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(ca) Brazil, OSL, Libera #182 - PODER, TECNOLOGÍA Y ELON MUSK (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Thu, 25 Sep 2025 08:30:25 +0300


Una controversia reciente ha sacado a la luz una situación curiosa e ilustrativa: las Fuerzas Armadas brasileñas dependen de una empresa extranjera para sus comunicaciones. Starlink, propiedad del multimillonario Elon Musk, proporciona internet satelital para las operaciones del Ejército y la Marina en zonas remotas, como la Amazonia. Parece contradictorio, pero el país necesita esta tecnología para defender su soberanía, mientras que, en la práctica, termina a merced de una empresa extranjera, liderada por un multimillonario y, hasta hace poco, jefe de departamento de la administración Trump.

El asunto se vuelve aún más complejo si se considera que Starlink está vinculada a X, la antigua plataforma de Twitter, también controlada por Musk. Con el control de una empresa clave de telecomunicaciones y una de las redes sociales más grandes del mundo, Musk acumula un poder considerable. Puede influir en la opinión pública y, al mismo tiempo, proporcionar (o retirar) servicios críticos de internet. Esta situación pone de manifiesto la contradicción: Brasil necesita una empresa extranjera para garantizar su soberanía, incluso si esto también la pone en riesgo. El problema no es exclusivo de Brasil. En la era de la globalización y la tecnología avanzada, los estados nacionales tienen cada vez menos control sobre lo que ocurre dentro de sus fronteras, y las clases dominantes ejercen cada vez más su poder de dominación. Empresas gigantes como Starlink, Alphabet y Meta operan a una escala global que los gobiernos a menudo no pueden controlar. Para que se hagan una idea, Starlink cuenta con una constelación de más de 6.000 satélites en órbita, que proporciona internet a regiones donde otras tecnologías no pueden llegar. En Brasil, sus antenas están instaladas en el 90% de los municipios de la Amazonia. En otras palabras, en muchas regiones aisladas del país, Starlink es la única opción disponible.
La Unión Europea, ante un escenario similar, decidió actuar. En 2022, lanzó IRIS, su propio sistema de comunicación por satélite para los países del bloque. La idea es reducir la dependencia de empresas extranjeras ofreciendo una alternativa controlada por los gobiernos europeos. Se espera que el sistema esté plenamente operativo para 2027, lo que demuestra la creciente preocupación por este tema. Además, la conexión entre Starlink y X aumenta la influencia de Musk. Con el control de la plataforma, puede moldear los debates e influir en la opinión pública, algo que podría impactar directamente las políticas de varios países, incluido Brasil.
Ante todo esto, es necesario repensar la soberanía nacional, entendiendo que, antes que las relaciones entre naciones, está la lucha de clases, presente en todos los países. Las clases dominantes no solo controlan las fronteras físicas, sino también las infraestructuras tecnológicas e informáticas. Mientras no tengamos nuestra propia infraestructura segura, siempre estaremos sujetos a los intereses de las grandes corporaciones globales. Y esta es una realidad que se extiende mucho más allá de Brasil, afectando a las clases oprimidas de todo el mundo.
En resumen, el caso de Starlink muestra cómo la dependencia tecnológica puede debilitar cualquier proyecto de poder popular autogestionado, y cualquier ruptura más profunda en el sistema de dominación actual debe considerar las infraestructuras tecnológicas y de comunicaciones.

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