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(ca) Spaine, Regeneration: El profesorado anarquista y la organización específica (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Tue, 2 Dec 2025 07:52:44 +0200


Por HEDRA ANARQUISTA ORGANITZACIÓ ESPECIFISTA DE ALACANT ---- «El ideal de los anarquistas no es suprimir la escuela, al contrario, es hacerla crecer, hacer de la propia sociedad un inmenso organismo de enseñanza mutua, donde todos serían simultáneamente alumnos y profesores» ---- Elisée Reclus, L'Évolution, la révolution et l'idéal anarchique (1897) ---- Cada inicio de curso distintos sindicatos se acercan a las salas de profes para «escuchar nuestras necesidades», recordarnos la «asfixiante burocracia» y las varias reivindicaciones que llevan en sus carteles entre las que destaca en primer lugar «mejorar salarios». Algunos, los más radicales, hasta organizan seminarios y encuentros para criticar extensamente la última ley de turno. Lo que pasa es que, como profesor anarquista, no me interesa organizarme para conseguir mejoras salariales, podría extenderme explicándolo pero se resume en un «no estoy aquí por dinero»; tampoco me interesa quejarme del papeleo que, en la realidad práctica, no es tan asfixiante, es bastante esquivable y, ¿por qué no reconocerlo? En muchas ocasiones ayuda a realizar mejor nuestro trabajo; pero sobre todo, lo que no me interesa en absoluto como anarquista es gastar ni un minuto criticando una ley en la que no creo por filosofía y por tanto desobedeceré, de ser necesario, para realizar mi práctica pedagógica, y que además, en el caso de la actual, corriendo el riesgo de que me lluevan piedras, me da luz verde para llevar a cabo numerosos proyectos que en otro marco legal anterior no me sería tan fácil acometer.

Los espacios de organización y militancia del profesorado deben ir más allá de la mejora de las condiciones laborales, debemos organizarnos porque la enseñanza es «uno de los frentes de lucha mayor para la transformación profunda de la sociedad» Paulo Freire, Cartas a quien pretende enseñar (pág. 86)1. Y debemos hacerlo desde el anarquismo y la pedagogía libertaria, hacia la educación del alumnado y hacia la transformación y gestión de los centros, porque como apunta Hugues Lenoir en su escrito: La educación libertaria, ésta, la educación libertaria, es la más profunda y perdurable de las victorias del anarquismo contra la sociedad autoritaria. El pensamiento educativo libertario ha sido en gran parte absorbido, digerido por el pensamiento pedagógico oficial: rechazo de la violencia y omnipotencia del maestro/a, retirada de la coacción, pedagogía de proyecto, dar lugar al diálogo y reconocimiento del otro VVAA, Educación Anarquista, Editorial Eleuterio (pág. 46)2; es por ello por lo que debemos continuar la transformación que comenzaron Fourier, Proudhon, Ferrer i Guardia o Paul Robin. Ellos estarían orgullosos de las mejoras que tenemos hoy, y no se quedarían quietos igual que nosotras debemos seguir avanzando, utilizando las victorias y los espacios conquistados para luchar por más libertad, comunidad y la emancipación total.

Felipe Corrêa en Anarquismo especifista3 habla de cómo los anarquistas deben «organizarse, como anarquistas ... para que esto les dé fuerza suficiente para actuar en el ámbito de los movimientos sociales». Es decir, militar en la organización anarquista para mejorar su militancia en otros espacios, los movimientos sociales, haciendo efectiva su «militancia dual», elemento nuclear de la praxis anarquista según esta corriente. Durante todo el texto, y por lo que se da a entender en las publicaciones e intervenciones sobre especifismo, se entienden estos «movimientos sociales» como los principales espacios para realizar la inserción social, definido este término, por el propio Correa, como «búsqueda del vector social perdido por el anarquismo». Y sin definir de forma clara qué es ese vector social apunta que «la inserción social refuerza la idea de que los anarquistas deben buscar ... tener un papel relevante en la lucha de los movimientos sociales y populares» recayendorecayendo de nuevo en el ámbito de los movimientos sociales el hacer anarquista fuera de la propia organización libertaria. Pero, ¿hay otros espacios, más allá de los «movimientos sociales», en torno a los cuáles organizarnos para realizar inserción social? Quisiera pensar que sí. No podemos obviar el resto de nuestra cotidianidad, en la que posiblemente invirtamos la mayor parte de nuestro tiempo, desde el hogar y el trabajo hasta el bar o la peña de amigos. En muchos de estos lugares, como expone Collin Ward en Anarquía en acción4, la inmensa mayoría de las personas practica el apoyo mutuo, rechaza autoridades y realiza prácticas de autogestión, cooperación y acción directa, siendo nuestra labor como anarquistas incitar, propiciar y fomentar estas prácticas en cualquier lugar y momento para hacer salir a la luz la sociedad anarquista que, según Ward, ya existe y está oculta en esas prácticas diarias de las masas cuyo conjunto permanece invisibilizado y eclipsado por el sistema dominante.

Pero incluso más allá de los movimientos sociales y nuestro núcleo de amigos, comunidad o barrio... ¿existen espacios clave para la inserción social donde las anarquistas debamos actuar? Es imposible no pensar en la inabarcable literatura escrita sobre pedagogía libertaria. La educación, los centros educativos, el punto de encuentro de los y las más jóvenes, el punto de partida en el que se generan las primeras relaciones sociales más allá de la familia, ese es posiblemente el espacio más importante en el que realizar la inserción social que propone el especifismo, y no solamente como lo haríamos en nuestra vida cotidiana, sino con el máximo compromiso militante, porque como escribió Paulo Freire: «nosotros somos militantes políticos porque somos maestras y maestros», con claro afán transformador y con unos objetivos claros: 1. Luchar por el máximo desarrollo integral de cada alumno y alumna; 2. Crear y transformar cada centro educativo en un lugar idóneo para preparar a las personas a vivir en anarquía, o lo que es lo mismo, educar para el anarquismo.

El primero de los objetivos pone al alumnado en el centro y es independiente de si logramos o no, acercarnos a nuestro ideal revolucionario, entendiendo que la urgencia de cada joven es aprender a vivir y sobrevivir en el mundo que le ha tocado al mismo tiempo que se le dan herramientas y se le muestra el camino para que se convierta en un individuo libre capaz de intervenir de forma activa y colectiva en la transformación de dicho mundo.

El segundo objetivo pone en el centro un ideal libertario, más amplio y revolucionario, un objetivo estratégico que debe guiar nuestras acciones encaradas a la creación y transformación del centro educativo a nivel espacial y relacional. El trabajo del profesor y la profesora anarquistas no se dirige únicamente hacia los y las estudiantes sino que busca incidir en el funcionamiento diario del centro así como en su línea pedagógica y de gestión, logrando cambios entre el profesorado y directiva que caminen hacia la horizontalidad, el trabajo colaborativo y cooperativo y que dirijan la práctica docente en su totalidad hacia objetivos libertarios como el antipunitivismo, el rechazo a la coacción y subordinación del alumnado y sobre todo a la búsqueda de una autoridad como guía, moral y explicada, en el sentido de Noam Chomski (Sobre el anarquismo, 2022)5 dejando atrás la autoridad jerárquica coactiva.

Son dos objetivos que evidencian cómo los anarquistas no podemos atender solamente a la práctica docente en nuestra aula, sino que debemos incidir en la totalidad del centro, en todos los aspectos que envuelven la cotidianidad de los colegios e institutos y que pueden y deben transformarse de cara a lograr la educación que queremos para nuestra sociedad.

Recordemos a Jose Luís Sampedro6en una entrevista con Quintero diciendo que, para él, el anarquismo sería el mejor sistema supuesto que, y apostillaba: «y el supuesto no se da», que todos estuviésemos educados para el anarquismo. En esta entrevista también explica lo que es un anarquista para él y lo simplifica en una persona que no acepta la autoridad impuesta, que no acepta ser oprimido ni quiere dominar a nadie y continúa diciendo que él puede aceptar una autoridad moral, un guía, un maestro, pero no una autoridad coercitiva, coincidiendo con Noam Chomsky como pensador contemporáneo y siguiendo la estela de los grandes pedagogos anarquistas. Termina este extracto concluyendo que, al no darse la condición mencionada, la anarquía tampoco se puede dar, y dejando claro que las esperanzas para la posibilidad práctica de la anarquía recaen única y exclusivamente en la educación y preparación de las personas para vivir en anarquía.

Con estas simples reflexiones nos muestra la necesidad de enfocar nuestros esfuerzos como anarquistas en la educación y los principios básicos del anarquismo para encarar nuestra práctica docente.

Desde luego, no fue el único que llegó a esta conclusión y son innumerables los anarquistas que se centraron en el análisis y la propuesta de pedagogías libertarias que diesen lugar al desarrollo integral del alumnado desde y para la libertad dotándole de herramientas para la emancipación. Me gustaría destacar el matiz de la expresión «educar para el anarquismo», y es que en ésta vemos el carácter antidogmático de aquellos que nos acercamos al ideal libertario. Ninguna pedagogía libertaria intenta inculcar en el alumnado un itinerario anarquista ni unas verdades inmutables, lo que buscan es preparar al ser humano para la libertad, que es un estado de las cosas bastante difícil de gestionar, preparar a las personas para que no quieran ser opresoras y no acepten ser oprimidas. La falta de esta condición, que se hace visible en la falta de moral, traducida en repugnantes acciones entre iguales -así como entre opresores y oprimidos de distinta naturaleza-, hace evidente la necesidad de una práctica libertaria significativa en todos los ámbitos de la vida. Es necesario que, como profesores y profesoras anarquistas, trabajemos en nuestros centros educativos con el objetivo libertario en mente todos los días y para ello necesitamos el refuerzo de la organización anarquista. De esta manera, al igual que no se busca que todas las participantes de los movimientos sociales sean anarquistas, sino que se incluyan nuestras prácticas en dichos espacios, no buscamos inculcar el anarquismo como ideología en las aulas y los centros, sino llevar allí las prácticas que consideramos efectivas y necesarias para nuestra sociedad.

Vista la necesidad de actuar bajo el prisma anarquista en nuestra labor docente y la estrecha relación con el planteamiento de inserción social realizado desde el especifismo, ¿cómo se puede conjugar o llevar a la práctica un trabajo coordinado y estratégico desde la organización anarquista para no actuar meramente como individualidades?

De inicio, en el centro educativo no tiene por qué haber más compañeros/as con quien compartamos ideología -es muy probable que sí y sería un trabajo paralelo el reunirlos y seducirlos para ampliar la militancia de base en la organización-, y eso, igual que no ocurre en los movimientos sociales, no debe ser un impedimento para buscar afinidades con quien empezar a trabajar en la línea mencionada anteriormente; afinidades de cara a los proyectos y cambios concretos a trabajar y objeto de nuestra visión transformadora, pero con las que se puede estar muy en desacuerdo en cualquier otro aspecto, lo cual no debe impedir en ningún caso la colaboración, el diálogo y el trabajo cooperativo.

Pero se debe sentir que este trabajo puntual en el centro educativo tiene un calado más de fondo y es ahí donde entra la organización especifista en la que nos reunimos desde un carácter local para reforzar y motivar al profesorado anarquista e incluir sus acciones en una estrategia más amplia. En esta organización ya es más posible que se coincida con otros profesores y profesoras con quienes compartir experiencias, además de los otros integrantes de la organización que ajenos a la docencia pueden ser de apoyo para la transformación, sin ir más lejos facilitando la apertura de la escuela a la comunidad y a proyectos de inserción social en los que estén envueltos gracias a su militancia dual, coordinando y ampliando los frentes de masas hacia las familias de nuestra comunidad educativa.

En un último nivel, la federación de organizaciones locales puede incluir en su línea estratégica la creación de comités de educación creando redes de conocimiento, recursos, fuerza y discurso, desde los que se podrían coordinar proyectos como la creación de manuales y materiales o acompañamiento a profesorado para llevar a cabo proyectos de centro basados en los principios libertarios; crear textos y materiales enfocados al alumnado por asignaturas donde se incluya la práctica y el ideal libertario, mostrándolo como una opción real más y no como algo anecdótico que murió en 1939. Incluso se puede pensar en programas de becas y encuentros para el alumnado planteados desde nuestros principios que contraataquen los millonarios esfuerzos del capital por adentrarse en los centros educativos y en la educación de los más jóvenes.

En la actualidad existen muchas iniciativas en el estado español que se reconocen como libertarias o alternativas -y que muchos relacionan con el anarquismo-. Sin entrar en debate, es evidente que dichos centros, además de incluirse en la propuesta anterior al hablar de
«crear» y no sólo «transformar» no atienden a una parte significativa de la sociedad, mientras que nuestro objetivo es el de la transformación social total. Es por ello que, el profesorado de estos centros debe ser acogido por la organización anarquista, pero debemos ir más allá y buscar la transformación de todos los centros del estado y del mundo, independientemente de la titularidad, de estar en nuestra mano. La posible crítica a estas iniciativas autónomas no debe estar reñida con la necesidad de ensanchar la organización especifista y plataformista.

La semilla que podamos plantar todas las anarquistas en nuestra cotidianidad; la fuerza política estructural proveniente de los frentes de masas; el ejemplo de posibilidad, experiencia y resultados que aportan los espacios autónomos; y el trabajo en los diferentes espacios de inserción social en donde se llevan a cabo prácticas de transformación gradual pero radical del sistema, respetando el ritmo vital de las personas que los habitan, son las piezas necesarias para la posibilidad de transformación revolucionaria de la sociedad, siendo la organización especifista el manantial del que parte y al que siempre vuelve a por fuerza, inspiración y motivación el anarquista revolucionario.

Todo este trabajo debe ir acompañado de los ya existentes y nombrados sindicatos laborales que realizan un trabajo imprescindible para salvaguardar la integridad física y psicológica de los y las trabajadoras, entre las que nos incluimos, sin embargo estas acciones no pueden limitarse a esta tarea sino que deben acompañarse de una fuerza transformadora que lleve a cabo acciones en clave claramente transformadora del día a día con el foco en el alumnado, es decir, ni estancarnos en viejas reivindicaciones, ni conformarnos con reformas o mejoras laborales sino avanzar hacia una educación emancipadora con todas sus características y consecuencias.

C., militante de HEDRA

Bibliografía y webgrafía:

[1]Paulo Freire (1994): Cartas a quien pretende enseñar. Ed. Siglo veintiuno editores

[2]VV.AA. (2012): Educación anarquista. Ed. Editorial Eleuterio. Recuperado de: https://periodicolaboina.wordpress.com/wp-content/uploads/2020/01/educacion-anarquista-editorial-eleuterio.pdf

[3]Felipe Corrêa (2014): Anarquismo especifista. Recuperado de: https://es.anarchistlibraries.net/library/felipe-correa-anarquismo-especifista

[4]Collin Ward (1982): Anarquía en acción. Recuperado de: https://www.solidaridadobrera.org/ateneo_nacho/libros/Colin%20Ward%20-%20Anarquia%20en%20accion.pdf

[5]Noam Chomski (2022): Sobre el anarquismo. Ed. Capitan Swing

[6]Jose Luís Sampedro. Recuperado de: https://www.youtube.com/watch?v=xvlznkQ_LOU

https://regeneracionlibertaria.org/2025/11/06/el-profesorado-anarquista-y-la-organizacion-especifica/
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