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(ca) Italy, Umanita Nova #26-25 - ¡Bloqueémoslo todo! (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Tue, 4 Nov 2025 07:58:48 +0200


Ya está aquí, algo se está moviendo. Cientos de miles de personas -¡hay quien incluso habla de un millón!- salieron a la calle contra la guerra y el genocidio en Palestina el lunes 22 de septiembre con motivo de la huelga general convocada por USB, CUB y otras siglas sindicales de base. ---- La novedad, sin embargo, no reside tanto en las cifras -excepcionales en los últimos años para una huelga convocada por sindicatos de base- ni en la fuerza concreta del lema "¡Bloqueémoslo todo!", que sin duda logró transformar la protesta en acción material.
Lo nuevo es que, al final de las manifestaciones realizadas en más de 80 localidades, en algunas ciudades la gente no volvió a casa. Ese mismo día o en los inmediatamente posteriores, en plazas, áreas industriales y portuarias surgieron piquetes permanentes, con tiendas, carpas y asambleas.
Iniciativas similares continúan naciendo incluso días después. Tras semanas de asambleas y manifestaciones locales contra el genocidio en Palestina y en apoyo a la Global Sumud Flotilla, que marcaron el comienzo de septiembre, la huelga general abrió una nueva fase más intensa de movilización.
Con la agitación extendida a los puertos y muchos lugares de trabajo, con los piquetes permanentes, se empieza poco a poco a superar la dinámica de las simples jornadas de movilización y se comienza a construir una dimensión cotidiana de la lucha.
Es una dinámica en evolución, en la que vemos cómo se amplía la participación y se involucran sectores de la sociedad que hasta ahora no habían salido a la calle.
Ciertamente, siguen teniendo un papel central las direcciones sindicales influenciadas por tendencias políticas autoritarias.
Pero hay que considerar que la oposición a la guerra ya ha demostrado implicar a trabajadorxs, independientemente de su afiliación sindical, y a sectores sociales mucho más amplios.
Por eso es fundamental que hagamos nuestra parte, llevando claramente el antimilitarismo al centro siempre que sea posible, sabiendo que en una situación tan fluida no solo pueden abrirse espacio prácticas y métodos libertarios, sino también temas y objetivos nuevos y radicales.

El 22 de septiembre fue una sorpresa para muchxs. Se ha descrito como inesperado, pero en realidad llevaba tiempo preparándose.
Las huelgas contra la guerra de años anteriores -en las que la componente anarquista y anarcosindicalista presente en el sindicalismo de base se implicó a fondo- fueron sin duda un terreno común para intentar devolver la huelga general al centro de la oposición a la guerra, convencidos de que solo la clase trabajadora tiene la fuerza de parar la producción y el comercio de armamento, de frenar la carrera armamentista y el alistamiento forzoso de toda la sociedad en la política belicista de los gobiernos.
La actividad de algunos grupos de trabajadorxs -como el Colectivo Autónomo de Trabajadorxs Portuarixs de Génova, el Grupo Autónomo Portuarixs de Livorno, Ferrovierxs Contra la Guerra, el Observatorio contra la militarización de escuelas y universidades-, aunque partiendo de posiciones muy distintas y con números reducidos, ha logrado tejer redes solidarias y campañas específicas, sensibilizando sobre el papel de infraestructuras e instituciones en las políticas militaristas, y construyendo en los lugares de trabajo las condiciones para tomar la iniciativa contra la guerra.
Las condiciones que permitieron el éxito de esta jornada de huelga las creó la propia arrogancia de los gobiernos, del actual gobierno dirigido por Giorgia Meloni y de los principales partidos parlamentarios al apoyar la política de rearme, el aumento del gasto militar, la implicación creciente de Italia en guerras y el respaldo al Estado de Israel.
Además, esta huelga fue preparada en algunos territorios mediante procesos organizativos amplios y convocada en un clima de creciente atención a la situación en Gaza y a la Flotilla.
Así, a pesar de la desinformación sobre el derecho a huelga, la escasa visibilidad otorgada por los medios oficiales y la intervención de la Comisión de Garantía contra algunas siglas que habían adherido -en particular contra la USI-CIT-, nada pudo frenar el impulso del 22 de septiembre.
Incluso la huelga de la CGIL, presentada falsamente como huelga general y convocada para el viernes 19 de septiembre, lejos de debilitar la huelga general del día 22 -como sin duda habrían deseado ciertos burócratas-, terminó teniendo casi el efecto contrario.

Aun así, este resultado no era en absoluto seguro, ya que se trataba de una huelga completamente política, en solidaridad con Gaza, con la Global Sumud Flotilla, una huelga contra el rearme y la economía de guerra.
Pero precisamente por eso consiguió catalizar la oposición a la guerra presente en la sociedad y trasladar al plano político la tensión humanitaria que en las semanas anteriores ya había movilizado a decenas de miles de personas en la recolección de materiales para la Flotilla.
En un momento en que los poderosos del mundo juegan a la guerra de forma cada vez más peligrosa, arriesgando provocar una extensión del conflicto en Europa oriental, mientras el Estado de Israel lleva hasta el extremo sus planes de deportación y genocidio contra la población palestina de Gaza.
Desde muchos lugares se dice que estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo movimiento.
Lo que sí es cierto es que ya no se podrá afirmar, como muchxs han hecho hasta ahora, que la oposición a la guerra existe solo en las encuestas y no en las calles.
Con los bloqueos en accesos portuarios, salidas de autopistas, estaciones de tren y grandes arterias de comunicación, se ha dado una salida política concreta a esta oposición.
En Livorno, Taranto, Génova se han conseguido victorias -parciales, sí, pero victorias- porque la movilización de trabajadorxs y de un amplio movimiento solidario bloqueó efectivamente operaciones de descarga de barcos con carga militar o consideradas implicadas en la política genocida y militarista del Estado de Israel.

En este momento hay que saber ir hasta el final.
Eso significa no solo llevar un discurso antimilitarista, internacionalista, en resumen revolucionario, a estas movilizaciones.
Sino, sobre todo, difundir la práctica de la acción directa, por fuera y en contra de la mediación institucional, fomentar formas de autoorganización y horizontalidad en la toma de decisiones para ampliar la participación y multiplicar los bloqueos hasta que se conviertan en una práctica de masas.
Hagamos temblar a quienes quieren imponernos el gobierno del terror y del miedo.
Hagamos que se derrumbe el suelo bajo los pies de quienes hacen la guerra.

Dario Antonelli

https://umanitanova.org/blocchiamo-tutto-3/
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