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(ca) Spaine, Regeneracion: La herencia histórica: El urgente debate sobre el rol de la organización (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Wed, 15 Oct 2025 09:00:31 +0300


INTRODUCCIÓN ---- El objetivo del artículo es ilustrar respeto al debate entre los rusos y Malatesta - principalmente entre Makhno y Malatesta - a propósito de la propuesta de la Plataforma; ésta surge en la revista Dielo Truda[1]como idea formulada por parte de varios anarquistas rusos que analizaron que la fuerza política libertaria tuvo una influencia desorganizada y descoordinada durante la Revolución Rusa, lo que favoreció que la revolución cayera en manos del autoritarismo del estado. Es importante entender el momento histórico de la propuesta para entender su recibimiento y sentido. Concretamente, me centraré respecto al debate de fondo que se encuentra en el intercambio de opiniones a través de estas cartas: ¿Cómo hacemos los anarquistas para dotar de dirección libertaria a la revolución social?

Esta pregunta que planteo como la idea de fondo que motiva el debate presupone dos puntos fundamentales. Primero, la necesidad de la revolución social - caracterización de la revolución propia de Bakunin en oposición a una revolución política - por emancipar la clase trabajadora del capitalismo y de todo dominio. Segundo, la constatación de que una revolución social tendrá una dirección política determinada. En esta última frase, dirección es utilizada no como mando sino como camino, encuadre y orientación, es decir, respondiendo a la pregunta: ¿Qué sociedad está construyendo esa revolución? Por tanto, ¿qué sociedad está prefigurando los procesos revolucionarios en los que intervenimos?

De este modo, sitúo el debate entre cartas de Malatesta y Makhno como un debate que debe ser rescatado en el presente porque evoca lo más importante para una organización revolucionaria: ¿Cuál debe ser el rol de la organización revolucionaria y cómo se le define a sí misma? En este caso, en el contexto de la propuesta plataforma, el debate sobre la dirección política y cómo nos organizamos y actuamos los anarquistas por alcanzar el objetivo que nos marcamos. Debate que, una vez rescatado, nos permite formular preguntas y definir retos sobre el camino que el reciente movimiento especifista de España estamos empezando a tejer. Y, como un debate más actual que nunca - también internacional - respecto cómo constituir una organización libertaria que pueda desarrollar y alcanzar los objetivos que se propone y cómo, concretamente, interviene en los espacios de autoorganización de la clase.

Además, valorando el contexto político actual español y catalán, con unos últimos años en los que están surgiendo nuevas apuestas políticas estratégicas por parte de ciertos sectores, es necesario valorar cuál es el papel que las anarquistas debemos tener en este mapa y cómo podemos llevar a cabo lo que nos proponemos: Ser la dirección - de nuevo en términos de camino - que toman los procesos revolucionarios, ya que, y para terminar la breve presentación de intenciones, como dijo Makhno en el texto de la plataforma:

"Más que cualquier otro concepto , el anarquismo debe ser el concepto guía de la revolución , porque se sólo en la base teórica del anarquismo que la Revolución Social puede triunfar en la emancipación completa del trabajo"

Así pues, para acabar de acotar los términos del debate, una de las preguntas sobre la dirección que toma la revolución es, en el sentido de nuestra corriente, la cuestión del rol de la organización política que pretende intervenir en los procesos de autoorganización de clase para que tomen una determinada dirección. Esto resuena con las siguientes preguntas:

¿Por qué nos tenemos que organizar? ¿Quién nos organizamos? ¿Cómo nos organizamos? Y qué queremos hacer, es decir, cómo y sobre qué queremos intervenir: Influir - Dirigir

LAS CUESTIONES ORGANIZATIVAS SON A LA VEZ ESTRATEGICAS
Cómo he explicitado al inicio, la cuestión que se mueve de fondo en la propuesta de la Plataforma y del debate entre Makhno y Malatesta no es otro que el cómo se articula la dirección política anarquista en los procesos revolucionarios y de construcción del movimiento obrero. Por este motivo, las apuestas organizativas son a la vez estratégicas, ya que las respuestas a cómo nos organizamos responden, a la vez, a qué queremos hacer.

Para empezar, señalaré una serie de debates que se dan a propósito de las críticas que hace Malatesta a la propuesta de Dielo Truda y que Makhno responde. Críticas que clasifico principalmente en dos tipos: las que tienen que ver con la organización interna y las relacionadas con la práctica política de la organización, tanto por centralismo como por autoritarismo. Unas dirigidas hacia la propuesta organizativa y su construcción teórica, y otras, en cambio, dirigidas hacia la práctica directiva de la organización. Justamente por eso son interesantes, ya que ilustran cómo, de fondo, decidir en términos organizativos supone decidir en términos políticos y estratégicos, es decir, en torno a cómo la definición organizativa interpela a la dirección política anarquista en los procesos de la clase trabajadora.

Por un lado, en cuanto a toda la serie de críticas en torno a la organización interna de la organización, sobre todo nos encontramos dos temas centrales que son muy cuestionados por Malatesta: El centralismo y autoritarismo de la organización. En las críticas de Malatesta, lo que se mueve es la indiscutible coherencia entre medios y fines cómo a eje vertebrador de cualquier práctica liberadora, ya que el medio determina el fin al que se llega. Por tanto, en consecuencia con esta posición, es necesario establecer medios que nos permitan realmente llegar a nuestros horizontes, los cuales, a su vez, son prefigurados en los medios escogidos. Desde ese punto de partida se desarrollan dos críticas centrales.

La primera de las críticas sobre la organización interna argumenta que la homogeneización teórica y el compromiso colectivo - para Malatesta el compromiso colectivo y la responsabilidad colectiva hacia este son temas muy delicados con los que nunca termina de estar de acuerdo con Makhno - de seguir uno programa, estrategia y táctica de forma conjunta con responsabilidad colectiva supone, para él, una actitud autoritaria frente a las diversas - e irreconciliables - tendencias anarquistas. La segunda crítica sostiene que el centralismo se da a causa de un comité ejecutivo de la organización, el cual decide la línea teórica y, además, manda qué hacer a los varios espacios; es decir, posee una dirección ideológica y táctica de la práctica de los miembros y organizaciones de la unión.

Por otra parte, como complemento de estas dos críticas organizativas, la crítica política a la acción de la organización, el tema central de éste el artículo: La capacidad de influencia de la organización, es decir, la dirección política que propone la organización a los espacios en los cuales interviene. La crítica es la siguiente: ¿Cómo puede influir políticamente una organización anarquista como ésta si no es desde el autoritarismo y la dirección? Según Malatesta, desde este planteamiento organizativo la influencia será autoritaria. Se ilustra de esta forma que las cuestiones organizativas son a la vez estratégicas.

Sin embargo, no nos podemos quedar con estas críticas como aceptables, ya que son rotundamente erróneas y fruto de una incomprensión más que de disconformidad política, cómo también afirma Correa[2]. Aún así, las críticas señalan cuestiones más que relevantes a tener en cuenta para cualquier organización de la corriente.

El punto de partida común y los debates organizativos

Señalando que las cuestiones organizativas son estratégicas pretendo señalar, concretamente, que toda decisión que concierne tanto a la estructura organizativa como a los propósitos políticos de esta organización son, en definitiva, una respuesta estratégica al planteamiento de un problema: la explotación capitalista, la dominación y la necesidad de transformar radicalmente este sistema con el advenimiento del comunismo libertario. Una vez detectado el problema y la necesidad, es necesario considerar qué papel debe jugar el anarquismo, es decir, la fuerza política libertaria.

Es en este punto, sobre el papel que debemos tener la fuerza política anarquista, en mi opinión, Makhno y Malatesta acaban mostrando, entre varias aclaraciones, que están de acuerdo. En palabras de Malatesta: «Por el contrario, yo creo que nosotros, los anarquistas, convencidos de la validez de nuestro programa, debemos apuntar a adquirir una influencia enorme a fin de llevar al movimiento hacia la realización de nuestros ideales». En otras palabras, debemos trabajar para que los procesos revolucionarios tengan una dirección política anarquista.

El punto de partida es común, pero aun así las desavenencias organizativas son tan grandes que, en ciertos puntos, pueden desarrollar planteamientos irreconciliables.

Por un lado, las cuestiones organizativas: el debate sobre el centralismo, la autoridad del comité ejecutivo, la necesidad de la responsabilidad individual para Malatesta y la homogeneización de los planteamientos teóricos, ideológicos y estratégicos. Debates organizativos que son la expresión del debate político de fondo entre la necesidad de acciones coordinadas bajo posicionamientos comunes y la coherencia entre medios y fines para no reproducir lógicas de dominación tanto de forma interna como en la práctica política de la organización, es decir, el debate sobre la práctica política. Por lo tanto, debates «organizativos» que, en el fondo, inciden de lleno en un planteamiento que en la segunda carta de Malatesta es posterior: el debate sobre el «rol directivo» de los anarquistas y su contenido.

De esta forma se dibuja un mapa claro que muestra la complejidad del debate en sus desavenencias y acuerdos: Un acuerdo claro respecto a la necesidad de que la revolución asuma una dirección libertaria. Sin embargo, desacuerdos respecto a cómo hacemos las anarquistas - es decir, qué acción concreta hacemos las anarquistas y cómo nos organizamos - a la hora de alcanzar este objetivo. En este punto, Makhno parece plantear una unidad teórica y práctica que por Malatesta es leída como autoritaria y centralista y, por estos motivos, justamente no anarquista. En este sentido, Correa plantea que no existe acuerdo en la cuestión de la responsabilidad individual o colectiva. En definitiva, desacuerdos respecto a la organización interna y el rol del anarquismo en los procesos revolucionarios.

En conclusión, sobre este primer bloque del artículo pretendía mostrar que si bien el punto de partida en común de Makhno y Malatesta es la necesidad de que la revolución tenga una dirección libertaria para alcanzar el comunismo libertario, existen desavenencias sobre cómo realizar esta tarea y el rol que debemos tener las anarquistas. Desavenencias materializadas en temas centrales para la organización específica anarquista. Ilustrando, en definitiva, que lo que está en juego es cómo las anarquistas hacemos que los procesos revolucionarios tengan una dirección política libertaria y que, en el fondo, todos aquellos debates organizativos son a la vez estratégicos en la clarificación de cómo hacemos esta tarea que nos asignamos.

LA INDETERMINACIÓN DESEMBOCA EN ACCIÓN MULTIFORME - LA CUESTIÓN DE LA DIRECCIÓN POLÍTICA
En este bloque, por continuar desarrollando el debate que es presente en el intercambio de cartas, voy a entrar más de lleno en la cuestión sobre la dirección política. Para empezar, considero conveniente introducir unas preguntas que muestran las dudas que determinan el planteamiento de este segundo bloque del artículo: Influir y dirigir son lo mismo? ¿Por qué? Queremos que el anarquismo - por tanto las anarquistas - asuma un rol directivo? ¿En qué sentido es diferente de la estrategia comunista que sigue el marxismo - leninismo? ¿Y entre minoría activa y vanguardia? ¿Por cuál debemos apostar?

Primero de todo, uno aclaración necesaria: Estas preguntas, bastante sesgadas, parten de inquietudes y de las ganas de desarrollar al máximo la apuesta política anarquista y llevarla a sus límites, para entenderla y definirla colectivamente y poder actuar en consecuencia. La necesidad de la definición asumida colectivamente es fundamental, la indeterminación desemboca en acción multiforme, es decir, lo que no está definido se llena de diversas formas que, en definitiva, pueden ser irreconciliables o muy poco conectadas. Por este motivo, es necesario plantear todas estas preguntas y poderlas responder por definir nuestro marco de intervención. En ningún caso, sin embargo, estas preguntas buscan asimilarse a una vanguardia propia del marxismo-leninismo. De esta forma me adentraré muy brevemente en estas cuestiones con la intención de dejar más preguntas abiertas que respuestas cerradas, porque el debate debe ser colectivo para poder traducirse en una práctica eficiente y consolidada.

En líneas generales, considero que cuando desde el especifismo se afirma que lo que queremos es influir, no desarrollamos hasta sus últimas consecuencias nuestros objetivos: que los procesos de autoorganización de la clase tengan una dirección libertaria. Me pregunto si esto es fruto de un miedo estético que identifica la actuación individual como militantes anarquistas como el espacio donde, por excelencia, hemos de tener la pureza entre medios y fines y que, por tanto, no nos permitimos asumir roles de liderazgo, dirección, o influencia más activa. Pienso que a menudo, desgraciadamente, este es el motivo, y que, en consecuencia, debemos liberarnos de este miedo para poder analizar nuestra intervención a escala colectiva y no individual, teniendo en cuenta la correlación de estas dos dimensiones, pero definiendo nuestro papel como organización, no como individuos.

Así pues, ¿cuál es la definición de influir en un espacio de base, movimiento social, sección sindical, sindicato, o espacio de dirección de una organización sindical o movimiento social? Por otra parte, ¿cuál sería la definición de dirigir? Entiendo influir como dejar cierta huella en el espacio, lanzar la piedra, esconder la mano y ver que pasa, dejando una cierta marca. En cambio, entiendo dirigir como dos posibilidades: Mandar y hacer el que uno dice o, por otra lado, lograr que el espacio se convenza de la necesidad de tener una dirección - funcionamiento organizativo y aspiraciones políticas - que una propone y defiende. Esta segunda opción está relacionada con hegemonizar. Es decir, hacer hegemónicas nuestras posturas y, por tanto, dar una dirección determinada al espacio concreto.

Por esta cuestión en concreto encuentro relevante remitirme a dos artículos de Regeneración, uno sobre la vanguardia[3]y el otro sobre la hegemonización[4]. Concretamente, el tema de la vanguardia no es un debate resuelto, simplemente utilizaré el término cómo a forma de explicar cuál es la tarea que tenemos que hacer como anarquistas organizadas.

Por un lado, en diálogo con el artículo de Regeneración sobre la vanguardia anarquista, parece que la tarea de la supuesta vanguardia anarquista sea justamente ésta: Dar la dirección libertaria en el espacio de autoorganización de clase en el que se milita y se interviene. Por otra parte, en diálogo con el otro artículo de Regeneración en cuanto a la hegemonización, ésta es definida como la capacidad de que nuestras propuestas sean asumidas por la clase trabajadora, en consonancia con el que se presenta aquí como dirección. En otras palabras, hegemonizar es dotar de una dirección política determinada, puesto que, de fondo, nuestras propuestas están cargadas de política.

Por todos estos motivos tiene sentido plantear la siguiente pregunta: Si como organización debemos dotar a los procesos de autoorganización de clase - es decir, todas aquellas organizaciones que defienden los intereses de clase y lo hacen dotándose de una estrategia que les permita la lucha por sus intereses - de una dirección política libertaria, como dirigimos los espacios? ¿Qué tipos de dirección ¿damos y cómo participamos en nuestros espacios de militancia en los que intervenimos? Resumidamente: ¿qué hacemos para dar esa dirección?

Es por todo esto mencionado hasta ahora que lo que hay que pensar también con urgencia es: ¿Qué rol tiene la organización anarquista en los procesos revolucionarios? Por tanto, ¿cómo hacemos que la revolución asuma una dirección anarquista? El hecho es que hay que profundizar en este cómo y definir su contenido y las tareas por llevarlo a cabo, tanto las inmediatas como las de medio y largo plazo. Esto es necesario porque la indeterminación desemboca en acción multiforme, es decir, que todo lo que no está definido se puede definir de diferentes formas que, en definitiva, pueden ser irreconciliables. Por tanto, para poder realizar una acción colectiva es necesaria una definición teórica colectiva que la oriente.

CONCLUSIONES
Para concluir, quiero empezar mostrando las preguntas que Makhno le hace a Malatesta a la hora de hablar de las tareas de las anarquistas de dar dirección y de cómo debemos hacerlo.

1. ¿Debe el anarquismo tener alguna responsabilidad en la lucha de los trabajadores en contra de sus opresores, del capitalismo, y de sus sirvientes del Estado? Si no debería, exponga las razones. Si lo acepta, entonces, ¿debieran los anarquistas trabajar para permitir a su movimiento ejercer su influencia sobre las mismas bases del orden social existente?

2. ¿Puede el anarquismo, en el estado de desorganización en que se halla por el momento, ejercer alguna influencia ideológica y práctica sobre los sucesos sociales y la lucha de la clase obrera?

3. ¿Cuáles son los medios por los cuales el anarquismo debe servir fuera de la revolución y cuáles son los medios de los que dispone para probar y afirmar sus conceptos constructivos?

4. ¿Necesita el anarquismo de sus propias organizaciones permanentes, específicas, íntimamente ligadas entre sí por la unidad de propósito y de acción, para alcanzar sus aspiraciones?

5. ¿Qué deben entender los anarquistas como las instituciones a establecerse con vista a garantizar el libre desarrollo de la sociedad?

6. ¿Puede el anarquismo realizarse sin instituciones sociales, en la sociedad comunista que usted concibe? En el caso de un si, ¿por qué medios? En el caso de un no, ¿cuáles instituciones debería reconocer y utilizar, y en el nombre de qué debería hacerlo? ¿Deberían los anarquistas asumir una función directiva, y consecuentemente responsable, o deberían limitarse a ser auxiliares irresponsables?

Estas preguntas permiten ilustrar lo que he querido exponer en este artículo que es, fundamentalmente, tres cosas: La primera: pensar en torno a la dirección política como objetivo de la organización anarquista para alcanzar el comunismo libertario, la segunda: señalar que el desarrollo de cómo organizarnos para asumir esta tarea es un debate no sólo organizativo sino sobre todo estratégico y político, y por último, la tercera: señalar la necesidad del debate actual para aclarar de qué forma intervenimos en los espacios y hegemonizamos nuestras posiciones y propuestas, ya que aquello que no definimos puede adoptar una multitud de formas.

Justamente, ésta es la herencia histórica de un debate inconcluso y tan urgente como lo fue en el momento en que esta propuesta impactó en el mundo anarquista. Esta propuesta tiene un sentido histórico concreto, relacionado con el proceso de autocrítica por parte de las fuerzas anarquistas en la su poca influencia y dirección en la Revolución Rusa, y, por tanto, abre la puerta justamente a la cuestión que no dejo de repetir en el artículo: ¿Cómo hacemos para alcanzar esta posición de dirección e influencia? La herencia histórica de un debate inconcluso como éste es el camino que los que nos preceden han dejado para que nosotros lo sigamos. Seguramente no cerraremos este debate nosotros, de hecho, seguramente otras organizaciones lo han tenido y lo han resuelto, el hecho es que ahora nos toca a nosotros, en uno momento de unión, poder plantearnos justamente cuál es nuestro papel en la revolución que nos llevará al comunismo libertario.

Marcel Minoves, militante de Batzac-Joventuts Llibertàries


[1]Dielo Trouda (La Causa de los Trabajadoras ), Plataforma Organizacional de los Comunistas Libertarios , 1926

[2]Felipe Corrêa y Rafael Viana de Silva, BAKUNIN, MALATESTA Y EL DEBATE DE LA PLATAFORMA LA CUESTIÓN DE LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA ANARQUISTA, 2013

[3]T.Mora , Anarquismo y vanguardia , Regeneración libertaria , 2024. https://www.regeneracionlibertaria.org/2024/03/13/anarquismo-y-vanguardia/

[4]Liza , Cooptación no se hegemonizar , Regeneración libertaria , 2024. https://www.regeneracionlibertaria.org/2024/02/24/cooptacion-no-es-hegemonizar/

https://regeneracionlibertaria.org/2025/09/18/lherencia-historica-lurgent-debat-sobre-el-rol-de-lorganitzacio/
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