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(ca) Spaine, Regeneracion: La modernización de la derecha radical (Segunda parte) Una introducción a las expresiones más extremistas y violentas. Por liza (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Tue, 3 Mar 2026 07:55:33 +0200
[Este texto consta de dos partes, aquí puedes leer la primera]
Índice
1. La deriva tecnorreaccionaria
2. El laboratorio ucraniano
3. El aceleracionismo neonazi, la glorificación digital de la violencia
y los school shooters
3.1. School shooters y Terrorismo estocástico
3.2. Order of the Nine Angles, Satanismo y Misantropia
3.3. Extremismo Violento Nihilista (NVE)
3.3.1. RapeWaffen
3.3.2. The Com
3.3.3. 764
3.3.4. No Lives Matter (NLM)
3.3.5.Maniac Murder Cult
4. Active Clubs y la estética de la violencia
5. Cooperación Internacional
6. Estrategias de la nueva derecha radical
1. La deriva tecnorreaccionaria
En el siglo XXI, una parte de la derecha radical ha asumido el lenguaje
del futuro para justificar las jerarquías del pasado. En lugar de
uniformes y consignas nacionalistas, emplea términos como "eficiencia",
"innovación" o "libertad digital". Se trata de lo que llamo
"tecnorreacción", una mutación donde la ideología autoritaria se fusiona
con la fe en la tecnología y el capital de riesgo. En este modelo, la
desigualdad se presenta como consecuencia natural de la competencia, y
la dominación, como efecto colateral del progreso.
La idea de que la sociedad puede gobernarse como una máquina tiene su
origen en los años treinta. En plena Gran Depresión, un grupo de
ingenieros e intelectuales estadounidenses fundó el movimiento
Technocracy Inc., encabezado por Howard Scott. Su propuesta era
sustituir la política por la ciencia: eliminar el sistema de precios y
el dinero, medir la producción y el consumo en unidades de energía y
confiar el gobierno a expertos técnicos. Uno de los defensores más
conocidos de este movimiento fue Joshua N. Haldeman, el abuelo materno
de Elon Musk.
Technocracy Inc. consideraba que tanto el capitalismo como el socialismo
eran sistemas obsoletos, basados en el intercambio monetario y no en la
eficiencia física. Proponían una "economía energética" administrada por
ingenieros, donde la planificación no sería ideológica sino técnica. El
ser humano debía ser tratado como parte de un sistema termodinámico: un
consumidor de energía dentro de una red de procesos controlados.
Admiraban la organización industrial de la URSS, pero rechazaban su
política y su ideología. No querían abolir la propiedad privada ni
instaurar un poder obrero, sino reemplazar ambos por un orden
administrado por tecnócratas. En la práctica, su proyecto coincidía con
el impulso de la planificación estatal soviética y con el fordismo
norteamericano: dos expresiones distintas del mismo sueño moderno de
control racional. Querían una sociedad pretendidamente apolítica, pero
profundamente autoritaria. Prometía eliminar los conflictos sociales
reemplazándolos por cálculos y algoritmos. Lo que negaba no era solo la
lucha de clases, sino la política misma. Aunque el movimiento decayó
después de la Segunda Guerra Mundial, su legado persistió en la cultura
norteamericana: la idea de que los problemas humanos pueden resolverse
mediante ingeniería y administración.
En la década de 2010, el programador Curtis Yarvin desarrolló Urbit, un
proyecto de red informática concebido como un "nuevo internet" privado y
descentralizado. Cada usuario controla su propio servidor personal, pero
dentro de una arquitectura jerárquica: los nodos se clasifican según
niveles de propiedad, los dominios se heredan o se compran, y los
derechos de uso se organizan como un feudo digital. En el documental El
fin de Internet, se explicita y alerta sobre esta estructura como un
modelo neofeudal: una red cerrada donde la soberanía digital se
distribuye de forma desigual y donde la descentralización no implica
igualdad, sino propiedad.
Además, Yarvin alias "Mencius Moldbug", en su blog Unqualified
Reservations formuló lo que más tarde se conocería como el Dark
Enlightenment, una corriente intelectual que combina tecnocracia,
elitismo y rechazo a la democracia liberal. En sus artículos, considera
que la democracia es un sistema corrupto e ineficiente, dominado por lo
que llama "La Catedral" -la alianza entre medios, universidades y
burocracias que impide la verdadera meritocracia-. Su alternativa es un
modelo de neomonarquía corporativa: sociedades gestionadas como
empresas, con un CEO soberano en lugar de parlamentos o partidos.
Las ideas de Yarvin encontraron eco en los círculos del capitalismo
tecnológico, especialmente en Peter Thiel, cofundador de PayPal y uno de
los primeros inversores de Facebook. Thiel ha declarado que "la libertad
y la democracia son incompatibles", y ha financiado empresas y
fundaciones que promueven la concentración del poder bajo el argumento
de la eficiencia.
Entre sus inversiones se destaca Palantir Technologies, empresa
especializada en análisis masivo de datos para agencias gubernamentales
y militares. En otras palabras, es una tecnología militar que usa una
combinación de IAs punteras, para operaciones en tiempo real.
Su entorno, conocido como la Thiel Network, conecta capital de riesgo,
think tanks liberales y proyectos tecnológicos ligados a la vigilancia y
la defensa. La Thiel Network funciona como un laboratorio ideológico
donde convergen la tecnocracia clásica, el liberalismo económico y la
estética autoritaria del Silicon Valley contemporáneo. La innovación se
presenta como justificación moral para la desigualdad, y la eficiencia
como sustituto del consenso.
La tecnorreacción actual combina estos elementos dispersos: el
racionalismo de Technocracy Inc., el elitismo digital de Yarvin y el
poder financiero de la red de Thiel. En conjunto, forman una corriente
que reemplaza la vieja retórica del orden por el lenguaje de los datos.
Ya no se trata de conquistar el Estado, sino de controlar la
infraestructura. El poder se ejerce a través del código, de la propiedad
de los servidores, de la arquitectura invisible de la red.
Thiel Network - La red de influencia de Peter Thiel (cofundador de
PayPal y Palantir).
2. El laboratorio ucraniano
La guerra entre Rusia y Ucrania se ha convertido en el mayor punto de
inflexión para la extrema derecha europea desde el colapso del bloque
soviético. El conflicto reordenó alianzas, fracturó viejas lealtades y
ofreció un nuevo horizonte de acción a las redes nacionalistas,
identitarias y aceleracionistas. Lo que comenzó como una guerra
territorial se transformó en un campo de experimentación y propaganda
ideológica, militar y tecnológica donde convergen múltiples familias del
fascismo contemporáneo. La invasión rusa de 2022 dividió a los
movimientos de extrema derecha en toda Europa. Parte de ellos apoyó a
Ucrania, interpretando la resistencia como una defensa de la nación
europea frente al imperialismo ruso. Otros se alinearon con Moscú,
seducidos por la retórica de Vladimir Putin sobre los "valores
tradicionales", el combate al liberalismo occidental y la promoción del
neoeurasianismo.
Desde 2014, Ucrania se convirtió en un campo de entrenamiento y de
legitimación para militantes de ultraderecha. El Batallón Azov fue el
punto de partida, seguido por formaciones como Carpathian Sich,
Freikorps, Freedom of Russia Legion, el Russian Volunteer Corps (RDK) y
el German Volunteer Corps, entre otros. En el lado ruso, milicias como
Rusich, la Brigada "La Española", Interbrigades, Russian Imperial
Movement o E.N.O.T. Corp proyectaron una imagen espejo: combatientes
neofascistas, ultranacionalistas o místicos neopaganos u ortodoxos,
unidos por una narrativa de guerra civilizatoria. Algunos de sus
miembros han participado en operaciones de limpieza étnica, tortura y
crímenes de guerra.
Según el informe Russia and the Far Right: Insights from Ten European
Countries del International Center for Counter-Terrorism, esta fractura
ideológica reveló dos polos dentro del mismo espacio reaccionario: un
bloque occidentalista identitario y un bloque continentalista
autoritario. Mientras los primeros glorifican la lucha ucraniana como
una "cruzada europea" contra el totalitarismo oriental, los segundos ven
en Rusia un bastión contra el globalismo liberal, el feminismo y la
modernidad secular. También informa que el conflicto generó un flujo
constante de voluntarios y mercenarios de extrema derecha provenientes
de Alemania, Polonia, Francia, España, Escandinavia, Italia, Serbia o
los países bálticos. Muchos de ellos llegaron a Ucrania a través de
canales informales de reclutamiento en Telegram, Discord y foros
cerrados. Allí circulan manuales de guerra, tutoriales sobre armas,
rutas fronterizas y contactos locales. El reclutamiento digital combina
propaganda bélica, épica nacionalista y un sentimiento de pertenencia
que ofrece lo que la vida civil no: sentido y jerarquía.
Para Alexander Reid Ross en su libro Against the Fascist Creep, la
extrema derecha utiliza los conflictos como "incubadoras ideológicas y
tecnológicas": laboratorios donde la violencia se convierte en
experiencia formativa y la guerra en producto cultural. Ucrania es eso
-un laboratorio abierto donde milicianos, hooligans y simpatizantes
extremistas prueban nuevas formas de organización, comunicación, combate
y propaganda-. Cada combate filmado, cada insignia en el uniforme, cada
símbolo en una bandera se transforma en contenido viral.
Pero el verdadero riesgo no está solo en el frente. El retorno de
combatientes radicalizados representa una amenaza directa para la
seguridad europea. Muchos regresan con entrenamiento militar, contactos
internacionales y una narrativa heroica o referencial que les ensalza
dentro de las redes de ultraderecha.
En los márgenes del frente, la ultraderecha global encontró algo más que
una causa: un espacio donde sus fantasías se materializan y se exportan.
En ese sentido, Ucrania es un laboratorio donde el fascismo
contemporáneo se observa, se entrena y se prepara para su siguiente
mutación.
3. El aceleracionismo neonazi, la glorificación digital de la violencia
y los school shooters
*Aviso de contenido: esta sección contiene menciones de violencia
sexual, tortura, explotación de menores y asesinatos con motivaciones
ideológicas o rituales. Son hechos reales y documentados. Su lectura
puede resultar impactante, pero es imprescindible para entender la
deriva misantrópica y deshumanizadora que adopta el extremismo
contemporáneo.
El aceleracionismo neonazi es la forma más violenta y nihilista del
fascismo contemporáneo. Parte de una idea sencilla y devastadora: el
sistema liberal no debe ser reformado ni combatido políticamente, sino
destruido por completo mediante el caos. Para sus seguidores, cada
atentado, cada tiroteo y cada crisis son pasos necesarios hacia el
colapso civilizatorio que permitirá levantar una nueva sociedad
racialmente pura. Su lema es claro: "empujar al mundo hacia el abismo
para reconstruirlo desde las ruinas".
La idea del aceleracionismo nació en ámbitos teóricos antes de
militarizarse. Surgido en los años noventa en torno a Nick Land y el
colectivo CCRU de Warwick, sostenía que las fuerzas del capitalismo y la
tecnología debían ser llevadas hasta sus últimas consecuencias para
provocar una mutación del sistema. La idea de que el colapso es
inevitable y deseable, se convirtió en consigna entre los círculos
neonazis digitales: no se trata de conquistar el poder, sino de destruir
el mundo actual para que de sus ruinas surja una civilización blanca
purificada. El terrorismo se justifica como gesto iniciático, como acto
simbólico que "acelera" la caída del sistema. En ese sentido, el libro
SIEGE de James Mason se convirtió en uno de los textos fundacionales del
aceleracionismo neofascista: la estrategia es que la lucha individual y
la acción autónoma provoquen el colapso social que permitirá el "nuevo
orden".
Las dos organizaciones que dieron fama al aceleracionismo neonazi
moderno fueron Atomwaffen Division (AWD) y The Base. Ambas surgieron en
Estados Unidos a mediados de la década de 2010 pero rápidamente se
extendieron a otras partes del mundo, fusionando ideología neonazi con
culto a la violencia apocalíptica. Sus miembros no buscan conquistar el
poder ni crear partidos, sino provocar el colapso social mediante
atentados, sabotajes y asesinatos. A su alrededor se articuló un
ecosistema digital de canales en Telegram, foros y servidores privados
donde circulan manuales de fabricación de explosivos, propaganda racista
y manifiestos de asesinos en masa. Una de esas comunidades es la red
"Terrorgram Collective", que funciona como un metaverso de odio: una
constelación de canales, grupos y bots que glorifican los ataques
terroristas, difunden manifiestos, manuales, propaganda y glorifican a
asesinos, clasificándolos como mártires. En estos espacios, la violencia
se estetiza y se viraliza. Los manifiestos dejados por Anders Breivik:
2083 - A European Declaration of Independence y Brenton Tarrant: The
Great Replacement funcionan como evangelios modernos: el primero inspiró
al segundo, y Tarrant, a su vez, se convirtió en modelo para una cadena
de asesinos posteriores. Sus manifiestos y acciones contienen una
narrativa visual y simbólica que luego fue reinterpretada en los
espacios digitales y en otras acciones: fragmentos, frases, logotipos,
armas decoradas con fechas o nombres de antiguos asesinos, frases trolls
y justificaciones que otros podían adaptar a su contexto, todo ello
convertido en material propagandístico.
El proceso de radicalización empieza en foros anónimos, comunidades de
gaming y canales de humor negro donde la rabia se convierte en
identidad. Espacios como 4chan, Geb, Skibidi Farm y otros foros efímeros
funcionan como puntos de encuentro donde el odio se disfraza de
entretenimiento. Allí, los chistes racistas o las bromas sobre tiroteos
no se censuran: compiten entre sí y se celebran. La ironía es la
coartada perfecta. En estos entornos, la frontera entre ficción y acción
se desdibuja. Los reclutadores no llegan con discursos doctrinarios,
sino con códigos compartidos. Poco a poco, la víctima de este señuelo se
acostumbra al lenguaje deshumanizador. Empieza riéndose de un genocidio
imaginario y termina creyendo que la violencia es necesaria. Es una
pedagogía del desprecio, donde cada mensaje refuerza la sensación de que
el mundo está corrompido y de que solo los "fuertes", hombres blancos,
viriles y desencantados, pueden restaurar el orden.
Los moderadores y veteranos de estos foros identifican a los más
receptivos, vulnerables y sin expectativas y les invitan a chatrooms más
cerrados. En esos espacios se comparte desde propaganda, a manuales de
fabricación de armas, entrenamiento militar, pornografía violenta y
guías de supervivencia. El anonimato facilita el adoctrinamiento porque
la radicalización no requiere contacto físico, solo conexión constante.
De este entorno en los margines de Internet, surge un concepto que
ignora cualquer marco ideológico establecido. "The Soup" (La Sopa) es el
nombre que se da cuando una ideología funciona como una mezcla
incoherente de referencias contradictorias como "anarco-monarquismo",
"bio-leninismo" o "ultracentrismo", unidas solo por el radicalismo
irónico. No es una cuestión de coherencia ideológica sino de afinidad
emocional.
En paralelo a este frente más violento surgió un ecosistema juvenil que
ha sido clave para la normalización del discurso extremista: los
groypers. Encabezados por Nick Fuentes en Estados Unidos, los groypers
son herederos directos del alt-right, pero con una estrategia más
flexible. No buscan el enfrentamiento abierto, sino la infiltración
cultural. Se presentan como "conservadores auténticos", defienden
valores cristianos y nacionalistas, pero introducen en su retórica el
racismo, el antisemitismo y la homofobia revestidos de ironía. En foros,
universidades y redes sociales, los groypers han logrado articular un
puente entre la derecha tradicional y el universo aceleracionista: son
la cara amable de una misma cosmovisión. Muchos de los marcos simbólicos
que hoy circulan en Telegram o en los canales de propaganda violenta se
difunden primero en estos espacios metapolíticos antes de ser
radicalizados por grupos terroristas.
3.1. School shooters y Terrorismo estocástico
De ese proceso emergen los llamados lobos solitarios, aunque el término
es engañoso. No son casos aislados ni apenas simples desequilibrios
mentales, sino productos de un entorno vil y manipulador. Actúan
individualmente, pero dentro de un mismo guion digital. No responden a
órdenes, sino a ejemplos. Anders Breivik inspiró a Brenton Tarrant, y
Tarrant, a su vez, marcó la estética y el guion de toda una generación
de atacantes que transmiten en vivo sus crímenes o dejan manifiestos
digitales. Entre ellos se cuentan Dylann Roof, Philip Manshaus, Stephan
Balliet, Anton Lundin Pettersson, Juraj Krajcík, Guillerme Tauci
Monteiro, Robin Westman, Arda Kuçukyetim, Henderson Solomon, entre
otros. Diferentes países, edades y contextos, pero un mismo patrón:
manifiesto, transmisión en directo, memes, símbolos, culto a los
mártires y búsqueda de notoriedad. Cada uno adapta la narrativa a su
realidad, pero el guion se repite.
Estos atacantes, catalogados por los servicios de inteligencia como
White Racially Motivated Extremists (WMRE), no buscan tomar el poder,
sino comunicar un mensaje de odio absoluto. Son productos del terrorismo
estocástico. No todos son nazis declarados, pero comparten la obsesión
por restaurar una jerarquía racial y castigar la diversidad. Desde 2018,
este tipo de extremismo se ha convertido en la principal amenaza
terrorista interna en buena parte de Europa y América del Norte.
El concepto del terrorismo estocástico es el método que mejor explica
este fenómeno. La difusión constante de discursos de odio que, sin
llamar directamente a la acción, multiplican la probabilidad de que
alguien actúe. Es un terrorismo de probabilidad. "Estocástico"
significa probabilístico: no se puede predecir quién atacará ni cuándo,
pero se sabe que alguien lo hará. La radicalización no opera como cadena
de mando, sino como contagio cultural. Cuanto más se normaliza el odio,
mayor es la probabilidad de que se convierta en acción.
Esa probabilidad se alimenta de la hegemonía del discurso extremista.
Conceptos como "el gran reemplazo" o "la degeneración de Occidente" ya
no son marginales: se repiten en programas de televisión, campañas
políticas y redes sociales. Lo que antes era conspiración, hoy es
conversación pública. Se difunde y legitima la violencia, porque cuando
el lenguaje del odio se convierte en lenguaje de masas, la agresión deja
de parecer excepcional y empieza a parecer lógica. La radicalización se
convierte en proceso colectivo, aunque sus expresiones sean
individuales. Las redes extremistas no necesitan reclutar soldados, solo
sembrar el resentimiento. La violencia se democratiza y descentraliza;
cualquiera puede ejecutarla.
Es en este terreno de discursos y símbolos de odio compartidos que se
alimenta la cultura del aceleracionismo. Y es precisamente aquí donde
emerge Order of Nine Angles, un grupo muy relevante para entender la
lógica de la nueva generación de aceleracionistas, que dio al
aceleracionismo su dimensión metafísica y misantrópica.
3.2. Order of the Nine Angles, Satanismo y Misantropia
Dentro de este universo, el Order of Nine Angles (Orden de los Nueve
Ángulos - O9A/ONA) ocupa un lugar singular. Nacido en el Reino Unido a
finales de los años sesenta, en torno a círculos ocultistas disidentes
del satanismo de Anton LaVey, se autoproclama una sociedad secreta que
fusiona satanismo, misticismo y culto a la violencia. Su ideología
combina el elitismo espiritual con el exterminio físico del "débil".
Predican que la violencia, no son actos criminales, sino pruebas de
voluntad espiritual; ejercicios para trascender la moral humana.
A diferencia del satanismo "ateo" de LaVey, el ONA concibe el mal como
una fuerza cósmica real. No lo entiende como oposición a Dios, sino como
una energía primordial que impulsa la evolución humana a través del
conflicto y la destrucción. Su doctrina se estructura en torno a la idea
de los "Aeones", eras espirituales que marcan el desarrollo de la
humanidad. Cada Aeon es una civilización; cuando su energía se agota,
debe ser destruido para que otro surja. El objetivo del iniciado (nuevo
miembro) es acelerar esa transición, empujando el mundo hacia el caos
que permita el nacimiento del nuevo Aeon, el de una humanidad superior,
más allá de la moral y de la empatía. Los valores judeocristianos como
la compasión, igualdad o humildad, son enfermedades del espíritu. Creen
que solo quienes superan esas "debilidades" mediante actos de violencia,
manipulación, violación y asesinato merecen liderar la nueva era. Por
eso, los "roles de comprensión" son parte esencial de su práctica: el
iniciado debe infiltrarse en entornos hostiles (organizaciones
religiosas, fuerzas armadas, grupos políticos, incluso movimientos
rivales) para aprender a dominar, engañar y destruir desde dentro.
En la estructura simbólica del ONA, los 9 Ángulos representan los
portales entre dimensiones cósmicas: fuerzas arquetípicas que el
iniciado invoca a través de rituales, música disonante, geometría y
sacrificio. No buscan la adoración de una deidad, sino el contacto
directo con la energía del Caos, entendida como poder creador y destructor.
Esa teología del caos se traduce en una ética de acción. Enseña que
matar deliberadamente, manipular o "cazar" a seres humanos fortalece el
espíritu y destruye los límites impuestos por la moral moderna. De ahí
su frase recurrente: "Los fuertes actúan, los débiles sufren". La
crueldad, para ellos, es una forma de evolución personal.
grupo carece de jerarquía formal y opera a través de pequeñas células
llamadas nexiones, que funcionan de manera autónoma. Esto ha permitido
su expansión global sin estructura visible: de Inglaterra pasó a Estados
Unidos, Europa del Este y Rusia, donde sus ideas se mezclaron con
movimientos neonazis, paramilitares y aceleracionistas. Aunque el ONA no
se autodefine como organización terrorista, numerosos miembros y
simpatizantes han sido arrestados o condenados por asesinatos, abusos
sexuales y conspiraciones violentas.
La influencia del ONA radica en su cosmovisión, no en su tamaño. Su
mensaje de que el mal, la destrucción y el sacrificio son necesarios
para la evolución de la especie, ha servido de matriz simbólica para los
grupos que hablaremos enseguida.
3.3. Extremismo Violento Nihilista (NVE)
Aviso de contenido: esta sección contiene descripciones de violencia
sexual, tortura, explotación de menores y asesinatos con motivaciones
ideológicas o rituales. Son hechos reales y documentados. Su lectura
puede resultar impactante, pero es imprescindible para entender la
deriva misantrópica y deshumanizadora que adopta el extremismo
contemporáneo.
En diciembre de 2025, Canadá designó a 764 y a Maniac Murder Cult como
entidades terroristas, en medio de una creciente preocupación
internacional por lo que el FBI y el Departamento de Justicia de Estados
Unidos han denominado Extremismo Violento Nihilista (Nihilistic Violent
Extremism, NVE por sus siglas en inglés). También en diciembre de 2025,
Nueva Zelanda adoptó medidas similares a las de Canadá contra la Order
of Nine Angles y Terrorgram, dos redes asociadas al aceleracionismo de
extrema derecha y citadas con frecuencia como influyentes dentro de los
ecosistemas del NVE. Estas designaciones reflejan una inquietud
gubernamental en aumento ante el auge de las "comunidades online
centradas en la violencia", en particular las vinculadas a The Com y a
sus grupos afines. Desde finales de la década de 2010, estas comunidades
se han multiplicado en internet y se han expandido globalmente, con
detenciones registradas en al menos 29 países hasta septiembre de 2025,
según Marc-André Argentino.
3.3.1. RapeWaffen
En el último tramo de la década de 2010 y durante la de 2020, una
constelación de redes digitales transformó la misantropía en sistema.
Heredando la idea del ONA de que el mal puede ser vía de poder, el caso
más antiguo documentado es RapeWaffen, una facción vinculada a AWD y a
ONA. Su característica principal fue la promoción de la violación como
táctica programática: una sexualización deliberada de la violencia
entendida como herramienta ideológica y espiritual. Su existencia saltó
a la luz tras la detención de un ex-marine estadounidense que planeaba
violaciones y un ataque a una sinagoga. RW concebía la violación tanto
como un castigo para las mujeres blancas por tener relaciones fuera de
su raza o por apoyar causas feministas. Lo utilizaba como medio para la
concepción de más bebés blancos.
3.3.2. The Com
En los últimos años ha emergido The Com Network, también conocida como
The Com o The Community. Es una red internacional y descentralizada de
individualidades y grupos envueltos en un largo espectro de actividades
ilícitas, tanto online como offline, incluyendo hacking, ransomware,
cyberstalking, swatting, SIM swapping, bricking, extorsión sexual,
distribución de Contenido de Abuso Sexual Infantil (CSAM), fraude,
radicalización juvenil, violencia extrema, tráfico de drogas y actos de
terrorismo. Descrita por el FBI como una "red social cibercriminal
distribuida", opera en plataformas como Discord y Telegram, donde
individuos y grupos, muchos de ellos menores, compiten por clout, es
decir, estatus dentro de la comunidad, a través de actos ilícitos y
violentos.
The Com es un ecosistema fluido que mezcla subculturas digitales y del
gaming con dinámicas de prestigio basadas en la exhibición pública del
crimen. Su estructura se articula en tres pilares: Cyber Com
(ciberdelitos como ransomware o swatting), Sextortion Com (extorsión
sexual y difusión de CSAM) y Offline Com (violencia y terrorismo de
inspiración aceleracionista, ocultista y nacionalsocialista). Esta
comunidad muchas veces se mezcla con la True Crime Community
(obsesionada con school shooters).
El FBI advirtió en 2025 sobre su rápida expansión global y la
manipulación de menores mediante coacción sexual. The Com Network
representa una nueva forma de amenaza híbrida, donde lo digital y lo
físico se entrelazan en un ciclo de notoriedad, violencia y deshumanización.
3.3.3. 764
Uno de los grupos más conocidos de The Com es 764. Nacida en espacios de
extorsión sexual y contenido gore, evolucionó hacia una cultura de
agresión filmada. Sus miembros, en su mayoría jóvenes, comparten vídeos
de ataques, amenazas o autolesiones, acompañados de iconografía
nihilista. La organización combina el lenguaje de los videojuegos con la
lógica del prestigio criminal: cada acto de violencia grabada aumenta el
estatus del autor. En enero de 2025, ABC News confirmó que el FBI
mantenía más de 250 investigaciones abiertas relacionadas con 764 y sus
redes asociadas, describiéndola como una de las principales amenazas
emergentes en materia de violencia juvenil organizada.
3.3.4. No Lives Matter (NLM)
De 764 emergió No Lives Matter (NLM), una organización misantrópica
neonazi y aceleracionista. Se dedica a difundir guías de violencia como
NLM x 764 Classified, que combina elementos de propaganda yihadista con
técnicas de guerrilla urbana. Estos textos instruyen sobre cómo atacar,
grabar y difundir asesinatos, presentando la violencia como prueba de
autenticidad.
3.3.5.Maniac Murder Cult
El Maniac Murder Cult, "Culto del asesino maníaco" (???????: ?????
???????? - M.K.Y.), comparte el mismo molde. Surgido en Dnipro, Ucrania,
bajo el liderazgo de Yegor Krasnov y luego de Mikhail Chkhikvishvili
("Commander Butcher"), desarrolló una serie de manuales que convierten
la crueldad en método de iniciación. En enero de 2023, el Tribunal
Supremo ruso declaró a M.K.Y. organización terrorista, y entre 2024 y
2025 las investigaciones internacionales relacionaron a Chkhikvishvili
con planes de atentados y envenenamientos masivos en Estados Unidos.
Estos grupos no reclutan por ideología, sino por vulnerabilidad.
Utilizan foros anónimos y comunidades de videojuegos para detectar a
jóvenes solitarios que buscan pertenencia. El proceso suele incluir
"pruebas" de autolesión, agresión o participación en chantajes. La
humillación se vuelve método de control. El FBI y organismos europeos de
ciberseguridad han documentado cómo la coacción y el chantaje sexual
convierten a las víctimas en agresores.
El Institute for Strategic Dialogue (ISD) denomina a este fenómeno
terror sin ideología: violencia replicada por imitación y viralidad. Los
manuales de NLM y MKY cumplen hoy el papel de los viejos manifiestos
terroristas, son guías técnicas para matar. Ahora la radicalización no
requiere creencia. Basta con conexión y eso es preocupante. Esto abre
una nueva frontera en el extremismo neonazi donde el acto violento pasa
a ser la ideología.
4. Active Clubs y la estética de la violencia
El culto al cuerpo ocupa un lugar central en la estética y la política
de las nuevas extremas derechas. Desde los años treinta, el ideal
fascista asoció pureza racial con fuerza física y belleza corporal. El
cuerpo era la expresión visible de una comunidad disciplinada, viril y
homogénea. En el siglo XXI, ese imaginario resurge en una versión
adaptada a la cultura digital y al deporte de combate. Este fascismo
fitness convierte la musculatura en ideología y la disciplina física en
moral política. Gimnasios, clubes de artes marciales y entrenamientos al
aire libre se transforman en espacios de socialización, pertenencia y
reclutamiento.
El modelo contemporáneo de esta corriente tiene su origen en el Rise
Above Movement (R.A.M.), fundado en el sur de California por Robert
Rundo y un grupo de militantes procedentes de los círculos de skinheads
racistas y la alt-right. R.A.M. se autodefinía como el "club de MMA de
la alt-right" y construyó su identidad a partir del combate físico, la
fraternidad masculina y la exaltación del "guerrero blanco". Entre 2017
y 2018, sus miembros participaron en enfrentamientos violentos durante
mítines en Berkeley, San Bernardino y Charlottesville, donde
documentaron y difundieron sus agresiones como material de propaganda.
Tras una serie de arrestos, varios miembros fueron condenados y Rundo
fue extraditado de Rumanía a Estados Unidos en 2023. Un año después se
declaró culpable de conspiración para incitar disturbios y fue liberado
en diciembre de 2024. Aunque R.A.M. quedó desarticulado en su país, su
legado persistió en un formato más flexible, discreto y descentralizado.
A comienzos de 2021, Rundo lanzó la Active Club Network, un proyecto
concebido como la "tercera generación del nacionalismo blanco". A
diferencia de los grupos explícitamente neonazis de los años noventa,
los Active Clubs adoptan una fachada de asociación deportiva o cultural.
Su estructura se basa en pequeñas células locales, difícilmente
rastreables, que combinan entrenamiento físico, propaganda estética y
camaradería ideológica. En colaboración con el neonazi ruso Denis
Nikitin (White Rex), Rundo difundió el modelo a través de un podcast y
de su productora Media2Rise, que presenta a los clubes como alternativas
al "decadente estilo de vida moderno". La red se expandió rápidamente:
en 2025, informes abiertos identifican presencia en al menos veinticinco
estados de EE. UU. y ramificaciones en Europa, Oceanía y América Latina.
Los Active Clubs funcionan como espacios de entrenamiento y
reclutamiento. Las sesiones de entrenamiento, senderismo o acampadas en
la naturaleza cumplen funciones rituales y operativas: fortalecen la
cohesión del grupo, crean sentido de misión y refuerzan la narrativa del
renacimiento racial. Su estrategia de comunicación pasa por una estética
visual muy cuidada donde rediseñan símbolos neonazis con estilos
atléticos y minimalistas, circulando sin despertar alarma. Se difunde
una ética del cuerpo fuerte, la fraternidad blanca y la autosuperación
guerrera. Esta imagen es amplificada por vídeos, música y merchandising
a través de camisetas, parches y pegatinas que monetizan la ideología y
la extienden entre jóvenes reclutas.
El modelo de los Active Clubs ha tenido especial éxito en Europa y
Estados Unidos, donde se conecta con tradiciones de hooliganismo,
ultranacionalismo y milicias callejeras. En Alemania se han identificado
al menos una docena de grupos activos, vinculados a gimnasios y torneos
de artes marciales. En Suecia, un juicio por delitos de odio en 2025
reveló cómo clubes de fitness de extrema derecha servían como tapadera
para reclutar y entrenar militantes. En España también emergen
iniciativas afines como Comunidad Identitas, Facta o Viri Montis, que
combinan entrenamientos, excursiones y propaganda identitaria bajo un
discurso de espiritualidad, patriotismo y vida sana.
Detrás del lenguaje del bienestar y la autodisciplina se esconde una
lógica de preparación para el conflicto. En sus manuales y
conversaciones, los miembros de estos grupos hablan de una "guerra
racial inevitable" o la "defensa de la civilización europea", para la
cual el entrenamiento físico sería el primer paso de una futura
movilización. Aprenden técnicas básicas de supervivencia, comunicación
encriptada y primeros auxilios, y ensayan una cultura de milicia civil
bajo la apariencia de actividades deportivas. Lo que presentan como
"autodefensa" es en realidad la construcción de una comunidad de combate
ideológico, que considera al adversario político, al inmigrante o al
disidente como enemigo interno.
Los análisis recientes de diversos observatorios internacionales de
contraterrorismo, coinciden en que la red de Active Clubs representa una
nueva fase del extremismo contemporáneo que fusiona la cultura del
gimnasio, propaganda digital y militancia política y racialista. Su
fuerza está en su capacidad para adaptarse. No predica, entrena. No
debate, actúa. No ofrece un programa político, sino una identidad física
inmediata. En ese universo, el cuerpo se vuelve frontera, el
entrenamiento se transforma en rito y la violencia funciona como un
lenguaje compartido. El fascismo fitness representa una forma de
política que ya no intenta convencer, sino imponerse, una política que
se inscribe en la carne y se transmite a través del golpe y la disciplina.
5. Cooperación Internacional
La extrema derecha contemporánea ha alcanzado un grado de articulación
transnacional sin precedentes desde el período de entreguerras.
Actualmente funciona como una red de afinidades que opera
simultáneamente en las calles, en los gimnasios, en internet y en los
circuitos intelectuales. Su poder reside en esa flexibilidad. Puede
aparecer como un grupo de combate, un medio de comunicación o una
fundación cultural pero detrás de cada forma late una misma aspiración:
la preservación de una identidad blanca europea, la exaltación del
militarismo y la negación del pluralismo democrático y del orden neoliberal.
El caso ucraniano simboliza el punto de convergencia de esas dinámicas.
Desde 2014, el entorno del Batallón Azov se convirtió en un nodo
internacional de atracción para militantes nacionalistas de diversos
países. A través de su brazo político y de sus campamentos de
entrenamiento, el movimiento ofreció un marco de cooperación práctica
entre grupos como el Nordic Resistance Movement, el Der Dritte Weg
alemán y sectores ultras de Europa del Este. En el bando contrario, el
Russian Imperial Movement, organización designada como terrorista por
Estados Unidos, junto con otras organizaciones, ofreció instrucción
militar a extremistas europeos y norteamericanos en San Petersburgo,
consolidando un espacio de socialización violenta donde el combate se
convierte en experiencia fundacional. La guerra, en este sentido, ha
funcionado como un laboratorio ideológico: ha permitido a la
ultraderecha redefinir su discurso en términos de cruzada civilizatoria
y entrenar cuadros para futuros conflictos.
Europa es el escenario donde esta red se manifiesta con mayor
intensidad. Las grandes marchas nacionalistas, como la Marcha Lukov en
Sofía, el Día de la Independencia en Varsovia o el homenaje anual a Acca
Larentia en Roma, son rituales de cohesión. En ellas se encuentran
representantes de CasaPound Italia, Groupe Union Défense y Lyon
Populaire en Francia, Der Dritte Weg en Alemania, Légió Hungária en
Hungría y el Obóz Narodowo-Radykalny de Polonia. Estos encuentros, más
que conmemoraciones, funcionan como asambleas informales donde se
comparten estrategias, se fortalecen alianzas y se tejen redes de apoyo
logístico y mediático.
A esta dimensión callejera se suma una esfera de cooperación intelectual
y propagandística. Foros, congresos y conferencias reúnen a delegaciones
de distintas organizaciones bajo la idea de una Europa blanca y
espiritual. Espacios como el Remigration Summit en Milán, los encuentros
del Institut Iliade en París, el Instituto Carlos V o las conferencias
de la Alliance for Peace and Freedom en varios países han permitido
articular discursos comunes entre identitarios franceses, neofascistas
italianos, nacionalistas del Este europeo y supremacistas
norteamericanos. De esos espacios surgen contactos que luego se traducen
en campañas conjuntas, intercambios editoriales y proyectos
audiovisuales compartidos.
El ecosistema cultural que sostiene esta red es tan importante como su
estructura militante. Editoriales como Arktos Media, Passaggio al Bosco
o Ediciones Fides, junto con revistas y medios alternativos como
Éléments o Europa Popolare, difunden un mismo relato: el de la
decadencia de Occidente y la necesidad de una restauración
civilizatoria. Fundaciones como Europa Terra Nostra funcionan como
centros de coordinación ideológica y financiera. El pensamiento de Alain
de Benoist, Aleksandr Dugin o Julius Evola circula entre estas
plataformas como una gramática común que legitima su proyecto metapolítico.
En España este proceso ha adquirido formas propias pero conectadas con
el resto de Europa. Grupos como Democracia Nacional, Hacer Nación, Facta
o Núcleo Nacional replican los códigos estéticos y organizativos de
CasaPound o de Der Dritte Weg y participan en las mismas redes
internacionales. Militantes españoles asisten regularmente a marchas en
Italia, Polonia o Hungría y reciben a representantes de organizaciones
extranjeras en actos locales. Las colaboraciones con colectivos
internacionales son constantes y visibles tanto en la estética como en
la propaganda.
El proyecto que emerge de esta red no es únicamente político sino
civilizatorio. Su estrategia se inspira en una lectura invertida de
Gramsci. Antes que tomar el poder, buscan moldear la cultura, colonizar
el lenguaje y disputar el sentido común. En sus discursos, el campo de
batalla ya no es el parlamento sino la imaginación colectiva. La idea de
Europa se transforma en mito racial y espiritual, y su defensa se
concibe como una guerra prolongada contra el cosmopolitismo, la
inmigración y la diversidad.
Lo que hoy existe es una internacional reaccionaria que combina
estética, disciplina y discurso. A través de esa red, diversos grupos de
todo el mundo se perciben como partes de una misma lucha. Su objetivo no
es reformar la política, sino refundar la civilización bajo un nuevo
orden moral y étnico.
6. Estrategias de la nueva derecha radical
La nueva derecha radical ya no marcha con uniformes ni busca dictaduras
clásicas. Se disfraza de comunidad, de gimnasio, de podcast, de meme. Su
guerra no se libra en los parlamentos, sino en las pantallas y en los
cuerpos. No quiere tomar el poder: quiere moldear la cultura, los
sentimientos y el lenguaje.
Metapolítica cultural - Primero la cultura, después el poder. Sus
editoriales y medios reescriben la historia en nombre de la tradición y
la identidad. La estética sustituye a la ideología.
Política de red - Sin líderes, sin sedes, sin banderas. Cientos de
microgrupos conectados por internet actúan como un enjambre, cada uno
repitiendo el mismo relato.
Acción descentralizada - Un sistema sin centro. Pequeñas células o
individuos actúan solos, pero dentro de una narrativa compartida.
Golpean desde la sombra, sin estructura visible.
Culto al cuerpo y estética del conflicto - La fuerza física se convierte
en emblema. Entrenar es militar, combatir es pertenecer. El cuerpo como
frontera política.
Sincretismo ideológico - Mezclan izquierda y derecha, anarquismo y
autoritarismo, ecología y racismo. Confunden para reclutar, no para
convencer.
Infiltración comunitaria - Se presentan como clubes deportivos,
asociaciones vecinales o grupos culturales. Construyen normalidad
alrededor del discurso autoritario.
Propaganda digital - Memes, bromas y vídeos virales. El odio entra como
entretenimiento. La violencia se disfraza de ironía.
Transnacionalismo blanco - Azov, CasaPound, III Weg, Patriot Front, GUD,
NRM, Legio Hungária o Lyon Populaire. Marchan y viajan juntos con un
mismo objetivo: una civilización blanca sitiada.
Apropriación del lenguaje - Libertad, soberanía, autodeterminación.
Palabras vaciadas y devueltas contra su sentido original.
Autonomía económica y tecnológica - Criptomonedas, canales cerrados,
plataformas propias. Un ecosistema paralelo donde el odio se financia y
se reproduce sin control.
La nueva derecha radical no busca la confrontación inmediata, sino la
construcción de una hegemonía cultural capaz de resistir el paso del
tiempo. Su guerra es simbólica, emocional y estética. Comprender sus
mecanismos no es solo un ejercicio analítico, sino una forma de defensa.
Solo conociendo sus códigos, sus símbolos y sus modos de infiltración
podremos anticipar su avance y generar respuestas colectivas que
contrarresten su poder antes de que se convierta en destino. Espero que
este texto haya servido de punto de partida para una mejor comprensión
del fenómeno de la derecha radical.
Don Diego de la Vega, militante de Liza.
https://regeneracionlibertaria.org/2026/02/06/la-modernizacion-de-la-derecha-radical-segunda-parte/
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