|
A - I n f o s
|
|
a multi-lingual news service by, for, and about anarchists
**
News in all languages
Last 40 posts (Homepage)
Last two
weeks' posts
Our
archives of old posts
The last 100 posts, according
to language
Greek_
中文 Chinese_
Castellano_
Catalan_
Deutsch_
Nederlands_
English_
Français_
Italiano_
Polski_
Português_
Russkyi_
Suomi_
Svenska_
Türkçe_
_The.Supplement
The First Few Lines of The Last 10 posts in:
Castellano_
Deutsch_
Nederlands_
English_
Français_
Italiano_
Polski_
Português_
Russkyi_
Suomi_
Svenska_
Türkçe_
First few lines of all posts of last 24 hours |
of past 30 days |
of 2002 |
of 2003 |
of 2004 |
of 2005 |
of 2006 |
of 2007 |
of 2008 |
of 2009 |
of 2010 |
of 2011 |
of 2012 |
of 2013 |
of 2014 |
of 2015 |
of 2016 |
of 2017 |
of 2018 |
of 2019 |
of 2020 |
of 2021 |
of 2022 |
of 2023 |
of 2024 |
of 2025 |
of 2026
Syndication Of A-Infos - including
RDF - How to Syndicate A-Infos
Subscribe to the a-infos newsgroups
(ca) Spaine, Regeneracion - Frente Popular de 1936: pan para hoy, hambre para mañana La táctica de atender lo urgente, olvidando abordar lo importante Por ANGEL MALATESTA (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Mon, 13 Apr 2026 07:33:38 +0300
Hace noventa años, el territorio español vivía unas elecciones
planteadas en términos casi plebiscitarios entre la derecha radical y el
antifascismo del movimiento obrero. Los comicios del 16 de febrero de
1936 aparecían como la última trinchera antes de la barbarie. La
existencia del enemigo fascista era una realidad material indudable; sin
embargo, la construcción de un frente interclasista para combatirlo
obviaba por completo la lucha decidida contra el capitalismo.
La historiografía contrarrevolucionaria -tanto estalinista como liberal-
impuso posteriormente una narrativa dicotómica que separaba
artificialmente ambas cuestiones, presentándolas como luchas
desconectadas. La victoria de ese relato en la memoria histórica
pretende hoy reeditar un espíritu que arrastra la gran derrota de
nuestra clase trabajadora en su camino hacia la emancipación: abordar
antifascismo y anticapitalismo como si fueran tiempos y tareas distintas.
En los últimos años, los debates en el Estado español sobre la reedición
de frentes electorales antifascistas reaparecen cíclicamente. Cada
crisis del régimen reactiva el enésimo intento de la socialdemocracia
por convencerse a sí misma -y convencer a la clase trabajadora- de una
vía que ya se ha ensayado en múltiples ocasiones con resultados nulos o
directamente adversos a medio y largo plazo. La experiencia histórica
del movimiento obrero ofrece balances demostrables: se trata de una
táctica que conduce a un callejón sin salida y deja a nuestra clase aún
más desarmada frente a su enemigo antagónico.
El avance de la derecha radical en esta década, la fragmentación del
social-liberalismo y un neorreformismo sin rumbo -aunque todavía dotado
de legitimidad social- reactivan una y otra vez el imaginario
frentepopulista. Se ha instalado con fuerza la idea de que el
«infantilismo» de la izquierda reside en su falta de cohesión y unidad,
reduciendo el análisis a un voluntarismo superficial que elude la
naturaleza de las discrepancias. La unidad, sin embargo, no es una
consigna moral ni un deseo abstracto. Abordarla desde esa perspectiva
implica relegar cuestiones estratégicas fundamentales. La experiencia
histórica muestra que los frentes contra el fascismo han supuesto
siempre la cesión en líneas rojas de nuestra clase y la introducción de
un verdadero caballo de Troya en el seno del movimiento obrero.
La unidad de clase es el resultado de un trabajo colectivo sobre la
conciencia y la lucha política de los explotados; el frentepopulismo, en
cambio, ha sido -y es- una unidad interclasista por la defensa del
régimen burgués de un enemigo supuestamente común. Los límites de la
lucha para esa unión los pone la burguesía. Un pacto entre burocracias y
familias políticas constituidas como intermediarios de la clase
trabajadora y la burguesía, y al margen de la emancipación real. El
espacio que intentan hegemonizar las fuerzas progresistas está
marcadamente fuera de unas posiciones de fuerza social que debemos
construir las organizaciones revolucionarias.
República, Frente Popular y estrategia de clase: los actores y el
escenario internacional
La política de frente popular no fue una improvisación coyuntural de
1936, sino una orientación estratégica impulsada desde la Internacional
Comunista tras su VII Congreso de la Komintern en 1935. El giro
frentepopulista del estalinismo buscaba alianzas amplias con sectores
republicanos y liberales bajo la premisa de frenar el avance fascista en
Europa. En Francia, el triunfo electoral del Frente Popular de León Blum
en mayo de 1936 parecía confirmar la viabilidad de esa fórmula: un
bloque interclasista que, apoyado en la movilización obrera, conquistaba
el gobierno sin romper con el orden capitalista.
En el Estado español, la fórmula adquirió rasgos propios. El Frente
Popular de febrero de 1936 articuló a republicanos burgueses -con Manuel
Azaña como figura central- junto a socialistas y comunistas. El Partido
Comunista de España, aún minoritario pero en ascenso, asumió
disciplinadamente la línea de defensa de la «República democrática» como
etapa previa y necesaria, subordinando la revolución social a la
consolidación del bloque antifascista. La prioridad estratégica no era
la ruptura con el capitalismo, sino la estabilización del régimen
republicano frente al peligro reaccionario.
Frente a esa orientación, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT)
mantuvo formalmente su abstencionismo histórico, aunque en la práctica
existieron llamamientos ambiguos y posiciones diversas en su interior.
Lo decisivo no fue tanto la consigna electoral como la conciencia
extendida en amplios sectores anarquistas: si vencía la derecha, habría
que combatirla en la calle y avanzar hacia la revolución; si vencía el
Frente Popular, la reacción no aceptaría pasivamente el resultado y
también habría que enfrentarse a ella, igualmente con las armas.
Es decir, para el anarquismo organizado la cuestión central no era quién
administrara el Estado, sino la correlación de fuerzas y la preparación
del proletariado para un choque inevitable. La hipótesis insurreccional
no dependía del color del gobierno, sino de la maduración del conflicto
de clases.
La experiencia francesa reforzaba esa lectura. Bajo el gobierno de Blum
las grandes huelgas y ocupaciones de fábricas de 1936 desbordaron los
límites institucionales, pero el propio Frente Popular trabajó para
encauzarlas hacia acuerdos que preservaran la estructura económica. El
antifascismo gubernamental operaba como contención del impulso
revolucionario. En el Estado español el proceso sería aún más dramático:
tras el golpe de julio, la respuesta obrera organizada abrió un
escenario revolucionario que el propio bloque frentepopulista -ya en
guerra, e incluyendo a sectores cenetistas- contribuiría a reconducir
hacia la restauración del orden estatal. Se instalaba así una idea
nefastísima en nuestra historia de la lucha obrera: pensar que hacer la
guerra al fascismo y la revolución contra el capitalismo fuesen
categorías diferentes que pudieran abordarse en tiempos separados.
A esta crisis previa de las izquierdas parlamentarias y el cambio de
estrategia internacional habría que sumarle la enorme represión contra
el movimiento obrero en la Revolución asturiana de 1934, determinante en
el replanteamiento de las estrategias políticas, siendo las anarquistas
las que planteaban un camino plenamente revolucionario, a excepción de
la estrategia del Partido Sindicalista de Ángel Pestaña. Aunque ya se
ponía en aquel tiempo sobre la mesa algo que resulta ser clave en el
balance que hacemos, y es la cuestión mencionada de creación de un
frente interclasista o un frente conformado por fuerzas obreras.
Analizar este punto histórico no es un acto de querer perdernos en
rastrear un pasado mejor -porque no lo hubo- sino en estar mejor
preparados para las luchas del presente salvando la distancia del
contexto de evolución histórica.
El Frente Popular nunca se diluyó, aunque tampoco conformó un gobierno
unitario, porque a partir de las elecciones de febrero de 1936, cada
partido tuvo su propio grupo parlamentario o unidos en pequeñas
coaliciones. Sin embargo, a lo largo de la primavera de 1936 algunos
gobiernos municipales trataron de presentar mociones de cambios
relativos a las alcaldías, y proponer nuevos alcaldes con la suma de
apoyos de partidos del Frente Popular. Una vez consumado el golpe de
Estado de julio de 1936 y tras la respuesta obrera organizada, en
algunos territorios primeramente, y después a nivel nacional, se
conformaron gobiernos bajo el espíritu de ese Frente Popular, incluyendo
a agentes políticos tan distintos como el PNV (Partido Nacionalista
Vasco) o la CNT. El resultado de revivir ese frente interclasista en
plena lucha contra la clase dominante en el conflicto armado
revolucionario de 1936, dio como resultado la pérdida de la iniciativa
obrera para haber consumado un proyecto de más largo recorrido, y esta
obra revolucionaria quedó diezmada por los sectores liberales y
estalinistas antirrevolucionarios que actuaron.
Las coaliciones de izquierdas y frentes amplios posteriores a 1945 en
Europa y América
La derrota del fascismo en 1945 no significó el triunfo de la revolución
en Europa occidental, sino al contrario, supuso la consolidación de un
nuevo equilibrio mundial bajo la hegemonía compartida de Estados Unidos
y la URSS. En ese contexto, la política de alianzas amplias -con
distintos nombres y matices- se convirtió en una constante del
movimiento comunista internacional y de amplios sectores de la izquierda
parlamentaria. La lógica era similar a la de 1936: ampliar el bloque
democrático, estabilizar el régimen frente a la reacción y postergar la
ruptura con el capitalismo para una fase ulterior.
En Francia, el prestigio de la Resistencia permitió al Parti Communiste
Français participar en gobiernos de coalición tras la Liberación. Sin
embargo, su integración en el marco institucional de la IV República
supuso la aceptación de la reconstrucción capitalista y del orden
político emergente. La oleada huelguística de 1947 fue contenida, y el
PCF terminó expulsado del gobierno en el marco de la Guerra Fría. La
estrategia frentista había permitido avances sociales, pero no alteró la
estructura de poder; más bien contribuyó a estabilizarla. Hace dos años
en Francia se reeditó un nuevo intento de Frente Popular, reconvertido
en Frente Republicano y liderado por Emmanuel Macron que, bajo la excusa
de un cordón sanitario a la extrema derecha, confirmó nuevamente una
consolidación del neoliberalismo apoyado en la legitimidad de la
izquierda parlamentaria.
En Italia, el Partito Comunista Italiano desempeñó un papel similar en
la transición del fascismo a la República. La «vía italiana al
socialismo», posteriormente formulada por Enrico Berlinguer como
«compromiso histórico», apostó por acuerdos con la democracia cristiana
para garantizar gobernabilidad y frenar a la extrema derecha. De nuevo,
la integración institucional reforzó la legitimidad democrática del
nuevo régimen, pero diluyó cualquier horizonte de ruptura estructural.
En América Latina, la segunda mitad del siglo XX y el inicio del XXI
ofrecieron experiencias diversas de frentes amplios, coaliciones
progresistas y procesos de transformación con distinto grado de
radicalidad. El caso paradigmático fue Chile con la Unidad Popular
encabezada por Salvador Allende (1970-1973) y su apuesta por una
transición pacífica al socialismo dentro de la legalidad institucional,
que chocó con la ofensiva combinada de la burguesía local, el
imperialismo estadounidense y las Fuerzas Armadas. El desenlace -el
golpe de 1973- mostró los límites de una estrategia que confiaba en
transformar el Estado sin desarticular los núcleos duros del poder
económico y militar. Incluso esto nos trasladaría al año 2019 con el
ciclo de revueltas abierto en Chile, donde el proceso constituyente y la
mayoría parlamentaria del Frente Amplio de Gabriel Boric encontraron
rápidamente los límites del marco institucional heredado. Esa energía
popular fue absorbida por una fórmula de gobernabilidad que restableció
la normalidad sin alterar los fundamentos del modelo político y que han
dado como resultado una consolidación, incluso un avance, de la extrema
derecha chilena.
Décadas después, el llamado «giro a la izquierda» latinoamericano
reactivó fórmulas de frente amplio. En Uruguay, el Frente Amplio gobernó
durante tres mandatos consecutivos desde 2005, combinando políticas
redistributivas de la economía nacional, con acuerdo de estabilidad
macroeconómica y respeto a las reglas del mercado capitalista. En
Brasil, el Partido dos Trabalhadores de Lula da Silva impulsó programas
de inclusión social sin alterar la estructura de propiedad ni la
dependencia financiera. En ambos casos las mejoras materiales
coexistieron con la persistencia de los pilares del capitalismo
periférico; la posterior ofensiva conservadora bolsonarista evidenció la
fragilidad de los avances cuando no se trabaja en una autoorganización
de trabajadores y campesinos que transforme la base estructural del poder.
En Europa occidental la crisis de 2008 volvió a reactivar imaginarios
frentistas. En Grecia, la llegada al gobierno de Syriza en 2015,
encabezada por Alexis Tsipras, fue leída como la posibilidad de romper
con la austeridad impuesta por la Unión Europea. El referéndum contra el
memorándum y su posterior aceptación mostraron crudamente los límites de
una estrategia que pretendía negociar desde dentro de las instituciones
europeas sin una ruptura con los mecanismos financieros y monetarios del
capital continental. Vía reeditada poco después por su exministro de
finanzas, Yanis Varoufakis, tratando de crear una coalición de la
izquierda europea.
En la península ibérica, las transiciones tras las dictaduras ofrecieron
otro laboratorio. En el Estado español, el Partido Comunista de España y
el Partido Socialista Obrero Español aceptaron el marco de la monarquía
parlamentaria en la llamada transición española. El consenso
constitucional desactivó el ciclo de conflictividad obrera de los años
setenta a cambio de escasas libertades y derechos sociales limitados sin
ninguna proyección transformadora. La correlación de fuerzas no se
resolvió a favor de una ruptura burguesa profunda, sino de una reforma
pactada que integró a la izquierda en el nuevo régimen.
Y en el mismo Estado español, las coaliciones progresistas surgidas tras
el ciclo del 15M -como Unidas Podemos y su posterior participación en
gobiernos de coalición con el PSOE- evidenciaron tensiones similares.
Las reformas parciales convivieron con la continuidad de los compromisos
estructurales con la Unión Europea, la OTAN (Organización del Tratado
del Atlántico Norte) y el marco constitucional de 1978. El antifascismo
institucional vuelve siempre a presentarse como prioridad estratégica
frente al ascenso de la extrema derecha, reeditando el debate sobre si
la contención electoral puede sustituir a la construcción de fuerza
social independiente.
Las tesis revolucionarias históricas y actuales que nos ofrecen los
frentes populares y cordones antifascistas
El balance comparado desde 1945 hasta hoy muestra un patrón recurrente:
los frentes amplios y coaliciones progresistas pueden abrir espacios y
ventanas de principios en una narrativa escorada a la derecha, pueden
arrancar reformas y frenar coyunturalmente a la reacción de manera muy
parcial. Pero construidos como pactos interclasistas orientados
prioritariamente a la gestión del Estado burgués, tienden a estabilizar
el orden existente antes que a superarlo. Allí donde no se ha
desarrollado simultáneamente una estrategia de poder propio de la clase
trabajadora -organización, autonomía y ruptura estructural- el
antifascismo institucional y el reformismo ampliado han terminado
actuando como diques de contención del impulso revolucionario. Esta
estabilización del orden burgués siempre se da a través de la reducción
del programa propio de la clase trabajadora, que implica una desafección
de las grandes masas con los proyectos reformistas, y su traición
inmediata, favoreciendo como resultado un giro hacia la derecha de la
clase trabajadora.
Este recorrido histórico no pretende negar las diferencias de contexto
ni los matices territoriales, sino señalar una constante estratégica: la
separación entre lucha socialdemocrática inmediata y transformación
anticapitalista estructural ha operado, una y otra vez, como una
fractura que debilita la posibilidad de emancipación integral. Con este
repaso, el hilo que conecta 1936 con el presente no es una analogía
simplista, sino una advertencia histórica sobre los límites de la
política de frentes populares cuando sustituye -en lugar de fortalecer-
la construcción independiente de poder de clase.
No estamos defendiendo una postura sectaria que nos aísle en la pureza
ideológica y estratégica, y nos separe de los movimientos de masas, sino
que apostamos por la pelea en frentes amplios y frentes de masas donde
ponernos en contacto con toda la clase trabajadora manteniendo nuestra
independencia estratégica y de crítica, para ganar políticamente un
espacio y desarrollar a la clase trabajadora hacia la lucha en favor de
sus propios intereses.
La lección histórica no es que el antifascismo fuera -o sea en la
actualidad- innecesario, sino que cuando se articula como frente
interclasista subordinando la independencia política del proletariado,
se convierte en el instrumento que desarma a la clase trabajadora en el
momento decisivo. El Frente Popular español de 1936 no fue la antesala
inevitable de la derrota, pero sí la forma política que impidió
transformar la respuesta al fascismo en la revolución social. Atender lo
urgente -frenar a la derecha- sacrificando lo importante -destruir las
bases materiales que la engendran- terminó dejando intacto el terreno
sobre el que la reacción pudo reorganizarse.
Ángel Malatesta, militante de Liza Madrid.
https://regeneracionlibertaria.org/2026/03/09/frente-popular-de-1936-pan-para-hoy-hambre-para-manana/
_______________________________________
AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
De, Por y Para Anarquistas
Para enviar art�culos en castellano escribir a: A-infos-ca@ainfos.ca
Para suscribirse/desuscribirse: http://ainfos.ca/mailman/listinfo/a-infos-ca
Archivo: http://www.ainfos.ca/ca
- Prev by Date:
(ca) France, UCL: Folleto de la UCL - Huelga Internacional por una Revolución Feminista (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
- Next by Date:
(ca) France, Monde Libertaire - 8 de marzo y la Primavera de los Poetas (de, en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]
A-Infos Information Center