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(ca) Spaine, Regeneracion: Estrategia y organización en la historia del anarquismo gallego (1975-2025) (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Tue, 19 May 2026 07:21:06 +0300


Continuación del artículo sobre la estrategia y organización del anarquismo gallego entre 1871 y 1936, también publicado en este portal. Por XESTA ORGANIZACIÓN ANARQUISTA GALEGA ---- La enorme represión ejercida sobre las organizaciones y militantes anarquistas durante la dictadura franquista, junto con la descomposición orgánica que sufrió la CNT durante este periodo de clandestinidad, facilitó la hegemonización de la clase obrera por parte de los partidos marxistas. Los anarcosindicalistas se mantuvieron fieles a sus principios, rechazando estrategias posibilistas, como la del Partido Comunista de España (PCE) de participar en las estructuras sindicalistas del Régimen, con la intención de erosionarlo desde dentro. Además, las disputas internas entre las distintas corrientes impidieron que las filas anarquistas organizaran una acción unitaria para luchar contra el Régimen. Cuatro décadas de represión y resistencia, sumadas a la falta de un plan estratégico unificado, llevaron a la CNT a un progresivo distanciamiento de las masas trabajadoras.

La desintegración del régimen franquista tras la muerte del dictador, y la legalización de los sindicatos y los partidos políticos, propiciaron el resurgimiento del movimiento libertario a finales de la década de 1970. Este resurgimiento se gestó en el contexto de la lucha antifranquista, en la que surgieron grupos como Vangardas Ácratas Galegas o el Colectivo Denuncia. Junto con la refundación de la CNT gallega en marzo de 1977, surgieron numerosos grupos anarquistas en todo el país. Sin embargo, esto se produjo en un contexto muy distinto al de antes de la guerra, en el que el sistema capitalista había complejizado su modelo de explotación, generando nuevas relaciones de producción, nuevos empleos y también nuevas subjetividades. Subjetividades que permitieron al ciudadano y al consumidor ocupar espacios simbólicos previamente reservados a la clase trabajadora. Una reconversión sistémica provocó que las luchas obreras, y con ellas el sindicalismo, perdieran peso en el movimiento revolucionario, reduciendo drásticamente las bases sociales de los sindicatos, mientras que muchos de sus potenciales militantes se unían a organizaciones vecinales, ecologistas o culturales, entre otras.

En este nuevo contexto, surgieron nuevos colectivos libertarios en toda la Península Ibérica que aportaban nuevas visiones estratégicas al anarquismo ibérico. En palabras de Mikel "Tar" Orrantía, uno de los fundadores del colectivo libertario vasco Askatasuna, lo que estaba en juego entonces era lograr "superar las limitaciones de la organización en un solo ámbito, ya sea laboral, ciudadano o cualquier otro, que no aborde de frente todos los aspectos de la lucha revolucionaria alternativa desde una única organización anticapitalista"¹. Askatasuna puso en primer plano del debate libertario la necesidad de emprender una lucha «global» contra todas las dinámicas de explotación del capital, y no solo contra las que se dan en el ámbito laboral, además de la necesidad de la unidad de las diversas corrientes revolucionarias en esta lucha, siguiendo el espíritu de la Primera Internacional. Pero, además, Askatasuna reabrió dos antiguos debates del anarquismo ibérico. Por un lado, lo relativo a la cuestión organizativa, abogando por un esquema dual, en el que, por un lado, existirían organizaciones de clase, integradas por todos los trabajadores y ciudadanos de una zona específica, y por otro, el movimiento de asambleas autónomas, conformado por grupos, organizaciones y militantes revolucionarios comprometidos con modelos de organización horizontales. Este compromiso con el dualismo no era una concepción ex novo, sino un modelo organizativo clásico del anarquismo, ya formulado por Bakunin en 1868 para su Alianza, y que había tenido diversas líneas de continuidad en Europa y América. Por otro lado, Askatasuna reabrió el debate sobre la cuestión nacional dentro del movimiento libertario, abogando por la independencia del País Vasco y convirtiéndose en uno de los primeros grupos anarcoindependentistas de la Península Ibérica.

Entre los grupos fundados en Galicia que se autodenominaban parte del entorno anarquista durante las décadas de 1960, 1970 y 1980, varios, siguiendo la línea de Askatasuna, asumieron la centralidad de la cuestión nacional a través de su previa militancia marxista. Este fue el caso de las Vangardas Ácratas Galegas (1967/68), el Grupo Anarquista Campesino (1976/77) y los grupos libertarios Arco da Vella (1980/82) y Zona Aberta (1981/82), que fueron pilares de la Federación Anarcocomunista Gallega ya a principios de la década de 1980. Sin embargo, ninguno de estos grupos parece haber desarrollado una línea teórico-estratégica o un programa de intervención en la sociedad gallega, como sí lo habían hecho los anarquistas vascos. Por un lado, Arco da Vella, tras su fundación en 1979 como organización anarcocomunista, parece haber agotado todos sus esfuerzos en los años siguientes con la publicación de una revista homónima que, al carecer de una línea política específica, funcionó más como un continente de cultura libertaria gallega que como una organización política. Sin embargo, el colectivo libertario Zona Aberta, fundado en 1981, sí desarrolló su propio discurso político, centrado en la necesidad de una "práctica social" para superar la división entre marxistas y anarquistas. Quizás el más similar a un posicionamiento estratégico por parte de estos grupos fue el manifiesto publicado en 1976, en el que el Grupo Anarquista Campesino abogaba por la participación de sus militantes en dos niveles de lucha en el país: uno económico, uniendo los restos del sindicalismo campesino vertical, para fundar un sindicato campesino gallego de orientación anarcosindicalista, y otro cultural, con la formación de clubes y sociedades que defendieran la lengua y la cultura gallegas. Sin embargo, se desconoce si estas propuestas, desarrolladas en la prensa nacionalista de la época, trascendieron el ámbito del discurso y se transformaron en una estrategia, y mucho menos en un programa de intervención en la realidad social gallega.
Foto de Anna Turbau. Ortigueira, 1978 (Puede verse en el Museo Reina Sofía de Madrid).
Esto ocurría en un contexto de consolidación de la transición política al Régimen de 1978, en el que los Pactos de Moncloa y el Caso Scala frenaron el auge de un movimiento libertario. En Galicia, el ciclo de luchas sociales y por la defensa de la tierra que había alcanzado su punto álgido en 1977 —con conflictos como el AP-9, As Encrobas, la central nuclear de Xove o el banco de arena de Baldaio— llegaba a su fin. Los partidos marxistas (en concreto, la Unión do Povo Galego y el Partido Socialista Galego), que habían actuado de forma organizada en estos frentes de lucha, aprovecharon estos conflictos para ampliar su base social y estructurar sus organizaciones en el territorio. Una intervención que, lamentablemente, llevaría al movimiento nacional-popular gallego a fracasar en el ámbito electoral e institucional.

Una estrategia de las organizaciones anarquistas de participar en estos frentes de lucha de forma organizada, y no a título individual, podría haber impedido que toda esa fuerza social fuera canalizada por los partidos marxistas hacia objetivos reformistas. Pero también es cierto que esta falta de estrategia habría dejado a las jóvenes organizaciones anarquistas gallegas de la época a merced de la iniciativa de los partidos, que incluso acabarían imponiéndoles su agenda política. Así, tanto Arco da Vella como Zona Aberta participarían en 1982 en el proceso de creación de una organización unitaria del nacionalismo gallego que, si bien inicialmente fue formulada por algunos de sus grupos promotores como «una amplia plataforma antiautoritaria en la que la soberanía debía residir en los colectivos», acabó fundarse como un «frente patriótico unitario», aunque sin la participación de los dos colectivos anarquistas. Un frente interclasista que anteponía la cuestión nacional a la lucha de clases y que pronto se integraría en el sistema de partidos gallegos bajo el nombre de Bloque Nacionalista Gallego (BNG).

Pero si bien en la década de 1980 los colectivos anarquistas gallegos no prestaron atención a las propuestas teóricas y estratégicas que emanaban de organizaciones anarquistas de otras naciones del territorio ibérico, su enfoque en la cuestión nacional sí produjo un efecto y un cambio de perspectiva en el anarquismo gallego respecto a la ortodoxia internacionalista que había predominado hasta entonces. Para esta nueva generación de militantes, Galicia, y ya no el territorio del Estado español, era el marco político de referencia. Esto tendría repercusiones en todo el anarquismo posterior, hasta nuestros días. Desde entonces, se han producido varios intentos de articular un movimiento anarquista gallego, como la Federación Irmandinha a mediados de los 90, Xuntanza Libertaria en el año 2000 o la Federación Anarquista Galega, activa entre 2004 y 2006. Incluso hubo espacio para una experiencia novedosa, en la medida en que respondía al surgimiento de un nuevo sentimiento en los movimientos sociales de Galicia, también marcado por la cuestión nacional, como la Loita Autônoma coordinadora, mediada en los 90, representada por grupos de A Guarda, Vigo, Compostela, A Coruña y Ourense. Sin embargo, en Galicia nunca se volvió a conformar un movimiento libertario de masas con capacidad para tener un impacto real en la sociedad. Una vez completada la transición, el anarquismo se limitó al ámbito sindical, cultural o a luchas parciales como la lucha contra las prisiones, la insubordinación o la ocupación ilegal de viviendas, y su única ambición consistió en federar o coordinar a los grupos libertarios que actuaban en estos ámbitos o a grupos específicos que se organizaban de forma autónoma.

Hoy en día, muchas personas en el país se identifican con la tradición y los principios del anarquismo. Sin embargo, los anarquistas permanecemos fragmentados, participando en movimientos de defensa de la tierra, asociaciones vecinales, centros sociales, sindicatos y asociaciones culturales, sin una organización ni una estrategia que vincule nuestras acciones y les dé una orientación global. No obstante, si en las últimas décadas y años hemos podido extraer alguna conclusión de las luchas sociales que se han desarrollado en el país, es que, sin cohesión estratégica y un horizonte revolucionario, los movimientos sociales terminan agotándose en la impotencia del mero bienestarismo, o recurriendo a vías reformistas, cuando no a desviaciones autoritarias.

En un contexto como el actual, en el que la izquierda institucional se encuentra derrotada y sometida al proyecto capitalista, en el que la devastación de la naturaleza y el territorio empuja a los ciudadanos de todo el país a autoorganizarse en plataformas de lucha en defensa de sus pueblos y regiones, en el que las dinámicas especulativas expulsan a los residentes de sus hogares y barrios, y en el que la ultraderecha gana terreno en las instituciones, en los medios de comunicación y en las calles, ¿qué podemos hacer como anarquistas?

Para intentar dar una respuesta colectiva a esta pregunta surgida durante la primera edición del Seminario Gallego de Estudios Libertarios (2024), algunos militantes anarquistas acaban de fundar Xesta, Organización Anarquista Gallega, que celebró su primer congreso este mes de marzo. Una herramienta para superar el actual aislamiento de los anarquistas en los diferentes frentes de lucha del país, y con la que equiparnos con una teoría y una práctica revolucionarias. Se trata de mantener la presencia en organizaciones vecinales, centros de trabajo, grupos de defensa de la tierra, asociaciones de vecinos y otras instituciones populares, pero contando dentro de la organización anarquista específica con un espacio de coordinación para alimentar estas luchas, ayudar a conectarlas entre sí e impulsarlas hacia la superación del sistema capitalista en un sentido socialista libertario.

Si en los años 80 el movimiento libertario gallego no pudo proteger la independencia política de la clase trabajadora frente al liderazgo de algunos partidos marxistas que anteponían la alianza con la burguesía nacional a la cuestión proletaria, quizás se debió a que las organizaciones anarquistas específicas estaban más centradas en la contracultura que en generar un proyecto revolucionario en el país. Si en aquel entonces los partidos marxistas lograron desviar el ciclo de movilizaciones sociales de las calles a las instituciones burguesas, sustituyendo la acción directa por la delegación, quizás se debió a una falta de coordinación entre los anarquistas que participaron en esos movimientos de masas a título individual y no de forma organizada ni con una visión estratégica.

Quizás los anarquistas gallegos hemos participado individualmente, y no como colectivo, en las luchas del pueblo gallego durante demasiado tiempo. Quizás las organizaciones gallegas específicas se han alejado demasiado de los intereses del pueblo gallego. Quizás sea hora de crear un movimiento similar al que llevaron a cabo los anarquistas gallegos a finales de los años treinta, que les dio tan buenos resultados, y de volver a involucrarnos en las luchas populares de forma organizada. Xesta nació con la intención de servir como herramienta para este propósito.

Dani Palleiro, militante de Xesta Organización Anarquista Galega.

1Orrantia, Mikel (1978). Por una alternativa libertaria y global. Madrid: Zero Zyx.

2Cebrián Gorozarri, Brais (2024). Una mirada al pasado reciente de la coordinación libertaria en Galicia. En Anarquismo y organización: Notas para el territorio gallego. Seminario de Estudios Libertarios Gallegos.

3 https://regeneracionlibertaria.org/2025/11/21/estratexia-e-organizacion-na-historia-do-anarquismo-galego-1871-1936/

https://regeneracionlibertaria.org/2026/04/13/estratexia-e-organizacion-na-historia-do-anarquismo-galego-1975-2025/
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