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(ca) Spaine, Regeneracion: Ser ceniza de aquel fuego (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Wed, 17 Dec 2025 09:11:49 +0200
La falta de referentes en la militancia anarquista ---- Hace poco tiempo
una compañera de Galiza escribió y publicó un artículo[1]sobre nuestra
herencia como militantes del anarquismo social y organizado, y de cómo
no somos más que la ceniza de aquel fuego que nuestras predecesoras
mantuvieron vivo. El artículo defiende que no es ni operante ni
respetuoso existir como corriente política dentro del espectro
anarquista a través de la arrogancia, la falta de respeto hacia las
otras compañeras anarquistas y la negación de estas como afirmación
propia. Ahora bien, en la lectura del artículo también se entrevé una de
las carencias que como militantes anarquistas más nos afecta: la falta
de referentes actuales.
Como referentes me refiero a las organizaciones, militantes y corrientes
políticas en las que nos podríamos reflejar tanto en cuanto a la
práctica política, a la definición de teoría e ideología, a la actuación
pública, y a otros puntos donde nos beneficiaríamos de tener una imagen
de referencia. Al no tener esta figura no tenemos un ejemplo que esté
situado en nuestras condiciones actuales y nos haga imaginar cuáles
podrían ser nuestras capacidades como corriente organizada.
Por otro lado, con referentes "actuales", me refiero a referentes
políticos que estén situados tanto en nuestra misma época como en
nuestro contexto geográfico e histórico aproximado. Bien podemos tener
como referentes históricos los Amigos de Durruti y la Federación
Anarquista Ibérica, pero el contexto y marco de actuación de estas
organizaciones limpiamente revolucionarias nos queda muy atrás. Y bien
podemos tener como referentes los especifistas uruguayos y brasileños, o
la creciente Anarchist Communist Federation de Australia, o incluso la
relativamente ancha y fuerte Union Communiste Libertaire francófona,
pero ni conocemos bastante sus actuaciones ni compartimos el mismo
contexto local (aunque lo podamos aproximar).
Si bien las compañeras anarcosindicalistas, autonomistas e
insurreccionalistas, la familia libertaria, han mantenido viva la llama
de este sueño que hizo tambalear los cimientos de la sociedad
capitalista en el siglo pasado, en esta travesía por el desierto ha
quedado vacío el espacio de la organización política anarquista, vacío
que llenaba en el pasado la FAI en nuestro territorio. Las militantes
que hemos surgido, y nos hemos encuadrado en el proyecto anarquista en
esta última década, no hemos tenido una organización política anarquista
en la cual reflejarnos; sino que nuestras aspiraciones han sido
subordinadas a las organizaciones rivales ya existentes. Entender esta
situación implica entender el contexto en el que nos situamos como
organizaciones políticas anarquistas, a la vez que se explica el ciclo
pasado que queremos superar.
La derrota
El contexto de derrota revolucionaria actual viene prefigurado por una
serie de derrotas particulares del movimiento obrero y la organización
anarquista. Sin querer construir una historiografía de los Ciclos de
lucha con mayúsculas (puesto que no es el objetivo del artículo), defino
tres derrotas particulares que configuran el contexto organizativo y
social actual en el contexto local.
Primero, la derrota de la Revolución Social en España y los Països
Catalans el 1936-1939. Proveniente de un ciclo que recoge la Comuna de
Paris y un fortalecimiento del fervor revolucionario con la Revolución
Rusa, en este contexto vemos a la clase trabajadora organizada en torno
al anarcosindicato CNT junto a una organización con cultura, práctica y
fuerzas propias en la FAI. Esta gran fuerza revolucionaria de nuestra
clase se ve mortalmente represaliada por el Estado desde el 1936,
intensificándose esta persecución a partir de mayo del 1937, disolviendo
el comunismo libertario realmente existente de las comunas aragonesas el
mismo año y siendo militarmente derrotado el 1939. De este ciclo nos
queda un mito revolucionario y la puesta en práctica del comunismo
libertario, pero también el descrédito del proyecto con la colaboración
gubernamental, la destrucción física y el sangrado de la militancia.
Segundo, tenemos la derrota del ciclo iniciado con mayo del 1968 y
finalizado con la post-transición, aproximadamente con los Pactos de la
Moncloa. Corresponden a esta época la reorganización de la CNT, los
grupos anarquistas específicos que se establecían para influir en este
proceso, un contexto de lucha armada y la formación del que ahora se
denomina Régimen del 78. De aquí nos queda la formación de los modelos
sindicales de las sucesoras a la CNT, pero también una profunda
legitimación social de la democracia parlamentaria bajo la monarquía
constitucional y un debilitamiento de las fuerzas anarquistas que no
pudo frenar la sustitución de la conciencia de clase por la apatía
liberal actual.
La última derrota la tenemos en el fracaso electoral de Podemos y la
conclusión del Proceso Independentista de Catalunya en los últimos años.
De este ciclo surgieron multitud de asambleas libertarias y un repunte
de la militancia, a la vez que se practicaba una diversidad de luchas.
Esta derrota no se puede situar en una fecha concreta, sino que los
hechos que la componen son el deshinchamiento a lo largo del tiempo de
la movilización y la renuncia consecutiva a los objetivos por los que se
luchaba. La paralización social por el Covid-19 acabó de enterrar este
ciclo. De esta época proviene, por muchos militantes actuales, la
experiencia política y organizativa que poseemos ahora mismo.
Estos tres momentos de derrota se enmarcan en los respectivos modelos
formales de las organizaciones del modelo obrero en su época. Para
concretar; la primera derrota, al 1936-1939, le corresponde el modelo de
organización-fortaleza, una organización grande y estructurada que busca
dirigir las fuerzas del conjunto de la clase obrera. A la tercera
derrota, al ciclo del 15M-Proceso, le corresponde el modelo
movimentista, horizontal e informal, que desconfía de las grandes
estructuras. A la segunda derrota, a la Transición, le corresponde el
momento de transición y confluencia entre los dos modelos; en concreto,
la convivencia entre la CNT como gran estructura sindical de los "viejos
militantes" históricos y exiliados y la práctica informal de los
"jóvenes militantes" en las nuevas generaciones a la hora de organizarse.
El vacío llenado
De estas derrotas se generó, como he querido explicar y también como
escribió la compañera, una falta de referentes que pudieran enseñarnos y
guiarnos. Los elementos que podían tender a ser referenciales dentro de
la misma corriente anarquista provenían o bien de un pasado lejano, de
otro continente, o eran simplemente grandes nombres individuales del
anarquismo.
En el pasado reciente, en concreto, se daba la siguiente dualidad. Por
un lado, unas organizaciones y movimiento de base que proponía
reivindicaciones y disputaba las calles, donde participábamos; que se
enmarcaba en un proceso político con unos objetivos finales con los que
no estábamos de acuerdo o no aceptábamos tal como se reclamaban. Por la
otra banda, la carencia de una corriente organizada anarquista de
suficiente envergadura respecto al movimiento que se había gestado,
espacio que era ocupado por una corriente política rival.
Esto provocaba, por un lado, una falta de representación anarquista en
aquel contexto de lucha, o sea, una falta de demostración de fuerzas y
de autorreconocimiento que afectaba a nuestros ánimos y perspectivas.
Por la otra banda, con la carencia de organización política anarquista
en la que reflejarnos; la conciencia de qué seríamos capaces de hacer
organizadas venía definida por lo que estaban haciendo las
organizaciones de izquierdas que protagonizaban aquel ciclo. Igual que
se da un vacío de dirección política y defensa de la independencia de
clase en una organización de base, pueden florecer en estas prácticas
no-revolucionarias o que un vacío de percepción de los roles de poder
dentro de una asamblea pueda hacer florecer en ella jerarquías
informales, el vacío de referencialidad organizativa anarquista puede
ser ocupado por tendencias políticas no-anarquistas.
Esta toma de referencialidad supone un problema: una organización
política anarquista no es lo mismo que un partido político de izquierdas
o una organización de liberación nacional. Parte de otros supuestos,
tiene otros objetivos y tiene una relación diferente con la clase
trabajadora. En un momento de falta de referencialidad anarquista se
hace mucho más difícil responder qué tenemos que hacer para llegar a la
Revolución Social, sobre todo si a nuestro alrededor solo hemos podido
ver acciones que llevan a otros objetivos infructuosos, como la
conquista del poder político.
La organización política anarquista no es un partido político: es una
organización revolucionaria. Las acciones que emprende, el discurso que
emite, la relación con las masas trabajadoras y su forma y estructura
son, y tienen que ser, cualitativamente diferentes de estas otras
formaciones políticas. Es un problema, entonces, si nos vemos reflejadas
en sus acciones, capacidades o consignas, porque llevan hacia un
objetivo que no perseguimos.
Hace falta, entonces, llenar este vacío de referencialidad con nuestra
propia organización: la organización política anarquista. Hay que llenar
el espacio político con nuestras acciones, nuestra actividad, nuestras
aportaciones teóricas e ideológicas, nuestro punto de vista en los
debates que se dan y nuestra propia fuerza.
Cultura militante propia
Estamos naciendo en el Siglo XXI como un movimiento organizado débil,
disperso, con la memoria rota, pero con la voluntad de recomponer la
trama de este rompecabezas.
Para volver a recomponer la fuerza organizada del anarquismo y ser un
agente político a la altura del momento que vivimos habrá que potenciar
y expandir nuestra cultura militante, diferenciándola de los otros
agentes, y reclamándola como algo propio. En este momento tenemos
construido hasta cierto grado una cultura militante interna, a través de
estructurar nuestra intervención política dentro de un Código Militante.
Siguiendo este camino, hay que mostrar nuestras acciones políticas a las
masas trabajadoras a través de la comunicación política, atrevernos a
ensanchar cualitativa y cuantitativamente nuestras masas militantes, y
establecer una red militante territorialmente situada que sea capaz de
encarar las luchas hacia el horizonte del comunismo libertario. La
construcción en común nos lleva hacia la unidad organizativa, hacia la
unidad de las anarquistas en una organización general común que hemos
anhelado en estos tiempos de travesías en el desierto.
Desde este artículo quiero invitar a las anarquistas de todas partes a
la reconstrucción de esta cultura militante, a volver a crear nuestros
días de recuerdo y nuestras efemérides, nuestras referencias culturales,
nuestros proyectos de construcción de poder popular, una estética
militante propia y una apuesta positiva para construir la fuerza
revolucionaria.
¡Agrupémonos en el anarquismo social y organizado para que en este nuevo
ciclo el anarquismo sea un agente político capaz de intervenir en la
dirección de la Revolución Social!
Malfainer, militant de Batzac - Joventuts Llibertàries
1.
https://regeneracionlibertaria.org/2025/07/29/non-somos-mais-que-a-cinza-dese-lume
https://regeneracionlibertaria.org/2025/11/18/ser-cendra-daquell-foc/
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