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(ca) Italy, Sicilia Libertaria #462 - USAI 2 - El paraíso de las escuelas privadas "paritarias" (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]
Date
Sat, 1 Nov 2025 08:51:33 +0200
¿Qué perspectivas para los chicos? ---- Los chicos y chicas que se
inscriben en institutos paritarios obtienen una especie de alivio
inmediato: un ambiente mucho más relajado, cargas de estudio aligeradas,
si no inexistentes, la percepción de que sin duda serán promovidos... Es
evidente que sienten que se han sacudido de encima algunos problemas.
Pero, una vez fuera de ese entorno "protegido", en el que el imperativo
es hacerlos avanzar a toda costa -sobre todo al precio de la matrícula-,
¿qué impacto podrían sufrir? Obtendrán sí un diploma legalmente válido,
pero ¿qué competencias -término hoy tan sobreutilizado- habrán realmente
adquirido?
Con el tiempo, muchos jóvenes se dan cuenta de ello y toman conciencia
de haber hecho una elección que, sí, les permitió tener ese papel entre
las manos, pero vacío de su verdadero significado: un camino de
crecimiento y estudio. Entendiendo que, al final, la escuela pública,
aunque con sus innegables defectos, no era tan mala.
¿Cómo es posible que estos estudiantes superen un examen de madurez
idéntico al de una escuela estatal, dadas estas premisas? Para responder
a esta pregunta hay que partir de un supuesto: todos, estudiantes,
docentes y empresarios, son conscientes de que, si en el examen
apareciera un inspector del Ministerio, habría problemas. La presencia
de estos últimos, a decir verdad, sigue siendo rara o inexistente, a
pesar de las fantasmagóricas medidas adoptadas por el nuevo gobierno. De
todos modos, todos los esfuerzos se centran en terminar la obra sin
"sacudidas". El presidente de la comisión y los externos designados, al
darse cuenta de la situación, colaboran con los comisarios internos para
apoyar a los estudiantes lo más posible, con mucha "generosidad" en la
fase de evaluación. ¿Qué sentido tiene? A estas alturas, la otra
pregunta sería: ¿qué sentido tendría cortar el camino justo al final,
después de haberlos llevado sin sobresaltos hasta ese punto, con la idea
subyacente de terminar indemnes? Es raro, por tanto, que alguien se oponga.
¿Qué perspectivas para los docentes?
En todo este caos, falta un análisis sobre uno de los protagonistas
esenciales cuando se trata de escuela: los profesores de las escuelas
paritarias.
Ante todo, estos no son reclutados mediante las listas de méritos
válidas para la escuela estatal; ya desde este primer momento cabe
preguntarse qué se entiende por "paritario" respecto al sistema público.
Es el propietario de la empresa -o quien haga sus veces en recursos
humanos- quien se encarga de evaluar los currículums, realizar
entrevistas y luego contratar con criterios puramente discrecionales. No
hay lista que valga, y la escuela paritaria simplemente debería
comprobar que el docente cumpla los requisitos mínimos.
Igualmente "poco paritaria" es la metodología contractual: si va bien,
se firma un contrato hasta el 30 de junio, de colaboración coordinada y
continuativa, con el que se cobra un sueldo "por presencia" sin
vacaciones ni baja por enfermedad, con un pago neto medio de 10 euros la
hora. El caso más escandaloso fue el del periodo Covid, con mareas de
docentes en casa que simplemente no cobraron ni un euro durante los días
de convalecencia. Si va mal, el "pago" consiste en los puntos para las
listas provinciales que el trabajo hace ganar. Italia ya es la última en
Europa en salarios docentes estatales; pero aquí la situación es mucho
peor. Considerando que en una secundaria el máximo es de 18 horas
semanales, hablamos de un salario máximo que no supera los 800 euros
mensuales. Y eso en el mejor de los casos, porque muchas de estas
instituciones tienen pocas clases y no llegan a cubrir las 18 horas,
sobre todo en asignaturas con pocas horas semanales.
Ante condiciones contractuales así, uno se pregunta qué sentido tiene
insistir en la naturaleza "paritaria" si son los propios propietarios
quienes califican indirectamente su servicio como de baja calidad. De
otro modo, no se explicaría semejante disparidad con los contratos
estatales.
¿Y la enseñanza real? En un contexto de precariedad como el de la
escuela italiana, un contrato con una paritaria es para los jóvenes
docentes una de las pocas formas de sumar puntos y experiencia. Los
empresarios del sector lo saben y se aprovechan. Lo que parece una
oportunidad se convierte en un auténtico chantaje laboral: quien
contrata se siente fuerte del supuesto "privilegio" que concede al
aspirante a funcionario, que ya de entrada está dispuesto a aceptar las
condiciones pensando en un futuro mejor en la pública.
Cuando en una entrevista se escucha: «En esta escuela no nos gustan las
malas notas», el mensaje es clarísimo.
Si algo puede considerarse realmente "paritario" entre estas escuelas y
las públicas, son las responsabilidades que los docentes deben asumir.
De hecho, probablemente una paritaria sea aún más exigente: además del
trabajo educativo esperado, está la obligación de cuidar la imagen de la
escuela como empresa. Y ahí está una de las mayores distorsiones: el
docente trata con "estudiantes-clientes" -o más bien "padres-clientes"-
que deben ser satisfechos para generar beneficios. El profesor de una
paritaria no es libre: por muy motivado que esté y por mucho que quiera
aplicar estrategias educativas de calidad, siempre deberá adaptarse a
las lógicas empresariales, al clientelismo y al mensaje implícito de que
los hijos progresarán porque se está pagando. Ante esto, ¿por qué
oponerse? Y se aprueba a todos; inflando las notas para permitir el paso
de curso, la admisión a exámenes y el diploma. Todo confirma, una vez
más, la necesidad de repensar la evaluación para que no siga imperando
esta "hegemonía de la nota" y se valore el verdadero recorrido del alumno.
Cuando, como sucede a menudo, se encuentran clases inmanejables con
múltiples problemas de comportamiento, hay que recordar que la
responsabilidad no recae en los chicos sino, como es justo subrayar, en
una clase dirigente incapaz de construir un sistema escolar funcional
con leyes claras y equitativas que eviten estas desigualdades. ¡Nada de
"paritarias"!
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