de 70 000 millones de euros. Esto solo puede lograrse mediante un mayor endeudamiento. Existen varias vías concebibles y deseables para lograrlo.

En primer lugar, es necesario restablecer un sistema fiscal justo y progresivo. El Estado gasta generosamente en apoyar a la empresa privada: las ayudas públicas a las empresas (a las más grandes, por supuesto) ascienden a casi 210 000 millones de euros anuales, sin condiciones ni beneficio económico alguno. Las lagunas fiscales, que cuestan al Estado más de 90 000 millones de euros en ingresos anuales, también se encuentran entre los gastos innecesarios. Según el Tribunal de Cuentas, el 37 % de estas lagunas son «ineficientes» y el 29 % «ineficientes». En cuanto a los ingresos, también hay suficiente para financiar este cambio si estamos dispuestos a comprometer los recursos necesarios. Como ya hemos dicho, la política fiscal del presidente Macron nos cuesta casi 64 000 millones de euros en ingresos fiscales perdidos cada año, además de la evasión fiscal (estimada entre 80 000 y 112 000 millones de euros anuales).

En segundo lugar, es esencial reducir drásticamente nuestra dependencia de los mercados financieros para financiar nuestra deuda pública. Cabe recordar que fue una decisión política, tomada a finales de los años sesenta y setenta, la que obligó al Estado a financiarse a través de los mercados financieros. Así, el capital sustituyó la financiación estatal por préstamos cuyas condiciones dictan los mercados financieros y las agencias de calificación. Recuperar el control democrático sobre nuestra financiación es esencial. No solo no se producirá la transición ecológica y social si los mercados siguen siendo libres, sino que, lo que es más importante, el sistema ya ha impuesto una carga excesiva al trabajo, que ya no debe aceptar los sacrificios adicionales que se le exigen. La lucha de clases tiene un futuro brillante por delante; de nosotros depende (re)conquistar nuestro futuro.

Joan Agliyer, economista

http://oclibertaire.lautre.net/spip.php?article4569
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