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(ca) Spaine, Regeneracion: Carta de presentación de Liza Granada - Por LIZA (en, fr, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Mon, 10 Nov 2025 08:42:02 +0200


Todo este proceso, tanto el de las compañeras en Madrid como el nuevo camino que se abre en Granada, nace de un análisis compartido. No surge del fetiche organizativo ni del deseo de levantar una nueva sigla, sino de una necesidad política. La necesidad de recomponer un anarquismo que, en su estado actual y desde hace mucho tiempo, ha perdido capacidad de intervención real en las luchas sociales. Además, no estamos solas en este camino. A lo largo de la península, han surgido experiencias similares que, desde la ilusión y la responsabilidad, buscan construir una alternativa real para la clase trabajadora y para el futuro de las próximas generaciones. Esta recomposición en todo el territorio viene ligada al momento histórico actual de nuestro movimiento, un momento donde la valentía de superar nuestros propios complejos y prejuicios nos abre un horizonte, hasta entonces, desconocido.

Venimos de años de fragmentación, de esfuerzos dispersos, de militancias que se agotan en la impotencia o se refugian en la autocomplacencia. Sin embargo, sabemos que sigue habiendo un potencial enorme, una energía latente en quienes no se resignan a que el anarquismo sea solo memoria o identidad. Durante demasiado tiempo, el movimiento anarquista ha funcionado sin estrategia común, sin horizonte político compartido. Por no decir, siendo más duros y realistas, sin horizonte político de ningún tipo. Cada grupo ha trabajado en su pequeño espacio, defendiendo su autonomía hasta el aislamiento. Nos hemos acostumbrado a la política reactiva, a responder a las ofensivas del poder sin capacidad para anticiparlas. Hemos confundido la espontaneidad con la estrategia, la afinidad con la organización, la autonomía con la dispersión. Esa dinámica nos ha llevado a una forma de militancia agotada: más simbólica que efectiva, más reactiva que propositiva. Hemos creado islas de resistencia que, si bien necesarias, rara vez lograron proyectarse más allá de sus límites inmediatos.

En Europa, además, esa deriva ha estado atravesada en todo momento por su espíritu de época. Un activismo poco exigente y estético, más centrado en la reafirmación propia y personal que en disputar el poder social. El anarquismo se ha vuelto, en muchos casos, una subcultura más dentro del paisaje de la protesta. Pero una subcultura identitaria no es un sujeto político ni es una alternativa de emancipación. Una identidad no transforma las condiciones materiales de existencia. La pureza ideológica ha sido, en la mayoría de los casos, una especie de refugio discursivo para proyectos que poco o nada tenían que aportar a los conflictos sociales. Llevando esa supuesta pureza al inmovilismo. Discusiones en base a los principios y no a los hechos concretos, alejando la teoría completamente de la realidad social y las condiciones objetivas.

No se trata de negar lo que hemos construido. La inmensa mayoría de las que emprendemos este camino venimos de ahí. Las experiencias de okupación, los centros sociales, las luchas barriales, las redes de apoyo mutuo, han sido espacios de aprendizaje y de resistencia. Pero también mostraron sus límites. La falta de continuidad, la ausencia de una línea política común, la imposibilidad de acumular fuerzas más allá del momento concreto. Nos enseñaron que la buena voluntad y la afinidad no bastan. Que tener razón no es suficiente, sino un consuelo. Y que, sin organización, toda energía se disipa. Nos constituimos, pues, con la intención de articular todos los aprendizajes recogidos y convertirlos en fuerza organizada.

De esos aprendizajes surge Liza. No como negación de lo anterior, sino como intento de superar sus límites. Partimos de una convicción sencilla: el anarquismo necesita recomponerse ideológicamente si quiere volver a ser una fuerza viva y no una reliquia moral. Recuperar su raíz materialista, su mirada de clase, su vocación transformadora. El anarquismo no puede reducirse a una suma de gestos individuales o a un rechazo abstracto, y reactivo, del poder. Tiene que volver a pensarse como proyecto político para la emancipación total, como teoría y práctica de la revolución social.

Recomponer ideológicamente significa también recuperar la ética militante. Una ética que no se reduce a la coherencia individual, sino que se expresa en la responsabilidad colectiva. Militancia no es consumo político ni autoafirmación moral: es compromiso sostenido con un proyecto común. Ser militante anarquista implica asumir la disciplina libremente acordada, cuidar los espacios colectivos, formarse, rendir cuentas, construir confianza política. No hay revolución sin ética militante, sin esa convicción de que la libertad individual solo cobra sentido en el marco de la responsabilidad común. Somos la pulsión del mundo que queremos crear.

Por esto, reivindicamos la política prefigurativa del anarquismo, no como refugio utópico, sino como práctica cotidiana. Prefigurar no significa ensimismarse en microexperiencias autogestionadas, sino demostrar, en cada espacio de lucha, que otro modo de organizar la vida social es posible. La política prefigurativa es la unión entre medios y fines: no se puede construir una sociedad libre mediante métodos autoritarios o burocráticos. Pero tampoco basta con reproducir pequeños oasis de horizontalidad. La prefiguración anarquista, entendida políticamente, consiste en dotar a las luchas populares de una orientación emancipadora, en mostrar que la organización colectiva, la solidaridad y el apoyo mutuo no son simples valores éticos, sino herramientas de combate.

Por eso hablamos de acción política, cuando hablamos de desarrollar nuestro programa en el terreno. La acción política es la intervención consciente en los frentes de masas: en los sindicatos, en los barrios, en los centros de estudio, en los movimientos sociales. No para dirigirlos ni para convertirlos en apéndices anarquistas, sino para hacerlos más combativos, más democráticos, más autónomos del Estado y del capital. Nuestro papel no es sustituir al pueblo, sino empujar su organización y su capacidad de lucha. La acción política es la forma concreta en que la organización anarquista se inserta en las luchas reales, aportando análisis, estrategia y coherencia. Sin esa intervención, el anarquismo se reduce a una idea sin cuerpo, a una moral sin fuerza.

En ese sentido, nuestra apuesta organizativa es clara. La plataforma anarquista no pretende ser un espacio más de afinidad o de encuentro informal. Nace como organización política, con vocación de continuidad, con una estructura que permita coordinar esfuerzos y definir una estrategia común. Militancia no es activismo espontáneo: es compromiso político, responsabilidad, disciplina colectiva. Y esa exigencia no es una carga, sino una condición de eficacia. Queremos militantes que piensen, que estudien, que actúen en función de un plan compartido. No una suma de individualidades que coinciden de vez en cuando.

Nuestra idea de organización no es centralista ni autoritaria, pero sí consciente de que la horizontalidad sin coordinación es impotente. Apostamos por la fomación política, la claridad ideológica y la unidad táctica. Cada frente de lucha y contexto necesita de herramientas específicas, pero todas deben responder a una estrategia común. Porque sin estrategia, toda táctica queda hueca y pasa a ser una soflama de principios abstractos.

Liza busca contribuir a una recomposición más amplia del movimiento libertario, dentro y fuera del Estado español. Queremos recuperar la idea de que el anarquismo puede ser una fuerza de masas, no una minoría moral. Que puede organizar al pueblo trabajador desde una perspectiva libertaria, sin delegar, sin caer en el electoralismo, ni en el nihilismo. Que puede construir poder de clase y libertario, sin reproducir la lógica espontánea y reformista de movimientos sociales y burocracias reformistas.

Nos vemos como parte activa de un proceso colectivo de reconstrucción más amplio. Lo hacemos sabiéndonos compañeras de viaje junto a otras tradiciones y tendencias, ofreciendo humildemente nuestra apuesta y predisposición al debate honesto. La plataforma es, en síntesis, una herramienta que sirva para pensar estratégicamente y actuar con coherencia. Una organización donde la ética, la prefiguración y la acción política se unan en una práctica común orientada a la transformación social.

Compañeras, compañeros: venimos de la derrota, pero no estamos condenados a ella. La historia del anarquismo demuestra que, cuando se organiza y tiene ambición política, puede transformar profundamente la realidad. No somos herederas de un pasado glorioso, sino responsables de un futuro que aún no existe. Liza no es un punto de llegada: es un punto de partida. Una apuesta por un anarquismo vivo, combativo y estratégico. Por una militancia que no se conforme con resistir, sino que se prepare para vencer.

Liza, Plataforma Anarquista de Granada.

https://regeneracionlibertaria.org/2025/10/20/carta-de-presentacion-de-liza-granada/
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