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(ca) Italy, FDCA, Cantiere #42 - Ley de iniciativa popular o lucha de clases, esa es la cuestión - Cristiano Valente (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Tue, 14 Apr 2026 06:47:42 +0300


Una amplia lucha por aumentos salariales y una firme demanda de reducción de la jornada laboral es la única batalla necesaria y central que el movimiento obrero debe ganar para cambiar y revertir el equilibrio de poder entre la patronal, el gobierno y las masas trabajadoras. El mayor sindicato, la CGIL, sigue careciendo de una estrategia acorde con la lucha de clases en curso. Tras la huelga general contra el presupuesto del gobierno, convocada el 12 de diciembre, no se ha implementado ni definido ninguna otra iniciativa de protesta para continuar la batalla laboral y política. Las dificultades de participación y movilización, puestas de relieve en anteriores discusiones internas de la organización, y el ulterior desgarro del ya deshilachado tejido solidario del movimiento obrero por la equivocada decisión de no converger, tras la primera huelga general y unitaria del 3 de octubre, con la huelga convocada por los sindicatos de base el 28 de noviembre, igualmente y especularmente culpable de sectarismo y de escasa comprensión de las necesidades reales del momento, no fueron ni siquiera mínimamente tomados en consideración. El mismo debate necesario sobre la derrota de los referendos laborales de junio pasado y la derrota del contrato metalúrgico, en comparación con las propuestas unitarias, aunque realistas, del retroceso en los contratos de los trabajadores del sector público que no se han firmado, pero que precisamente por ello deberían requerir una estrategia política sindical prácticamente ausente para su reapertura y cuestionamiento, se redujo, en el debate de la Asamblea General de la CGIL de los días 26 y 27 de enero, a una discusión sobre los procedimientos organizativos internos, en particular para la distribución de los recursos financieros disponibles para las Cámaras de Trabajo y las diversas organizaciones sindicales, y se inició formalmente la campaña de recogida de firmas para la promulgación de una ley de iniciativa popular sobre salud.
Una vez más, el papel y la función de organización de resistencia del movimiento obrero y de todos los trabajadores, que debería ser la CGIL, se distorsionan para convertirlos en una función encubierta de los partidos de "amplia gama", o si se prefiere, del llamado centroizquierda, para una estrategia totalmente política e institucional orientada a las próximas elecciones. Esta lógica también incluye el compromiso asumido al unirse a los comités del "No" para el próximo referéndum constitucional confirmatorio de marzo sobre la separación de las carreras judiciales.
La sanidad pública se encuentra en un estado cada vez más precario, con su financiación reducida y prácticamente sustituida por innumerables acuerdos con proveedores privados, que en muchas zonas representan más del 50% de la prestación sanitaria. Estos mismos innumerables fondos complementarios para la sanidad, previstos en contratos sectoriales, representan una herramienta concreta y formidable para reducir aún más la prestación pública y una verdadera nueva "mutualización" del sistema sanitario.
Las condiciones laborales del personal sanitario, desde médicos hasta enfermeros, están desatendidas, desgarradas por una plétora de contratos diferentes y con precios reducidos entre los sectores público y privado, caracterizados por el uso generalizado y cada vez mayor de la subcontratación, las cooperativas simuladas y la precariedad laboral. La obstinada negativa del movimiento obrero a librar una batalla unida y generalizada por aumentos salariales reales, abogando por la recuperación de los mecanismos automáticos de ajuste salarial ante la inflación -anulando así el "Pacto por la Fábrica"-, una reducción real y significativa de la jornada laboral, así como la reducción de las formas atípicas y precarias de empleo, solo puede conducir a una continua erosión de la solidaridad entre los trabajadores y a una desafección por la participación y la lucha colectiva.
La paradoja de este desafortunado enfoque es que la propia abstención política, que para todos los progresistas, así como para la mayoría de los dirigentes sindicales, parece ser el mal mayor, no hará más que aumentar. La lógica y la capacidad analítica de esta clase política y sindical se oponen diametralmente a un análisis materialista correcto, aunque mínimo.
El mismo proyecto de ley de iniciativa popular sobre sanidad pública, si bien tiene algunos aspectos positivos (medidas para las personas mayores y vulnerables, apoyo a la crianza y la educación sexual, y protección de la salud mental), presenta deficiencias en algunos aspectos fundamentales. Este proyecto de ley, presentado como una ley marco, no aborda la eliminación, reducción o incluso la simple contención de la sanidad privada. Si bien los primeros artículos exigen una mayor financiación y el fortalecimiento del Servicio Nacional de Salud, la postura respecto a las visitas intramuros, es decir, las visitas pagadas y los convenios privados, no es clara. Estas son las herramientas con las que casi todas las regiones, de las que depende el sistema sanitario, buscan reducir las listas de espera y cubrir las necesidades sanitarias de la gran mayoría de los trabajadores.
Es evidente que el proyecto de ley se deriva de la falta de una reflexión seria por parte de los diversos sectores, incluida la CGIL en su conjunto, sobre el perjuicio que han tenido y están teniendo los fondos de sanidad privados y sobre todas las regulaciones, ahora muy desarrolladas en la negociación colectiva nacional y de segundo nivel, relativas a la denominada previsión contractual o de empresa. Estas son reintroducidas y refinanciadas vigorosamente por los mismos dirigentes sindicales con cada renovación de contrato, e incluso se incluyen en el sector público. Deberíamos empezar a considerar su reducción, considerando inicialmente la eliminación de las regulaciones preferenciales que excluyen estas porciones salariales de las cotizaciones y que permiten a los empleadores eximir de impuestos estas masas monetarias.
La supresión del texto propuesto en la propuesta inicial de dicho artículo (art. 11), que, aunque tímidamente, intentaba regular las formas de asistencia sanitaria complementaria, incluyendo las exenciones fiscales actualmente previstas y que, para salvaguardar el importe de las cotizaciones a la seguridad social, indicaba que las cotizaciones pagadas estaban sujetas a las cotizaciones previsionales abonadas por el empleador, demuestra la renuncia a cualquier medida, por difícil que fuera, para contrarrestar este importante aspecto.[1]Esto significaría afirmar explícitamente que la salud debe ser excluida de cualquier mecanismo lucrativo, reafirmando su naturaleza fundamental como derecho y no como mercancía. Superar el modelo de corporativización introducido en 1992, nunca corregido por los gobiernos posteriores, especialmente los de centroizquierda, y reforzado a finales de los años 90 por la entonces ministra de Salud, Rosy Bindi, quien confirmó y fortaleció la evolución corporativa y estableció, al estilo Pilates, fondos complementarios de salud para servicios que excedían los niveles de atención garantizados por el Servicio Nacional de Salud, prohibidos por la ley de 1978 que lo creó. La atención médica debe responder a las necesidades y no a mecanismos de lucro privado, al igual que no debe responder a planes privatizados.
En esencia, lo que se necesita no es tanto un nuevo proyecto de ley -dado el marco parlamentario general y dado que cada propuesta debe discutirse en comisiones parlamentarias antes de llegar al pleno, y que muchas de ellas se estancan durante el proceso legislativo y muy pocas son aprobadas definitivamente[2]-, sino una época de verdadero conflicto, empezando por los trabajadores de la salud, con unos objetivos precisos en los que converger todo el movimiento obrero en solidaridad con cada sector individual de la fuerza laboral. Así como las victorias parciales, si no se generalizan, están destinadas a la derrota o al repliegue corporativo, las derrotas de sectores individuales están destinadas a generalizarse si no se establece un movimiento de solidaridad y unidad. La única arma real que tenemos, como movimiento obrero, es nuestra unidad y el conflicto. Otros caminos conducen a otras orillas y no a la liberación del trabajo de la explotación capitalista.
Notas
El título es un homenaje a los primeros versos del famoso monólogo de Hamlet de William Shakespeare, que consiste en una reflexión existencial sobre la vida y la muerte, sobre sufrir la desgracia (ser) o rebelarse contra ella (no ser), sopesando el dilema de soportar el sufrimiento y suicidarse.
[1]Véase "The High Road to a Blind Vicolo?", "Lavoro e salute", año 42, n.º 1, enero de 2026 (https://www.lavoroesalute.org/images/pdf/2026gennaio/lavoroesaluten1gennaio2026.pdf).[2]Desde 1948 hasta la actualidad, de 329 proyectos de ley de iniciativa popular, solo 7 han sido aprobados definitivamente, algunos de los cuales contaron con el apoyo de los gobiernos regionales. Véase el destino del proyecto de ley de iniciativa popular "Carta de Derechos Laborales Universales", para un nuevo Estatuto de los Trabajadores, presentado por la CGIL en 2016 con más de 3 millones de firmas y, que sepamos, ni siquiera debatido en las comisiones parlamentarias pertinentes. Véase "Ley de Iniciativa Popular en la República Italiana", Wikipedia (https://it.wikipedia.org/wiki/Legge_di_iniziativa_popolare_nella_Repubblica_Italiana).

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