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(ca) Brazil, CAB: ¿QUÉ NO ESTAMOS HACIENDO? - CARTA DE OPINIÓN (FAS) - 52 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO MILITAR EN CHILE (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Sun, 26 Oct 2025 08:04:13 +0200


El 11 de septiembre de 1973 se conmemora el golpe de estado militar en Chile. Cincuenta y dos años después, entre las acciones para conmemorar ese día y mantener viva su historia entre las nuevas generaciones, la Federación Anarquista de Santiago (FAS) publicó una carta de opinión que aborda la situación política actual en Chile. Con el objetivo de mirar al pasado y extraer lecciones relevantes para el presente, que nos permitan construir un futuro diferente y revolucionario, la FAS ofrece una reflexión crítica que consideramos también útil para reflexionar sobre la situación actual en Brasil.

Por ello, con el objetivo de reunir temas debatidos en diversos territorios latinoamericanos, la Coordinación Anarquista Brasileña (CAB) reproduce la carta de opinión de la FAS traducida al portugués. Oportuno, considerando que el 11 de septiembre de 2025 Brasil fue condenado por el genocida Jair Bolsonaro y sus secuaces, el texto nos lleva a reflexionar sobre los períodos en los que la democracia burguesa se presenta como una alternativa más aceptable. Al mismo tiempo, esta lectura nos alerta de que las instituciones de la democracia burguesa y los estallidos autoritarios de segmentos de la élite política no son más que dos caras de la misma moneda, cuyo objetivo coincide: mantener a una clase dirigente de jefes y empresarios en el poder a expensas del pueblo oprimido, que ve empeorar sus condiciones de vida independientemente de quién ocupe los puestos de la chusma institucional del Estado en su control del capital.

¿QUÉ NO ESTAMOS HACIENDO? Una pregunta importante 52 años después del golpe militar.

En momentos como estos, es difícil ser autocrítico y cuestionar lo que no estamos haciendo. Este ejercicio de autocrítica parece meramente autoflagelante, y su único logro es desanimar a los camaradas organizados, o incluso desmotivar a algunos. Pero creemos que estas reflexiones son necesarias para avanzar en lo que creemos: una vida digna para nuestra clase, y quienes no se someten a este ejercicio solo avanzan hacia la autocomplacencia.

Comencemos, entonces, con lo que estamos haciendo.

Estamos constantemente monitoreando la realidad, monitoreándola y diagnosticándola, lo cual es sin duda esencial, pero no suficiente. La realidad global es un escenario en el que los paradigmas impuestos en la segunda mitad del siglo XX están en plena transición. Están surgiendo nuevos órdenes mundiales, las democracias liberales, en su naturaleza capitalista, están dando paso a estructuras fascistas, conservadoras y autoritarias. Sin embargo, esto no significa que los mecanismos de dominación necesariamente se transformen. La brutalidad del genocidio perpetrado por el Estado de Israel, con la complicidad directa de Estados Unidos, demuestra, en nuestra opinión, que la guerra será una herramienta que el capitalismo y el patriarcado seguirán utilizando. Esto revela al menos dos cosas: la regresión civilizatoria de las sociedades a nivel global y la complicidad pasiva del resto de quienes ostentan el poder en diferentes territorios y a distintos niveles del mundo. El reordenamiento global, esta transición de la que hablamos, estará marcado por el genocidio de la población palestina en Gaza, y el mundo tendrá que convivir con ello.

Una perspectiva global nos obliga a observar nuestra realidad inmediata. En un ejercicio de síntesis diagnóstica, quizás la afirmación que consideramos más pertinente es que la democracia (neo)liberal en la que vivimos no está en crisis, como muchos afirman, sino en proceso de completar su misión capitalista, algo que se refleja en diferentes dinámicas políticas, sociales y económicas que se entrelazan constantemente.[En Chile], tras los procesos de restitución, se estableció una restitución del orden de dominación, que fue cuestionada en parte por el levantamiento de 2019 y sus procesos anteriores. Esto necesariamente tuvo que ir acompañado de la implementación drástica de la fuerza represiva estatal, una dinámica social que, tras la cortina de la seguridad social, solo logró asesinar y aterrorizar a la población y socavar la organización social, además de permitir el retorno de la naturalización del discurso de odio, el patriarcado y el discurso negacionista. Observamos con atención y estamos en constante alerta, porque una expresión de todo esto es la disputa abierta por los espacios comunitarios recuperados y ocupados por las organizaciones sociales, donde las mujeres resisten los ataques del Estado y las corporaciones.

También identificamos cómo las dinámicas políticas convencionales producen un espectáculo mediático, expresado, por ejemplo, en disputas electorales o alguna maniobra parlamentaria, que busca adormecer el conflicto de clases.[En Chile], esta falsa dicotomía entre "izquierda" y "derecha" es simplemente la cara populista del partido del orden, con la que intentan hacernos creer que existen diferencias abismales entre estas facciones. El mejor ejemplo en la situación actual es la supuesta distancia política entre el candidato progresista y socialdemócrata, Jara, y otras figuras nefastas como Kaiser, Kast y Mathei. Sin embargo, en la práctica, todos estos conglomerados han apostado por un proyecto de clase: la reproducción de un sistema de dominación capitalista y patriarcal basado en ideas como la xenofobia, el individualismo, el racismo, el autoritarismo, etc.

El modelo en el que vivimos cuenta con una maquinaria bien engrasada para seguir reproduciendo el capital, que, amparado por la legalidad burguesa, nos mantiene sumergidos en un mundo de consumo, financiarización, explotación laboral y devastación ecológica (en este sentido, basta con observar cómo el partido del orden legisla la ley de permisos sin mayor dificultad, lo que solo acentuará la devastación de nuestros cuerpos y territorios).

Sin embargo, parece relevante destacar la otra economía que esta democracia promueve a diario: la del crimen organizado. La fachada del Estado de derecho y la lucha contra el crimen organizado se están desmoronando. La democracia liberal, como Estado y capital, opera tanto en el mercado legal como en el ilegal (en sus propios términos). Nos dicen que están en contra de todo crimen organizado, que condenan el narcotráfico, pero lo que vemos a diario en nuestras comunidades es diferente. Si bien el Estado se presenta públicamente como un firme opositor al crimen organizado, la realidad demuestra que el propio modelo de consumo que promueve, sumado a las diversas prácticas corruptas en los territorios, genera vínculos funcionales con estas estructuras ilícitas. En muchos casos, lejos de enfrentarlas, estas dinámicas terminan transformando al Estado en su mejor aliado, ya que permiten la instalación de mecanismos de control social que sirven para hostigar e intimidar a quienes se organizan y luchan por una vida digna. Basta con ver lo sucedido con el caso del "Rey de los Meigs", un ejemplo emblemático de la complicidad entre las empresas, el Estado corrupto, el crimen organizado y el mundo del entretenimiento televisivo. La violencia, el consumo y la corrupción estatal y policial son la base del modelo de libre mercado que protege esta democracia liberal.

¿Y ahora qué no estamos haciendo?

La respuesta más simple es que no ofrecemos una alternativa organizativa que tenga sentido para la mayoría de la población. El retroceso social y organizativo es tremendo, y quienes nos mantenemos organizados nos vemos atrapados en la difícil tarea de reconfigurar un escenario de luchas sociales favorable. Lo más probable es que, en la práctica, estemos construyendo una militancia que promueve espacios organizativos, pero con una serie de limitaciones y dificultades. En este sentido, creemos que faltan ciertos impulsos, que intentaremos describir a continuación.

El clima político actual plantea preguntas: ¿estamos preparados para las próximas luchas políticas? Actualmente, lo más probable es que el ala derecha del Partido del Orden asuma la administración estatal durante los próximos cuatro años, lo que significará que el progresismo y la socialdemocracia volverán a las calles, intentando liderar cualquier expresión del movimiento social. Este problema, si se mantiene la continuidad del gobierno, seguirá siendo un obstáculo para la lucha de clases, como lo ha sido hasta ahora. En este sentido, proponemos que las organizaciones que se posicionan en el bando revolucionario desarrollen planes de lucha con el objetivo de crear un pueblo fuerte, lo que implica retomar y participar activamente en las luchas reivindicativas. La reorganización del movimiento vecinal que lucha por la vivienda y la vivienda asequible es inevitable, planteando un horizonte de confrontación contra el Estado burgués y el empresariado representado por la Cámara Chilena de la Construcción. A su vez, la lucha de los trabajadores no puede seguir absorbida por la lógica clientelista o caudillista de ciertos líderes. Los sindicatos deben alzarse en la lucha, con la imperiosa necesidad de acercar la idea de la sindicalización a los trabajadores que, hasta ahora, creen que la mejor manera de resolver sus problemas es individualmente. La capacidad militante debe orientarse a la creación de espacios de lucha y organización, evitando el aislamiento en acciones identitarias, donde cada demanda al Estado y a la patronal se presente de forma confrontativa y política, evitando caer en tecnicismos, ya que la disputa política siempre precede a la disputa técnica. No sólo es imprescindible luchar contra el reformismo y sus cantos de sirena, pues el fascismo avanza día a día, construyendo estructuras políticas y erigiéndose como un proyecto ideológico que resuena en una parte de la población. Ante esto, la batalla de ideas se vuelve fundamental, donde la agitación y la propaganda cobran una importancia trascendental. Las ideas que fundamentan nuestra construcción histórica de lucha deben ir acompañadas de una reinterpretación o reimaginación de lo revolucionario. La revolución política y social debe volver a ser una idea posible, una idea que impregne una vida diferente, una vida digna. Sin embargo, la lucha de ideas no será suficiente en este período a menos que podamos construirlas desde las bases sociales. Es decir, el protagonismo popular en la creación y el fortalecimiento de las organizaciones de base es lo que está llamado a producir y reproducir los nuevos imaginarios de la revolución.

A partir de estas premisas, es posible identificar nuestras deficiencias y definir, como anarquistas, cómo avanzar. El llamado es a crear una Organización Política Anarquista, donde la unidad táctica e ideológica sea la base de una estrategia de ruptura revolucionaria dirigida a crear un Frente de la Clase Oprimida. Debemos revivir la idea de la militancia anarquista, que crea organizaciones donde no las hay y fortalece las que ya existen. No nos sirven las posturas individualistas que no contribuyen a la reconstrucción del tejido social, ni las experiencias autocomplacientes que sustentan espacios para alimentar el ego de los convencidos. Es necesaria la militancia de acción directa, pero dedicada a tareas organizativas, para que todo ataque al poder esté imbuido de masividad y legitimidad revolucionaria.

Dos años después de conmemorar el 50.º aniversario del golpe cívico-militar que dio inicio a la sangrienta y brutal dictadura en la región chilena, creemos que las reflexiones que hicimos entonces siguen vigentes. Reafirmamos nuestra postura crítica hacia el gobierno institucional de la UP (Unidad Popular) y su proyecto de modernización capitalista que promovió la conciliación de clases y el fortalecimiento de los mecanismos estatales de dominación. Asimismo, seguimos reconociendo y enfatizando los procesos que se estaban tejiendo desde las bases sociales, al margen de las agendas institucionales burguesas y de las dirigencias partidarias. Creemos que fueron estas capacidades demostradas de las clases populares y oprimidas las que movilizaron la conspiración cívico-militar golpista.

Miramos continuamente al pasado, en un ejercicio de memoria permanente contra el olvido, que nos permite identificar con certeza lo sucedido y revelar las lecciones y sabidurías prácticas, para disputar el presente y construir el futuro.

https://cabanarquista.com.br/o-que-nao-estamos-fazendo-carta-de-opiniao-fas/
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