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(ca) Portugal, Lisboa, Manifiesto: El 1 de mayo es un día de duelo y lucha para la clase trabajadora mundial. (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Sun, 31 May 2026 07:25:43 +0300


En 1886, los llamados "Mártires de Chicago", anarquistas, obreros e insurgentes, fueron condenados a muerte por atreverse a imaginar lo imposible: que la vida no debía estar completamente dominada por el trabajo. Lucharon por ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho horas de ocio. Por lo tanto, fueron silenciados por el Estado, el mismo Estado que protege la propiedad y castiga a quienes la desafían. Sin embargo, la historia no se escribe con el veredicto de los tribunales, sino con la persistencia de los cuerpos que resisten: la jornada laboral de ocho horas no fue concedida, fue arrebatada a los patrones mediante la organización, el duelo y la lucha colectiva. Lo que se celebra no es una conquista pacífica, sino una herida abierta que aún palpita: una memoria viva que demuestra que ningún derecho nace sin conflicto y que la lucha contra la explotación y el Estado sigue siendo internacional, continua e inconclusa.

Los Mártires de Chicago murieron luchando por la causa obrera, y es porque los anarquistas perdieron sus voces que hoy alzamos la nuestra. Hace más de 130 años, se exigía el mínimo: unas 40 horas semanales, cuando la norma eran jornadas laborales de 80 horas que consumían la vida. Hoy, lo que se presenta como progreso se revela como regresión: el nuevo paquete laboral intenta llevarnos de vuelta al pasado, con el sistema de tiempo individual que extiende la jornada laboral en dos horas y nos roba nuestro tiempo, empujándonos hacia semanas de 50 horas. Seguimos aplastados por rutinas agotadoras, por un tiempo que no nos pertenece.

Por eso volvemos a las calles el 1 de mayo. No solo para recordar, sino para insistir: ¡nuestro tiempo no es una mercancía! Invocamos la memoria de los Mártires porque la lucha no ha terminado y porque conocer nuestra historia como clases oprimidas es también una forma de negarnos a olvidar y de afirmar, una vez más, el derecho a la vida más allá del trabajo.

En las últimas décadas, el 1 de mayo ha perdido su significado y se ha reconfigurado como una dócil celebración del trabajo o como un día de descanso "concedido" por el Estado: una festividad pasiva que borra la memoria de las luchas que la hicieron posible. Lo que comenzó como conflicto se ha transformado en ritual; lo que fue insurrección se ha convertido en un evento del calendario. En este proceso, los sindicatos institucionales (CGTP-IN y UGT) se han distanciado de la clase trabajadora, confinando la lucha a los cauces legales y a la negociación de migajas. La llamada "concertación social" no es más que una forma renovada de la vieja máxima autoritaria de colaboración de clases, un mecanismo que gestiona el conflicto en lugar de afrontarlo. La acción sindical, centrada en objetivos inmediatos, ha abandonado una transformación radical de las condiciones de vida, dejando atrás la posibilidad de la liberación económica, social, política y sexual. A esto se suma la burocratización del sindicalismo y su instrumentalización como instrumento de control, frecuentemente dirigido contra los movimientos obreros autónomos. Lo que se presenta como representación a menudo se transforma en contención, un gesto que se centra más en la vigilancia que en la liberación, más en la disciplina que en la organización.

Pero la lucha no se puede delegar: se construye. Se construye en las calles, en las ocupaciones, en las huelgas, en la acción directa que se niega a esperar permiso para existir. No se pide, se toma. Por lo tanto, es urgente recuperar las formas de lucha que conquistaron derechos en el pasado: la acción directa, los boicots, las huelgas, el sabotaje. No como memoria, sino como práctica viva, como un rechazo activo a un sistema que insiste en robarnos nuestro tiempo, nuestros cuerpos y nuestras vidas.

Mientras intentan borrar el carácter combativo de esta fecha, nosotros, los anarquistas, reavivamos su llama revolucionaria. Hacemos un llamado a todos los pueblos insurgentes, trabajadores y combatientes, colectivos, sindicatos autónomos, movimientos sociales, a ocupar las calles, romper el silencio y denunciar la explotación capitalista y estatal y todas las formas de dominación. Hacemos un llamado a quienes se niegan a delegar sus propias vidas, a quienes están comprometidos con la acción directa, la autonomía y la construcción de un mundo sin jerarquías.

Exigimos un 1 de mayo autoorganizado, al margen del reformismo y el control autoritario. Queremos autonomía sobre nuestro tiempo, nuestros cuerpos y nuestras vidas, porque lo que nos han robado no se devolverá; debemos recuperarlo.

No olvidamos a quienes quedaron excluidos de lo que se denominaba la "clase trabajadora". A quienes nunca encajaron en esa estrecha definición, moldeada para reconocer a unos y borrar a otros. No olvidamos las vidas relegadas a los márgenes, silenciadas como sujetos políticos, invisibilizadas por una idea de clase que nunca fue neutral, una idea construida para excluir.

La «clase trabajadora» no surgió como una simple descripción de la realidad: fue forjada históricamente, inscrita dentro de las jerarquías coloniales y patriarcales que sustentan el capitalismo. Desde sus inicios, trazó límites entre lo que cuenta y lo que es prescindible, entre el trabajo que produce valor y el que se niega, entre quienes son reconocidos como fuerza transformadora y quienes son condenados a la invisibilidad. Estas distinciones nacieron de la violencia racial, sexual y económica que organiza el mundo.

Durante siglos, la figura del trabajador asalariado hombre, blanco, nacional se impuso como norma, elevándolo a la categoría de sujeto político legítimo. Todo lo demás fue relegado: devaluado, criminalizado o romantizado como excepción. Otras formas de trabajo, resistencia y supervivencia fueron sistemáticamente negadas, a pesar de ser esenciales para la vida.

Repensar la lucha de clases requiere más que llamamientos abstractos a la unidad. Requiere romper con este legado, desmantelar los límites impuestos y rechazar una idea de clase cerrada en sí misma. La clase no es un hecho inmutable: es un campo de disputa. Es en este terreno donde nos situamos, junto a todas las existencias que el capitalismo ha intentado disciplinar, explotar y destruir. Porque la lucha no es simplemente por la inclusión en una categoría que siempre ha excluido, sino por su transformación radical.

Proponemos un Primero de Mayo anarquista, transfeminista, antirracista y antiimperialista. Un Primero de Mayo que incluya a quienes han sido marginados: la comunidad queer, los migrantes, las personas racializadas y los trabajadores precarios, las trabajadoras sexuales, las personas encarceladas y obligadas a trabajar en condiciones de esclavitud. Porque la sociedad del trabajo es patriarcal, capacitista y extractiva; valora la productividad por encima de la vida y transforma los cuerpos en recursos.

Rechazamos una educación que nos entrena para obedecer y producir, que nos moldea para aceptar la explotación como nuestro destino. Queremos un Primero de Mayo que rechace las fronteras y afirme el internacionalismo y la autodeterminación de los pueblos. Un Primero de Mayo que reconozca el colapso climático no como un accidente, sino como una consecuencia directa de una sociedad industrial, colonial y capitalista.

Anhelamos una vida de ocio y placer, una vida donde el tiempo libre no sea una migaja otorgada por el capital para alimentar el consumo, ni un descanso funcional que nos prepare para ser explotados nuevamente. Queremos tiempo propio, tiempo vivido, no controlado.

Queremos la abolición del trabajo asalariado y el fin de toda forma de dominación, porque mientras el trabajo rija la vida, no habrá libertad. Transformemos esta fecha en un espacio de agitación, solidaridad y organización popular. Ocupemos el espacio. Recuperemos nuestro tiempo.

Porque, como los "Mártires de Chicago", llevamos en nuestros corazones el anhelo de liberación social, ocuparemos las calles el 1 de mayo, a partir de las 3 p. m., en Largo de Camões. Este será un espacio de agitación, solidaridad y organización contra el Capital y el Estado, y por un 1 de mayo combativo y autónomo. La marcha culminará con una celebración en Largo do Intendente, un llamado al ocio y a la reapropiación del espacio público.

Hoy, como ayer, ¡no nos resignamos!

Manifiesto: https://tinyurl.com/1maio2026

https://colectivolibertarioevora.wordpress.com/2026/04/21/lisboa-manifesto-antiautoritario-para-um-1o-de-maio-de-luta-e-libertacao-2026/
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