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(ca) Brazil, OSL: Terrorismo de Estado: ¡Dinero para Faria Lima, balas para la favela! (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Sat, 6 Dec 2025 08:45:22 +0200


Un amplio operativo policial rodeó los complejos Penha y Alemão en Río de Janeiro, dejando decenas de muertos, entre ellos cuatro policías, este martes 28. Si bien las fuentes oficiales reportaron 64 fallecidos, a la mañana siguiente, residentes y familiares recuperaron decenas de cuerpos, elevando la cifra de muertos a más de 120, un récord macabro en la larga lista de masacres perpetradas por la policía brasileña. Los residentes reportaron numerosos cuerpos con marcas de tortura y ejecución, como disparos en la nuca, muñecas atadas y heridas de arma blanca.

La hilera de cuerpos expuestos en la Plaza São Lucas, en el complejo Penha, es una prueba visceral de la violencia genocida que el estatismo capitalista ejerce diariamente contra la población negra y la clase trabajadora. La denominada "Operación Contención", lejos de ser una acción de seguridad, se revela como una masacre meticulosamente planeada, dirigida por el gobernador Cláudio Castro (PL) con la aprobación de las clases dominantes racistas.

La operación confinó a la población trabajadora a sus hogares y cerró escuelas, hospitales y calles de la ciudad, dejando a estudiantes y residentes sin poder asistir a clases ni trabajar. El pánico infundido en la población busca precisamente legitimar medidas excepcionales, reposicionando a las fuerzas policiales como protagonistas políticas. La acción no es para nada improvisada: forma parte de la política genocida y bélica promovida por Bolsonaro y sus aliados.

La falacia de la guerra contra las drogas

La guerra contra las drogas es un argumento frecuentemente utilizado para promover este tipo de violencia estatal, que en realidad busca la represión brutal e indiscriminada contra la población pobre y negra. Adopta la apariencia de combatir el narcotráfico, pero solo afecta al nivel minorista. Mientras tanto, los principales narcotraficantes establecen sus redes de venta de drogas y armas en las fronteras -bajo la protección y participación de las fuerzas armadas y la policía- sin ser molestados ni reprimidos.

La táctica bélica del Estado es clara: aterrorizar a las comunidades para consolidar su control sobre los territorios periféricos. Una verdadera guerra contra los pobres, una herramienta para disciplinar a las clases oprimidas y mantener el orden de la explotación capitalista, sin reprimir a quienes se benefician realmente del narcotráfico.

La masacre como táctica electoral

Las acciones de las fuerzas policiales también tienen un fuerte componente electoral. Preparan el terreno para la campaña, tanto en el ámbito de la propaganda como en el control territorial, con el objetivo de contener la expansión de ciertas facciones que han avanzado hacia las comunidades de la zona occidental (un bastión electoral clave en las elecciones municipales y estatales), para mantener los bastiones electorales dominados por las milicias. De este modo, el gobernador garantiza el control territorial en el contexto preelectoral y fortalece el apoyo de estas zonas a su alianza política. Fue con el apoyo de diversos líderes políticos, vinculados a territorios controlados por la milicia, que Cláudio Castro logró su última elección como gobernador.

La seguridad pública es uno de los problemas que más preocupa a la población, y la represión policial genera malestar en diversos sectores de la clase trabajadora. El terrorismo de Estado ejercido por las fuerzas policiales se utiliza como instrumento populista de "respuesta" a un sentimiento legítimo: la inseguridad y el miedo. Sin embargo, estas medidas distan mucho de resolver el problema.

Toda esta situación se ve favorecida por las condiciones estructurales del capitalismo estatista, que genera un ejército de reserva listo para ocupar el nivel minorista, controlado por los grandes narcotraficantes (todos ellos residentes fuera de las comunidades y favelas) y sus aliados en las cámaras y asambleas legislativas, quienes financian las campañas políticas con dinero proveniente del narcotráfico o de la milicia. Mientras el aparato estatal moviliza a miles de agentes para invadir las favelas, quienes realmente se benefician del crimen permanecen intocables en sus lujosos condominios y oficinas del mercado financiero en la Avenida Faria Lima. La política de seguridad es selectiva: criminaliza la pobreza y garantiza la impunidad a los más poderosos.

Disputas nacionales e internacionales

La operación también se utilizó para generar tensión y críticas contra el gobierno federal y el Supremo Tribunal Federal (STF), mediante el desacato al Argumento de Incumplimiento del Precepto Fundamental (ADPF) 635. El ADPF de las Favelas, que se tramita ante el Supremo Tribunal Federal, impuso normas a las operaciones policiales con el objetivo de minimizar su letalidad. La disputa interna dentro del aparato estatal se centra en la contraposición entre el terrorismo de Estado indiscriminado, una suerte de estado de excepción defendido por los partidarios de Bolsonaro, y la guerra de baja intensidad defendida por el republicanismo burgués, el gobierno de Lula-Alckmin y el STF. En ambos casos, la guerra contra las drogas no se cuestiona; el debate se reduce a su intensidad. Ni una palabra sobre la legalización de las drogas ni sobre la situación socioeconómica que organiza este tráfico a través de las estructuras estatales.

Cabe destacar también la dimensión proimperialista de la masacre, con el uso del término "narcoterrorista" por parte del gobernador y sus aliados. Basta recordar que la administración de Donald Trump utilizó este término para justificar incursiones y atentados con bomba contra embarcaciones cerca de las costas de Venezuela y Colombia. Estados Unidos ha clasificado a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas. La adopción del término por parte de las autoridades brasileñas podría abrir la puerta a que las organizaciones militares estadounidenses traten la situación como una amenaza y, por lo tanto, establezcan relaciones de cooperación con los partidarios de Bolsonaro, con miras a intervenir en el país. Esto abre la posibilidad de utilizar medidas antiterroristas, con aparatos de inteligencia y espionaje, fuerzas especiales y operativos militares en zonas fronterizas, como los que ya se están produciendo en Venezuela.

La masacre en el Complejo Penha no es un hecho aislado, sino que forma parte de la misma lógica de dominación y exterminio que estructura el orden capitalista y colonial global. La misma doctrina que justifica la política genocida de Israel contra el pueblo palestino -donde un Estado militarizado ocupa territorios, deshumaniza a toda una población y la somete a una continua masacre de limpieza étnica- es la que guía la ocupación policial de las favelas de Río de Janeiro.

Son dos caras de la misma moneda: un capitalismo que, en crisis, recurre a elementos del fascismo, el racismo y el militarismo para mantener su dominio. Ya sea en la Palestina ocupada, en Venezuela bajo ataque económico y militar, o en las favelas de Río, el objetivo es el mismo: garantizar la acumulación de riqueza por parte de una minoría y profundizar la desigualdad social.

La masacre, por lo tanto, es una acción que combina diferentes dimensiones: la represión de los territorios de la población negra y pobre, el fortalecimiento del terrorismo de Estado y los experimentos con medidas excepcionales, el control electoral de bastiones estratégicos, el uso político de las ejecuciones como herramienta para movilizar a un electorado conservador y criticar el republicanismo, y la subordinación a la estrategia imperialista en el continente latinoamericano.

Poder Popular Autogestionado Contra el Proyecto de Muerte

Ante esta barbarie, es evidente que no basta con confiar en la neutralidad y el sentido común de las instituciones estatales. Es necesario construir un poder popular autogestionado capaz de confrontar al propio Estado, instrumento de las clases dominantes, y su proyecto de muerte.

Defendemos una sociedad sin Estado y sin clases, donde la justicia social sustituya a la represión y donde el pueblo tenga control directo sobre sus vidas y territorios.

Por lo tanto, es urgente tomar las calles en solidaridad con el pueblo de las favelas de Río de Janeiro y fortalecer la resistencia contra el avance de la violencia y la política de exterminio de las clases dominantes. ¡El derrocamiento del Gobernador Cláudio Castro es urgente!

¡BASTA DE GENOCIDIO!

¡FIN DE LA POLICÍA!

¡FUERA CLÁUDIO CASTRO!

Organización Socialista Libertaria

Octubre de 2025

https://socialismolibertario.net/2025/10/29/para-a-favela-as-balas/
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