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(ca) Italy, FAI, Umanita Nova #23-26 - Mujeres Libres: "Una luz que se encendió". Mujeres anarquistas en la Revolución Española y la Guerra Civil. (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Mon, 24 Aug 2026 10:08:07 +0300
Para comprender el papel que desempeñaron las mujeres anarquistas en la
guerra y la Revolución Española de 1936, tuve que recurrir a fuentes
orales, es decir, a entrevistas con las protagonistas que jugaron un
papel central en estos acontecimientos históricos. A menudo, las mujeres
han sido invisibilizadas en las narrativas históricas, aunque su
presencia, en este caso, era claramente evidente en las fotografías y
documentales de la época. Tuve la fortuna de realizar una docena de
entrevistas directas con activistas anarquistas de diferentes partes de
España que habían vivido y participado en iniciativas revolucionarias,
tanto en la retaguardia como en el frente, durante el trienio
comprendido entre 1936 y 1939. Recopilar sus experiencias, esperanzas y
compromiso con esta transformación económica y social revolucionaria fue
el punto culminante de mi investigación.
Es imposible comprender plenamente su significativa presencia y papel en
la revolución social sin considerar los precedentes establecidos por la
proclamación de la Segunda República en 1931. Las elecciones que
marcaron su nacimiento supusieron la derrota de los partidos monárquicos
y de derecha que habían apoyado la dictadura de Primo de Rivera durante
siete años. La República buscaba modernizar la vida política, social,
económica y cultural de España y otorgar a las mujeres un papel más
relevante. Se legalizaron los sindicatos anarcosindicalistas y sus ideas
se difundieron gracias a su presencia en la vida pública, la circulación
de sus publicaciones, las escuelas racionalistas y los ateneos
libertarios. Al mismo tiempo, comenzaron a surgir las primeras
organizaciones de mujeres, predominantemente anarquistas, antifascistas
y comunistas.
El levantamiento militar del 18 de julio de 1936, apoyado por los
grandes terratenientes, la clase media alta y la Iglesia, surgió en
oposición a la modernización de la República. Se desató una guerra
civil, caracterizada por un feroz conflicto en el que los insurgentes
intentaron eliminar físicamente a toda oposición, desde anarquistas y
socialistas hasta comunistas y republicanos. El golpe de Estado tuvo una
respuesta popular, con la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), de
corte anarcosindicalista, desempeñando un papel protagónico,
especialmente en Barcelona y en toda Cataluña. Obreros y campesinos,
organizados en la CNT y la Unión General de Trabajadores (UGT),
aprovecharon la oportunidad para impulsar una transformación
revolucionaria de la economía y la sociedad. En las zonas donde la
resistencia al golpe tuvo éxito, surgió un amplio movimiento
caracterizado por la creación de milicias (en el ámbito militar), la
colectivización agrícola e industrial (en la economía) y un papel
destacado de los sindicatos y las organizaciones de base (en la
sociedad). Las mujeres también asumieron un papel mucho más activo en la
vida pública, generando cambios significativos en la vida cotidiana.
Mujeres en la parte delantera y en la trasera.
Las mujeres fueron asignadas a tareas de retaguardia, reemplazaron a los
hombres en el trabajo fabril y participaron en los esfuerzos de
colectivización organizados en diversos sectores económicos, tanto en
ciudades como en zonas rurales. Los testimonios de mujeres anarquistas
revelan su deseo compartido de ser "útiles para la revolución", en sus
propias palabras. Las más activas durante la República, antiguas
militantes de la CNT, la Federación Anarquista Ibérica (FAI) o la
Federación Ibérica de la Juventud Libertaria (FIJL), asumieron mayores
responsabilidades tanto en la retaguardia como en el frente de batalla,
luchando junto a sus compañeras anarquistas en las milicias. Entre las
mujeres más jóvenes, se produjo un "despertar" tras el golpe militar;
iniciaron un compromiso social y político orientado a consolidar la
nueva sociedad. Intensificaron sus actividades, generando un cambio que
transformó para siempre su identidad. Muchas iniciaron su activismo
durante este período uniéndose a la FIJL o a Mujeres Libres, o
asistiendo regularmente a universidades libertarias. Al mismo tiempo,
abandonaron sus trabajos anteriores para asumir funciones más
importantes para la revolución, trabajando como enfermeras, secretarias
en comités revolucionarios, en centros educativos y de asistencia
social, o dentro de las colectivizaciones.
Al mismo tiempo, se produjo una revolución personal. Las mujeres se
liberaron de la subordinación y la marginación que habían sufrido.
Muchas jóvenes aprovecharon la oportunidad para aumentar su
independencia conviviendo con sus parejas o amigos, formando uniones
voluntarias o informales. Para muchas jóvenes, criadas con la
expectativa del matrimonio y la maternidad, surgieron nuevas prioridades
vitales, acompañadas de una mayor participación en la esfera pública y
una mayor madurez personal.
Se reforzó la difusión de métodos anticonceptivos y control de la
natalidad. Desde la Generalitat de Cataluña, el reconocido médico
libertario Félix Martí Ibáñez, nombrado Director General de Salud y
Asistencia Social, redactó el decreto que legalizaba el aborto
voluntario en diciembre de 1936. Además, la organización Mujeres Libres
promovió el concepto de "maternidad consciente" desde el Centro de
Maternidad de Barcelona, dirigido por la activista Áurea Cuadrado, a
través de cursos dirigidos a las mujeres para que pudieran tomar
decisiones libres sobre este tema.
Las mujeres se organizaron en dos grupos principales, ambos muy activos
durante el conflicto: la Asociación de Mujeres Antifascistas (AMA) y
Mujeres Libres. La primera, de tendencia comunista y liderada por
Dolores Ibárruri, priorizó la victoria bélica sobre los objetivos
revolucionarios. Sus actividades se centraron, entre otras cosas, en la
creación de guarderías, el envío de ayuda al frente y a los refugiados,
y la capacitación de trabajadoras para aumentar la productividad. Sin
embargo, no se abordó la cuestión de la emancipación femenina. La
organización operaba en la retaguardia, el lugar designado para las
mujeres en su apoyo a la República. En última instancia, la AMA reforzó
los roles maternales, de cuidado y domésticos tradicionalmente asignados
a las mujeres en la sociedad. La asociación contaba con aproximadamente
60.000 miembros.
Mujeres Libres, precedente del anarcofeminismo
La otra organización era Mujeres Libres, que, a pesar de su inspiración
anarquista, mantuvo su autonomía respecto de la CNT. Fue fundada en
abril de 1936, simultáneamente con la revista homónima, que publicó 13
números durante la guerra. Sus fundadoras fueron Lucía Sánchez Saornil,
Mercedes Comaposada y Amparo Poch y Gascón. La organización llegó a
contar con aproximadamente 20 000 miembros. Consideraban fundamental
dedicar a la revolución el mismo compromiso que a la lucha antifascista.
Mujeres Libres promovió la emancipación de la mujer de la triple
esclavitud a la que estaba sometida: ignorancia, condición de mujer y de
productora. No se definió explícitamente como anarquista, sino que
aspiraba a ser una asociación apolítica y de clase dedicada a la
emancipación femenina. La organización se distinguió de otros grupos de
mujeres de la época y anticipó el posterior anarcofeminismo, aunque sus
miembros nunca se identificaron como feministas , pues creían que el
término se aplicaba a las mujeres burguesas y sufragistas. Su enfoque
original radicaba en la convicción de que la lucha por la liberación de
la mujer no terminaría con el fin del capitalismo, sino con la abolición
del patriarcado y la subordinación femenina.
La modernidad de los principios expresados por Mujeres Libres no fue
comprendida en su momento por sus compañeras de lucha ni por muchas
militantes anarquistas como Federica Montseny, quienes creían que ambos
sexos debían luchar juntos, dentro de la misma organización, para
derrocar el capitalismo y construir una nueva sociedad. Testimonios de
miembros de la organización explican el papel y el impacto que esta
experiencia tuvo en sus vidas: «Fue un detonante»; «Fue como una luz que
se encendió»; «Quería dar personalidad a las mujeres»; «Animó a las
mujeres a ser valientes».
Para erradicar la ignorancia y el analfabetismo generalizados en la
España de los años treinta, Mujeres Libres priorizó la creación de una
red educativa exclusivamente femenina, mediante cursos, conferencias,
debates y talleres de lectura. También ofreció formación en nuevas
profesiones para facilitar la integración de las mujeres en la nueva
sociedad revolucionaria. El primer Instituto Mujeres Libres, el Casal de
la Doña Treballadora, abrió sus puertas en Barcelona a finales de 1936,
y posteriormente se inauguraron centros similares en Madrid y Valencia.
Estas iniciativas tuvieron un gran éxito, consiguiendo un amplio apoyo
entre las jóvenes trabajadoras.
A finales de 1938, los cursos contaban con la participación de
aproximadamente 800 mujeres de diversos barrios de Barcelona. Podían
elegir entre una amplia gama de ofertas educativas, desde educación
básica (lectura, escritura, aritmética, geografía, gramática, ciencias
naturales, etc.) hasta aprendizaje de idiomas, mecanografía y
taquigrafía, pasando por cursos de formación profesional en enfermería,
puericultura, administración de empresas, costura y atención a personas
mayores, e incluso trabajo social. Todas estas actividades eran
completamente gratuitas. Al mismo tiempo, podían formarse para
profesiones útiles para la industria bélica, roles tradicionalmente
masculinos, como soldadura, montaje y fresado, trabajando en los
sectores ferroviario y aeronáutico. También trabajaban en la
construcción, realizando tareas arduas en la edificación de refugios y
ayudando a artesanos especializados. En el transporte urbano, podían
formarse como conductoras de tranvía o autobús.
Para acabar con su condición de esclavitud como mujeres, Mujeres Libres
impulsó campañas en defensa de la dignidad femenina, con el objetivo de
erradicar la prostitución. Estas iniciativas se dirigieron a las
prostitutas, animándolas a abandonar su profesión y dedicarse a otras
ocupaciones. Algunas mujeres respondieron al llamado y comenzaron a
frecuentar el Casal de la Dona Treballadora en Barcelona. El mismo
objetivo fue perseguido por Liberatorios de Prostitución, una iniciativa
impulsada por F. Martí Ibáñez de la Generalitat de Cataluña.
La tercera forma de esclavitud estaba vinculada a la producción y a la
discriminación en el trabajo, con salarios mucho más bajos que los de
los hombres.
A medida que el conflicto armado continuaba y se extendía, Mujeres
Libres estableció secciones para brindar ayuda y asistencia a los
soldados. La organización promovió visitas a los distintos frentes de
guerra, distribuyendo paquetes, libros y otros suministros solicitados.
También se habilitaron centros de acogida para los soldados que
regresaban de permiso. Al mismo tiempo, se establecieron residencias en
varios barrios de Barcelona para cuidar a los hijos de los refugiados,
muchos de ellos procedentes de Madrid. Se enviaron camiones cargados de
ayuda alimentaria a la capital, que regresó con niños y ancianos que
buscaban refugio en Cataluña.
En definitiva, durante estos años de guerra y revolución, la
organización Mujeres Libres desempeñó un papel fundamental en muchos
ámbitos de la vida social, política y económica, marcando un paso más
hacia la emancipación de la mujer. Se inició una transformación que
trasladó mentalidades, personalidades, actividades y roles del ámbito
privado (matrimonio y maternidad) al ámbito público de la nueva sociedad.
Para las mujeres anarquistas entrevistadas, la construcción de la nueva
sociedad revolucionaria representó uno de los momentos culminantes de
sus vidas, ya que pudieron experimentar la utopía y el ambiente de
solidaridad y fraternidad con los que siempre habían soñado. Esa llama
sigue viva hoy, 90 años después.
Eulalia Vega
Barcelona, julio de 2026
https://umanitanova.org/mujeres-libres-una-luce-che-si-accese-donne-anarchiche-nella-rivoluzione-e-guerra-di-spagna//
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