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(ca) Italy, Umanita Nova #25-25 - Trabajadorxs y objeción de conciencia. Ferroviari@s Contra la Guerra (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Mon, 27 Oct 2025 07:03:30 +0200
La presión militar sobre la sociedad civil se vuelve cada vez más
intensa. Como colectivo Ferroviari@s Contra la Guerra (FCG) lo hemos
constatado con la ratificación del acuerdo Leonardo-RFI, pero la guerra
invade también escuelas, puertos, aeropuertos y centros de
investigación, cada vez más atacados por la deriva bélica italiana y
mundial. Incluso los lugares de trabajo industriales y logísticos,
teóricamente a salvo de ser empleados en la carrera hacia el rearme y el
movimiento belicista, están sufriendo reconversiones de un ámbito civil
a uno militar.
El debate sobre la oposición a las actividades productivas con fines
bélicos en lugares de trabajo civiles crece cada vez más, de forma
directamente proporcional a la escalada armamentista en curso. La
pregunta que nos planteamos como FCG, pero también como clase
trabajadora, es: ¿puede una trabajadora o un trabajador expresar su
oposición a ser empleada/o en actividades de tipo militar? Desde un
punto de vista estrictamente legal, la respuesta es que no tiene derecho
a oponerse. Hoy en día falta una legislación que proteja a quien, de
forma consciente, quiere negarse a emplear sus tareas y profesionalidad
con objetivos militares. Un vacío normativo que deja un espacio
indefinido donde un rechazo del trabajador puede costar sanciones,
hostigamiento, aislamiento e incluso un posible despido. En resumen:
represión sin escrúpulos contra quienes quieren evitar la locura y la
deshumanización de la expansión del conflicto mundial, del genocidio en
curso en Gaza y de una economía de guerra que cada vez desangra más el
estado social y quita perspectivas a las renovaciones contractuales.
En Italia, hasta 2010, la única oportunidad legal de rechazo en el
ámbito militar era la objeción de conciencia al servicio militar, Ley
n.º 230 de 1998. Una ley que luego fue derogada con el Decreto
Legislativo de 15 de marzo de 2010 n.º 66, mientras que, al contrario,
el servicio militar obligatorio fue de hecho solo suspendido (Ley 23 de
agosto de 2004, n.º 226). Suspensión que además está condicionada a las
decisiones del orden constituido, como dice el artículo 78 de la
Constitución: «Las Cámaras deliberan el estado de guerra y confieren al
Gobierno los poderes necesarios». En pocas palabras: si el Estado decide
ir a la guerra, todos somos llamados a estar "listos para morir, Italia
llamó".
La historia del rechazo al servicio militar merece contarse brevemente,
para ofrecer un marco que ayude a comprender cómo se llegó a obtener
ciertos derechos.
La Constitución italiana, en vigor desde el 1 de enero de 1948,
establece en su artículo 52 que «La defensa de la Patria es deber
sagrado del ciudadano. El servicio militar es obligatorio en los límites
y modos establecidos por la ley». Esta obligación encontró resistencia
desde el principio (en 1949 con el caso Pietro Pinna) y, en los 40 años
transcurridos entre el artículo 52 y la Ley 230, se registraron varios
casos -no muchos, es cierto- de rechazo al servicio militar por motivos
políticos, éticos o religiosos. Los rechazos -aunque no existía un
verdadero movimiento de masas antimilitarista- comenzaron a resquebrajar
el aparato estatal. Anarquistas, socialistas, no violentos y sobre todo
Testigos de Jehová dieron vida, con el tiempo, a un movimiento crítico
generalizado contra el servicio militar obligatorio y contra la
represión que, a base de encarcelamientos, buscaba doblegar la
resistencia de quienes no querían someterse (¿pero no estábamos
protegidos por "la Constitución más bella del mundo"?). La ley represiva
y llena de aspectos críticos de 1972 (Marcora 772/72) y la posterior de
1998 fueron consecuencia de esas presiones desde abajo, pero también de
un oportunismo estatal que evaluó como positiva -bajo varios aspectos-
la creación del servicio civil alternativo, que representaba -ayer como
hoy- un recurso gratuito que podía emplearse en distintos niveles de la
producción. Además, el Estado podía prescindir de "inconvenientes" como
el nonnismo (acoso en cuarteles), que en algunos casos incluso llevaba
al suicidio, pero sobre todo de los movimientos de protesta de los
proletarios uniformados, etc. Finalmente, hay que añadir que cuando, a
pesar del artículo 11 de la Constitución («Italia repudia la guerra como
instrumento de agresión...»), se necesitaba usar soldados en conflictos
en todo el mundo (oficiales o no), se recurría a cuerpos especiales.
La situación actual es distinta de las luchas contra el servicio
militar, porque la objeción en los lugares de trabajo inevitablemente
afecta la producción de riqueza. Sin embargo, lo que permanece igual es
la necesidad de oposición y de lucha para conquistar el derecho al rechazo.
En diversos debates recientes citamos el encuentro -organizado por los
sindicatos de base CUB-COBAS y por FIRENZE PER LA PALESTINA- realizado
en Florencia el pasado 18 de septiembre, con el objetivo de discutir
"Antimilitarismo en los lugares de trabajo, aspectos legales sobre la
objeción de conciencia".
El encuentro -bien concurrido, con unas 60-70 personas- preveía las
ponencias de un magistrado y un abogado que, al menos en teoría, debían
aclarar los aspectos jurídicos (y posibles indicaciones) sobre cómo lxs
trabajadorxs pueden negarse a realizar tareas laborales con fines
militares. Las intervenciones de los ponentes, muy largas y a veces
dispersas, se centraron en un simple uso de la Constitución, que ya
prevé -según el magistrado- herramientas inmediatas a disposición de la
clase trabajadora, mientras que el abogado fue más cauto al dar
garantías: «¿Objeción? Depende, no es seguro que un juez laboral acepte
un rechazo». El recurso a la huelga, cada vez más restringido, no
garantiza su uso inmediato debido a las normas vigentes que alargan los
plazos para proclamarla y, además, el abogado señaló la Ley 413/1993
(objeción de conciencia a la experimentación animal) como un posible
apoyo legal, especialmente su artículo 1, que establece que «los
ciudadanos (...) se oponen a la violencia contra todos los seres vivos».
En resumen: nada concreto, solo hipótesis por comprobar.
Más interesantes y significativas fueron las intervenciones de lxs
trabajadorxs, que con sus aportes evidenciaron, por un lado, las
dificultades objetivas en los lugares de trabajo y, por otro,
manifestaron una alta conciencia de clase, reclamando la objeción como
un derecho que hay que arrancar con la lucha y no con inútiles
tecnicismos burocráticos. Un debate en el que estuvimos presentes como
Ferroviari@s Contra la Guerra, precisamente debido a las dificultades
que encontramos con los trenes militares. Dificultades que hemos visto
reflejadas concretamente en el caso de un trabajador encargado de
escoltar transportes excepcionales que, sin saberlo, se encontró
transportando un tanque. Una ausencia previa de información que, como
puede pasarle al maquinista de un tren de carga, pone al trabajador en
serias dificultades, ya que -como hemos visto- no dispone de ninguna
herramienta salvo su propia conciencia e integridad moral.
La solidaridad y la sinergia entre categorías laborales, movimientos
antimilitaristas, sindicalismo y sociedad civil serán determinantes para
detener guerras y genocidios: este es el mensaje central que emerge de
este debate vivo, que sigue creciendo y caminando en nuestras mentes.
Este es el camino que nos hemos dado como Ferroviari@s Contra la Guerra.
Andrea - Ferroviere contro la guerra
https://umanitanova.org/lavorator3-e-obiezione-di-coscienza-ferrovier%c9%99-contro-la-guerra/
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