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(ca) Italy, Sicilia Libertaria #462 - SANIDAD. Detrás de los "gettonisti" avanza la privatización (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Wed, 29 Oct 2025 08:23:47 +0200
El pasado 31 de julio llegó el fin al polémico sistema de médicos y
enfermeros "a gettone", con la imposibilidad para las ASL de firmar
nuevos contratos con las cooperativas para las que trabajan estos
profesionales. Siguen vigentes los contratos ya activos, hasta su
vencimiento natural. ---- Se trata de una medida largamente deseada,
pero cuya aplicación repentina no puede sino suscitar temores y dudas,
dada la presencia ya estructural de los gettonisti en el Servicio
Sanitario Nacional (SSN). Hoy se estima que los médicos a gettone cubren
entre el 20 y el 30 % de los servicios de urgencias italianos, llegando
en algunos casos a cubrir hasta el 80 % de los turnos.
La falta de personal sanitario se vende a menudo como una emergencia,
pero en realidad representa el lógico desenlace de una estrategia
deliberada de desmantelamiento del SSN.
Las políticas de austeridad, como sabemos, han golpeado con especial
dureza a la Sanidad. A partir de 2004, nada menos que siete medidas
limitaron las nuevas contrataciones, introduciendo un techo de gasto
para el personal; ninguno de los gobiernos de los últimos 20 años ha
intentado revertir esta tendencia, mientras se proclamaba hipócritamente
la crisis del SSN y la urgencia de reformas estructurales.
Emblemática resulta la ley 191/2009 del tercer gobierno Berlusconi, que
prevé que "los gastos de personal[...]no superen para cada uno de los
años 2010, 2011 y 2012 el importe correspondiente al año 2004 disminuido
en un 1,4 %".
Como esta, también las demás medidas fueron inicialmente restricciones
coyunturales, posteriormente prorrogadas y mantenidas por los gobiernos
sucesivos, en el más clásico guion donde la normalización del "estado de
excepción" prefigura la instauración de un nuevo paradigma. Y el
paradigma es precisamente la transición de una sanidad pública a una
privada, de un sistema universalista a uno excluyente e injusto. Así,
como en muchos otros sectores, también los servicios sanitarios están
sufriendo una externalización forzada, con estrategias que, como en el
caso de los gettonisti, rozan lo absurdo.
Los profesionales a gettone son pagados por las ASL (a través de las
cooperativas) con sueldos hasta cinco veces superiores a los de un
empleado público, a menudo sin respetar los límites horarios del
contrato nacional o prestando servicios de calidad media o baja: algo
comprensible, al tratarse de profesionales que no viven la rutina de un
departamento, que muchas veces no poseen la cualificación adecuada para
el puesto ni las condiciones psicofísicas necesarias (no es raro
cruzarse con médicos de más de setenta años en urgencias).
Merece la pena esbozar una pequeña antropología del gettonista,
categoría donde conviven sentimientos no siempre condenables: puede
hallarse tanto un espíritu de protesta como la necesidad de mayor
movilidad económica y social. Está el recién graduado que trabaja "un
poco en Francia, un poco en Dubái", quien trabaja medio año, quien sueña
con comprarse un Porsche. Pero, a menudo, quien decide dar la espalda al
puerto seguro del SSN alimenta frustraciones, deseos de revancha y
superación personal, expresando una variante del sentimiento más amplio
de desconfianza hacia las instituciones. Y es cierto que el fenómeno de
la Great Resignation está alcanzando dimensiones tan épicas que exige
una reflexión profunda.
No pocas veces el gettonista mezcla su afán de maximizar beneficios
-mostrándose como un perfecto homo oeconomicus, hijo legítimo del
neoliberalismo- con resentimientos sindicales y objetivos de sabotaje de
un sistema percibido (la mayoría de las veces con razón) como injusto y
desigual, alejado de sus principios universalistas originales e incapaz
de valorar las competencias.
No nos corresponde juzgar cuán genuinas son estas motivaciones o si más
bien sirven para camuflar un sentido latente de culpa, un estigma que
inevitablemente pesa sobre el gettonista: el de ser ni más ni menos que
un mercenario o, peor, un carroñero que se alimenta de los restos de un
SSN moribundo.
Podríais decir: ¿pero por qué las ASL están dispuestas a pagar a precio
de oro a estas figuras y no prefieren contratar personal estable y
cualificado?
Ante todo porque muchos puestos de trabajo se han vuelto poco
atractivos, con oposiciones convocadas y desiertas. Y esto no solo
afecta a áreas de Urgencias y Emergencias, como sería comprensible, sino
también a especialidades. Hoy no es raro encontrar ginecología,
neurología, medicina interna, ortopedia con médicos a gettone.
Pero, sobre todo, está el límite de gasto antes mencionado. A menudo las
ASL no pueden contratar nuevo personal porque superarían los techos de
gasto. Entonces, ¿con qué dinero pagan a este personal a gettone?
Sencillo: lo incluyen en la partida "Bienes y servicios", igual que un
comedor, una empresa de instalaciones eléctricas o cualquier otro
servicio necesario para mantener un hospital en funcionamiento.
Es evidente, entonces, que el problema no es meramente económico. Si las
ASL tienen dinero para pagar a los gettonisti, lo tendrían también para
contratar personal fijo; por lo tanto, está claro que la cuestión es
puramente política: se trata de una transición de un sistema público a
uno privado de facto.
Varias ASL, ya dependientes de los gettonisti, tienen intención de pedir
una prórroga en la aplicación del decreto. Pero, sea cual sea la vía que
tome el Gobierno, no es difícil imaginar que la única forma de evitar el
cierre de muchos servicios de urgencias será recurrir, una vez más, a
subterfugios. Que, por lo demás, ya están sobre la mesa: contratación
directa de médicos como autónomos (en la práctica gettonisti sin
intermediación de cooperativa) o contrataciones temporales de médicos en
formación, mal pagados y a menudo no cualificados.
La suspensión repentina de nuevos contratos, sin una política seria de
análisis y cobertura de las necesidades sanitarias, parece la enésima
maniobra (pseudo)muscular del Gobierno, donde confluyen falso
pragmatismo, antiburocratismo y anticientificismo. Una estrategia
propagandística para calmar los ánimos y ocultar la línea de fondo
mantenida durante décadas: reducir al mínimo la sanidad pública,
protegiendo los intereses de los consorcios industriales y mafiosos.
Riccardo
https://www.sicilialibertaria.it/
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