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(ca) Italy, FDCA, Cantiere #36 - Aprendiendo de las derrotas (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Mon, 11 Aug 2025 08:35:46 +0300


La derrota que surgió con el referéndum del 8/9 de junio no solo es evidente, sino también total. De hecho, trasciende el ámbito puramente sindical para adquirir una significación claramente política, precisamente porque se configura como una victoria del enemigo de clase en sus múltiples configuraciones económicas, sociales, políticas e institucionales. Es una derrota destinada a tener graves consecuencias tanto en términos de un recrudecimiento de la ofensiva patronal y gubernamental contra las condiciones de vida de las clases subalternas y contra los derechos y libertades civiles, como en términos de la organización sindical y su papel estratégico, en una de las fases más complejas y dramáticas vividas desde la Segunda Guerra Mundial.
Ha quedado claro que si la acción sindical se desplaza al terreno político, partidista e institucional, dejando de lado la defensa inflexible de las condiciones de vida de las clases subalternas, si la acción sindical se sustituye por la imbricación con el parlamentarismo, como ocurrió durante la campaña del referéndum, la derrota es segura. Al elegir el instrumento del referéndum, Landini y la dirección de la CGIL asumieron, en primer lugar, la grave responsabilidad de haber dejado el destino de millones de trabajadores en manos del enemigo de clase y de haber dejado que el éxito de la huelga general de noviembre se desinflara en los últimos meses sin construir vías de lucha que movilizaran a los trabajadores al menos hasta el referéndum.

La CGIL, que había promovido cuatro de los cinco referéndums, sale así debilitada de todo el asunto del referéndum, entrelazado con las maniobras del "campo amplio", es decir, con aquellos partidos que en anteriores gobiernos de centroizquierda se distinguieron por adoptar políticas que han descargado los costes de la crisis íntegramente sobre nuestra clase. Esta alianza ha influido evidentemente en la voluntad y la capacidad de la CGIL para hacer frente al ataque sin precedentes de la burguesía contra los mínimos vitales de los trabajadores, por lo que articular una oposición significativa al gobierno y a la patronal será aún más difícil a partir de ahora.
Parece que la derrota del referéndum de 1984 sobre la escala móvil, promovida por el PCI tras la desastrosa conclusión del conflicto de la FIAT en 1980, no generó ninguna reflexión seria. La patronal y su gobierno, el del socialista Craxi, salieron victoriosos, marcando un punto de no retorno en la afirmación de las políticas neoliberales y antiobreras.
Una confirmación adicional de la vacuidad de la estrategia del referéndum fue el referéndum de 2003 sobre la prórroga del Artículo 18 del Estatuto de los Trabajadores, propuesto por Rifondazione Comunista con el entonces secretario Fausto Bertinotti, que también sufrió una desastrosa derrota, alcanzando solo el 25% de los votos. En aquella ocasión, el gobierno de centroderecha, liderado por Silvio Berlusconi en representación de Confindustria, tras una postura inicial contraria, apoyó las razones de la abstención. Esta abstención también fue apoyada por los moderados de centroizquierda (Margherita, de Francesco Rutelli, con un papel similar al de Renzi y Calenda en la actualidad) y, mucho más grave, con solo algunas deserciones internas, por los Demócratas de Izquierda, entonces liderados por Piero Fassino, con la ayuda del propio Sergio Cofferati, quien recientemente había dejado la dirección de la CGIL.
Ante tales precedentes, las críticas dirigidas a estigmatizar la indicación de abstención por parte de las fuerzas gubernamentales como una "traición a los principios constitucionales que establecen el voto como un deber cívico", promovidas tanto por la dirección de la CGIL como por el Partido Demócrata, resultan vacías y completamente inadecuadas. Esta nueva derrota sin duda favorecerá a los sectores más concertistas que, aún bien presentes en la CGIL, observan con gran interés el giro neocorporativista de la CISL y a los componentes más moderados del Partido Demócrata, que objetivamente salen fortalecidos del caso del referéndum.
No nos interesa detenernos en los análisis de los diversos boicots orquestados por el poder económico, gubernamental y político, ni en las divagaciones de esa parte de la centroizquierda que ahora reclama el 30% de los votos para minimizar la derrota. Creemos que esto es consecuencia de una verdadera deriva institucional del sindicato, que se ha posicionado conscientemente como alternativa al conflicto social y de clase mediante el atajo del referéndum.
Después de todo, una vez más, la historia expresa a quienes la interpretan. Así, la dirección neocorporativista de la CISL también ha trasladado su acción al ámbito institucional, promoviendo una recogida de firmas para un proyecto de ley popular de "participación en el trabajo", del cual, el 14 de mayo, con el pleno apoyo de la mayoría gubernamental, surgió la nueva ley "Disposiciones para la participación de los trabajadores en la gestión, el capital y los beneficios de las empresas". Ante esto, la dirección de la CGIL, haciendo gala de un activismo algo improvisado (en aparente contraste solo con su histórica actitud concertadora y su subordinación al marco capitalista), se ha comprometido con la decisión del referéndum, debilitando el conflicto social y, por lo tanto, madurando una derrota aplastante. A pesar de que, incluso dentro de la CGIL, la decisión del referéndum ha sido considerada por muchos como inadecuada, improbable y, en cualquier caso, un sustituto del conflicto social, y a pesar de que estas evaluaciones críticas también han sido confirmadas por numerosas otras organizaciones políticas y sindicalistas de base, la oposición a la deriva institucional no ha despegado, se ha mantenido mayoritariamente minoritaria y el conflicto social no se ha generalizado a contextos más amplios. Y ahora, tras la derrota, será mucho más difícil proponerla de nuevo y llevarla adelante en un contexto unitario. Además, la derrota no afecta solo a la dirección de la CGIL, sino también, y sobre todo, a todo su tejido militante, que se entregó generosamente a la decisión del referéndum. Estas consideraciones apuntan no tanto a la búsqueda de responsabilidades, que sin duda recaen en la dirección del sindicalismo confederal -responsabilidades que deben identificarse objetiva e históricamente-, sino sobre todo a la capacidad real de incidencia de toda la oposición de clase, que no ha sido ni es capaz de generalizar el conflicto social, superando las lógicas autorreferenciales para contrarrestar eficazmente las tendencias concertativas, institucionales, burocráticas y neocorporativistas del sindicalismo confederal.
Como trabajadores y vanguardias, más allá de cualquier enfoque paternalista, tenemos el deber de cuestionarnos ante todo sobre la condición subjetiva de las masas y la realidad, confirmada por las urnas, de una clase trabajadora dispersa, desilusionada, atrapada en los modelos burgueses, en gran medida indiferente y apenas consciente de su propia situación de explotación, reacia a entrar en conflicto incluso ante una ofensiva burguesa virulenta y generalizada que está lanzando un ataque exhaustivo contra sus condiciones de vida. Lo que ha faltado y aún falta es una red militante arraigada en las realidades productivas y los movimientos de masas, capaz de expresar y construir demandas unificadas en defensa de los intereses de las clases subalternas y los sectores sociales más débiles y desprotegidos. Esta construcción debe llevarse a cabo no de forma aleatoria, sino con una auténtica conciencia estratégica capaz de salvaguardar la unidad y la autonomía de todo el movimiento de clases, incluso y especialmente en los momentos más difíciles, cuando la derrota se impone, como está sucediendo en esta fase específica. Esta es una tarea cada vez más necesaria, partiendo de la conciencia derivada de las derrotas sufridas por nuestra clase, que ahora han eclipsado sus importantes victorias, sentando así las bases de la actual crisis de conflictividad social, que se inclina cada vez más a favor del capital. Esto es necesario, urgente e impostergable.
Alternativa Libertaria/FdCA

http://alternativalibertaria.fdca.it/
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