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(ca) Italy, FDCA, Cantiere #41 - El hambre como hecho político: pobreza, bienestar selectivo y prácticas de autogestión en Italia en 2026 - Totò Caggese (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Sun, 1 Mar 2026 08:21:57 +0200
En Italia, el hambre vuelve a ser tema de debate. No como metáfora, ni
como imagen útil para la indignación ritual, sino como una condición
material estructural, cotidiana y generalizada. Millones de personas
experimentan diversas formas de inseguridad alimentaria: dietas
empobrecidas, sacrificios sistemáticos, dependencia de la ayuda externa.
Sin embargo, en el discurso público dominante, el hambre sigue
tratándose como una anomalía, un residuo, una consecuencia inevitable de
crisis temporales.
La realidad es diferente. El hambre no es un fenómeno pasajero: es un
hecho político.
Un país que normaliza la inseguridad
En los últimos años, la inseguridad alimentaria ha vuelto a cobrar
protagonismo, afectando a segmentos cada vez más amplios de la población.
No se trata solo de una falta total de alimentos, sino de una erosión
progresiva del acceso a una alimentación adecuada, saludable y
socialmente aceptable. Hoy en día, una de cada diez personas no puede
permitirse de forma constante una dieta mínimamente equilibrada. No se
trata de un hambre espectacular, sino de un hambre silenciosa,
normalizada e invisible.
Los datos regionales revelan profundas fracturas. En el sur de Italia,
la incidencia de la privación alimentaria es más del doble que en muchas
zonas del norte. Regiones enteras experimentan vulnerabilidad
estructural, donde la inseguridad laboral, el desempleo, los servicios
deficientes y el aumento del coste de la vida se combinan para generar
exclusión material. Sin embargo, sería un error interpretar esta
fractura como un simple retraso histórico: lo que ocurre en el sur
anticipa dinámicas que se están extendiendo gradualmente a otras zonas.
Hambre y mal trabajo
Uno de los problemas más relevantes, y a menudo ignorados, se refiere a
la relación entre el hambre y el trabajo. La pobreza alimentaria no solo
afecta a quienes están formalmente excluidos del mercado laboral. Afecta
cada vez más a quienes trabajan, pero con salarios insuficientes,
contratos inestables y horarios irregulares. El trabajo ya no garantiza
el acceso a bienes esenciales. Esta es la verdadera brecha.
Las familias numerosas, los hogares monoparentales, las personas con
bajo nivel educativo, los jóvenes y los trabajadores precarios están
cada vez más expuestos a la inseguridad alimentaria. En este contexto,
la retórica de la responsabilidad individual revela su total
inconsistencia: no se trata de malas decisiones, sino de un sistema que
sistemáticamente produce ingresos insuficientes para la vida.
Asistencia condicional y asistencia permanente
Ante este escenario, la respuesta institucional ha sido
predominantemente defensiva. La asistencia social ha cambiado
progresivamente su función: de una herramienta de protección colectiva a
un mecanismo selectivo, basado en criterios de acceso, controles y
condicionalidad cada vez más estrictos. Así, la ayuda alimentaria se
fragmenta en medidas temporales, bonos, paquetes y tarjetas, sin abordar
las causas estructurales.
La proliferación de comedores populares, distribuciones de alimentos e
intervenciones de emergencia no es señal de mayor justicia social, sino
más bien un síntoma de asistencia continua. La necesidad se gestiona, no
se elimina. El hambre se atiende, no se combate.
En este contexto, la alimentación se convierte en una herramienta de
regulación social: quién puede acceder a la ayuda, en qué condiciones y
con qué obligaciones. Los derechos se convierten en concesiones. La
dignidad se convierte en compatibilidad.
Hambre y democracia
Una sociedad que tolera niveles tan altos de inseguridad alimentaria es
políticamente frágil. El hambre, incluso en sus formas moderadas, genera
adaptación, silencio y el miedo a perder lo poco que queda. Reduce la
participación, fragmenta los conflictos y dificulta cualquier forma de
organización colectiva.
El hambre no es solo privación material. Limita la capacidad de elegir,
de expresarse y de actuar políticamente.
Mutualismo y autogestión: prácticas de disrupción
Es precisamente en los espacios vacíos que el Estado y el mercado dejan
vacíos donde se siguen desarrollando prácticas de mutualismo y
autogestión. Los comedores populares, las tiendas solidarias
autogestionadas, las redes de recuperación y compartición de alimentos,
los grupos de compra y apoyo mutuo no son simplemente respuestas
caritativas. Son intentos concretos de desvincular la necesidad de la
lógica de selección y control.
En estas experiencias, la comida no es una recompensa ni una herramienta
disciplinaria. No hay personas que la merezcan ni que la desagraden. Lo
que existe es el reconocimiento mutuo de una necesidad común y la
decisión de abordarla colectivamente. El mutualismo no elimina el hambre
como tal, pero invierte su significado político: demuestra que la
escasez no es natural y que la organización de base puede generar
respuestas más dignas que las institucionales.
Por eso se toleran estas prácticas mientras sean marginales y se
obstaculiza su expansión. Porque desafían un principio fundamental del
orden social actual: que el acceso a los bienes esenciales debe basarse
en los ingresos, el rendimiento laboral y la compatibilidad con el mercado.
Más allá de la gestión de la pobreza
Volver a poner la necesidad en el centro significa volver a poner el
conflicto social en el centro, incluso en sus formas cotidianas y menos
visibles. Significa afirmar que el derecho a la alimentación no es una
concesión que se exija, sino una práctica que se construye, contra la
lógica de la escasez y la culpa.
Mientras millones de personas se vean obligadas a elegir qué sacrificar
(la calidad de los alimentos, la salud, la interacción social),
cualquier discurso sobre crecimiento, estabilidad y responsabilidad
individual seguirá siendo vacío.
Pero mientras existan prácticas de mutualismo y autogestión, existirá
también la posibilidad concreta de imaginar y experimentar otra
organización de la vida material, libre del chantaje del hambre.
https://alternativalibertaria.fdca.it/wpAL/
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