A - I n f o s

a multi-lingual news service by, for, and about anarchists **
News in all languages
Last 30 posts (Homepage) Last two weeks' posts Our archives of old posts

The last 100 posts, according to language
Greek_ 中文 Chinese_ Castellano_ Catalan_ Deutsch_ Nederlands_ English_ Francais_ Italiano_ Polski_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Türkurkish_ The.Supplement

The First Few Lines of The Last 10 posts in:
Castellano_ Deutsch_ Nederlands_ English_ Français_ Italiano_ Polski_ Português_ Russkyi_ Suomi_ Svenska_ Türkçe_
First few lines of all posts of last 24 hours

Links to indexes of first few lines of all posts of past 30 days | of 2002 | of 2003 | of 2004 | of 2005 | of 2006 | of 2007 | of 2008 | of 2009 | of 2010 | of 2011 | of 2012 | of 2013 | of 2014 | of 2015 | of 2016 | of 2017 | of 2018 | of 2019 | of 2020 | of 2021 | of 2022 | of 2023 | of 2024 | of 2025

Syndication Of A-Infos - including RDF - How to Syndicate A-Infos
Subscribe to the a-infos newsgroups

(ca) New-Zeland: Licencias Digitales y el Nuevo Panóptico: La Transición a las Identificaciones en Smartphones en Aotearoa (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Wed, 8 Oct 2025 08:58:45 +0300


El 23 de agosto de 2025, el Gobierno de Nueva Zelanda anunció que legislaría para permitir que las licencias de conducir, los Certificados de Aptitud Física (WoF) y los certificados de aptitud física se lleven digitalmente en los smartphones. Por primera vez, los conductores ya no estarán obligados legalmente a llevar consigo una licencia física al conducir. El Primer Ministro Christopher Luxon elogió el cambio como "una decisión de sentido común", mientras que el Ministro de Transporte Chris Bishop celebró la posición de Nueva Zelanda como pionero mundial, presumiendo que este país sería uno de los primeros del mundo en adoptar la licencia totalmente digital.

A primera vista, esto parece una modernización inofensiva: una reforma diseñada para facilitar la vida de las personas al reducir la dependencia de las tarjetas de plástico y los certificados en papel. Se presenta como una actualización que refleja la ubicuidad de los smartphones, el auge de las billeteras digitales y la creciente impaciencia de una sociedad acostumbrada a los servicios instantáneos. Sin embargo, como ocurre con muchas reformas disfrazadas de eficiencia y conveniencia, hay mucho más en juego. La digitalización de licencias y WoF no es un avance neutral, sino una extensión calculada de la vigilancia, la exclusión y el control estatal bajo el pretexto de la modernización.

Las licencias digitales forman parte de un proyecto más amplio que normaliza la vigilancia, profundiza la desigualdad e incrusta aún más la dominación capitalista y estatista en la vida cotidiana. El aparente "progreso" en el ámbito de la gobernanza digital debe verse con recelo.

La retórica de la conveniencia: eficiencia que enmascara el control

La principal justificación del Estado para introducir licencias digitales reside en la conveniencia. Los ministros hablan de simplificar la vida, alinear a Nueva Zelanda con otros países tecnológicamente avanzados y ahorrarles a los ciudadanos la supuesta molestia de llevar tarjetas físicas. Sin embargo, la conveniencia ha sido durante mucho tiempo un pretexto retórico para políticas que, de hecho, aumentan la supervisión estatal.

Llevar una tarjeta de plástico puede ser ligeramente incómodo, pero otorga cierta independencia. Una licencia física existe en tu billetera, fuera del control de cualquier red, aplicación o base de datos. Es vulnerable a pérdidas o robos, pero también es tangible e independiente. Sin embargo, una licencia digital nunca es completamente tuya. Reside en una aplicación diseñada por el Estado en colaboración con contratistas privados, vinculada a bases de datos que escapan a tu control. Cada vez que se accede o se presenta, se puede generar, almacenar y, potencialmente, cruzar un registro con otra información sobre ti.

Debemos desconfiar de las reformas que aumentan la visibilidad de las personas ante el Estado. Como nos recuerda el análisis del panóptico de Michel Foucault, la vigilancia no necesita ser continua para ser efectiva. Saber que alguien puede ser vigilado en cualquier momento basta para regular el comportamiento. Al migrar las licencias y las palabras de fe a sistemas digitales, el Estado amplía su capacidad de vigilancia, registro y, en última instancia, disciplina.

Vigilancia en la era digital

Los peligros de los sistemas de identidad digital no son especulativos. En todo el mundo, vemos cómo las bases de datos centralizadas y las credenciales digitales se convierten en herramientas del autoritarismo. En India, el sistema de identificación biométrica Aadhaar se ha utilizado para denegar asistencia social a quienes no superan el escaneo de huellas dactilares, mientras que en China, las identificaciones digitales se integran a la perfección en el sistema más amplio de "crédito social" que castiga la disidencia y recompensa la conformidad.

Nueva Zelanda no es inmune a estas dinámicas. Una vez construida la infraestructura para las licencias digitales, resulta relativamente sencillo integrarla con otros sistemas estatales: registros de prestaciones, registros de votantes e incluso datos de salud. Lo que comienza como una "licencia de conducir en el teléfono" puede evolucionar a una identificación digital integral. Esta es la lógica de la expansión del alcance, en la que las tecnologías introducidas con fines limitados se expanden a ámbitos de control más amplios.

Los defensores argumentan que los sistemas digitales aumentan la seguridad, pero ¿seguridad para quién? Para el Estado, los registros digitales crean rastros de evidencia más fiables, más oportunidades para verificar el cumplimiento y más formas de castigar el incumplimiento. Para los ciudadanos, sin embargo, significan menos privacidad, menos autonomía y una sensación cada vez más profunda de que sus movimientos y actividades quedan registrados permanentemente.

La brecha digital y la exclusión estructural

Otro aspecto que se pasa por alto en la retórica triunfalista del Gobierno es la cuestión del acceso. Las licencias digitales presuponen que cada ciudadano posee y puede operar un teléfono inteligente capaz de ejecutar aplicaciones gubernamentales. Sin embargo, esto dista mucho de ser cierto.

Las familias de bajos ingresos, las personas mayores, las comunidades rurales maoríes y de las islas del Pacífico, y quienes simplemente no pueden permitirse la actualización constante de sus dispositivos, corren el riesgo de ser excluidos. Si bien el Gobierno insiste en que las licencias digitales serán una opción, la realidad, debido a las expectativas sociales y la inercia burocrática, es que las licencias físicas pronto quedarán relegadas. Una vez que la policía, las agencias de alquiler o incluso los clubes nocturnos...
Una vez que la policía, las agencias de alquiler o incluso los clubes nocturnos se acostumbren a verificar las credenciales digitales, quienes no las tengan se verán marginados, considerados atrasados o incluso sospechosos.

Desde una perspectiva anarcocomunista, esto revela la naturaleza clasista de las reformas digitales. Las tecnologías que se presentan como beneficiosas para todos a menudo refuerzan las desigualdades existentes. Los ricos, conectados y expertos en tecnología obtienen mayor comodidad, mientras que los marginados se ven obligados a asumir nuevas capas de exclusión. Esto refleja la lógica del propio capitalismo: reformas que parecen progresistas en la superficie ocultan su verdadera función de estratificar la sociedad y consolidar las jerarquías.

Captura corporativa y la mercantilización de la identidad

Ningún sistema digital opera de forma aislada del capitalismo. El desarrollo y el mantenimiento de la infraestructura para las licencias de teléfonos inteligentes inevitablemente involucrarán a contratistas privados, proveedores de la nube y diseñadores de aplicaciones. El Estado presenta la implementación como un acto neutral de gobernanza, pero en realidad es otra transferencia de la dependencia pública al capital privado.

Las corporaciones se benefician de dos maneras. Primero, a través de contratos directos para el diseño y mantenimiento de los sistemas. En segundo lugar, y de forma más insidiosa, a través de la monetización de datos. Una vez digitalizadas las identidades de las personas, la tentación de vincularlas con el comportamiento del consumidor, las transacciones financieras y la actividad en redes sociales se vuelve inmensa. Incluso si el gobierno de Nueva Zelanda jura proteger los datos, sabemos por innumerables ejemplos internacionales que la privatización sigilosa no tardará en llegar.

La mercantilización de la identidad, donde nuestra propia capacidad de movernos, conducir o demostrar quiénes somos se convierte en una fuente de lucro, contradice totalmente los principios anarcocomunistas. La identidad debería ser un recurso común, depositado en confianza por las comunidades, no un producto gestionado por los estados y explotado por las corporaciones.

Fragilidad y dependencia

Quienes defienden las licencias digitales suelen argumentar que son "más seguras" que las tarjetas físicas. Sin embargo, esto pasa por alto la fragilidad de los sistemas digitales. Los teléfonos inteligentes se quedan sin batería, las aplicaciones fallan, los servidores se desconectan y los sistemas pueden ser hackeados. Una tarjeta de plástico no depende del wifi, la cobertura 4G ni de la última actualización del sistema operativo.

La dependencia digital no es resiliencia, sino vulnerabilidad. Al vincular credenciales esenciales a dispositivos y redes, el Estado aumenta la dependencia de los ciudadanos de infraestructuras frágiles que pueden fallar, y de hecho fallan. Esta fragilidad suele minimizarse en la prisa por modernizarse, pero será el público quien cargue con el coste cuando se produzcan interrupciones o ciberataques.

La resiliencia reside en la descentralización, no en sistemas centralizados frágiles. Una licencia física, por imperfecta que sea, encarna un tipo de autonomía que los sistemas digitales no pueden replicar.

El mito del liderazgo tecnológico

El ministro Bishop se jactó de que Nueva Zelanda sería uno de los primeros países del mundo en implementar un sistema de este tipo. Este orgullo por ser pionero es revelador. El Estado presenta la aceleración tecnológica como inherentemente virtuosa, como si ser el primero confiriera superioridad moral. Sin embargo, ser el primero en adoptar una tecnología defectuosa o autoritaria no es un triunfo, sino un peligro.

La arrogancia tecnológica lleva a los gobiernos a adoptar sistemas antes de comprender plenamente sus riesgos. Para cuando surgen las consecuencias negativas, el sistema ya está arraigado y revertirlo se vuelve política y técnicamente difícil. Esta es la dependencia de la gobernanza digital: una vez que la sociedad se ve atrapada en una infraestructura, se vuelve casi imposible salirse.

En lugar de apresurarse a ser pioneros, una política genuinamente emancipadora se preguntaría si estos sistemas son realmente necesarios y si realmente mejoran la libertad humana.

Hacia alternativas: Identidad centrada en la comunidad

Si la sociedad requiere sistemas de identidad y rendición de cuentas, estos deben construirse desde cero de manera que protejan la autonomía en lugar de erosionarla. Las credenciales emitidas por la comunidad, supervisadas por colectivos locales en lugar de estados centralizados, ofrecen una posibilidad. Dichos sistemas pueden ser físicos o digitales, pero deben seguir siendo de código abierto, transparentes y no mercantilizados. En lugar de ser gestionados por corporaciones, la identidad podría tratarse como un bien común, propiedad y gobernado colectivamente.

Igualmente, las comunidades podrían experimentar con métodos no identitarios de rendición de cuentas. En lugar de demostrar la identidad mediante documentos, las personas podrían ser reconocidas mediante relaciones de confianza, responsabilidad mutua y rendición de cuentas local. Estas medidas pueden parecer poco prácticas en el contexto de los estados-nación modernos, pero nos recuerdan que los sistemas burocráticos de identidad no son naturales ni eternos. Son construcciones históricas que pueden resistirse, desmantelarse o reemplazarse.

Resistencia y praxis
¿Cómo deberían, entonces, responder los anarcocomunistas a la implementación de las licencias digitales? La resistencia debe operar en múltiples niveles.
En primer lugar, está la labor de educación y movilización, exponiendo los verdaderos peligros de las identificaciones digitales y cuestionando la narrativa de la conveniencia.
Esto implica escribir, hablar y organizarse en las comunidades para garantizar que la gente vea más allá de la retórica superficial del gobierno.

En segundo lugar, existe la demanda de una verdadera opción: que las licencias físicas sigan estando disponibles permanentemente, sin penalizaciones ni estigmas por usarlas. Cualquier intento de eliminar progresivamente las opciones físicas debe ser rechazado como coerción.

Finalmente, debemos conectar este tema con la lucha más amplia contra el capitalismo de vigilancia y el poder estatal. Las licencias digitales no son una reforma aislada, sino parte de un proceso continuo de control que incluye el reconocimiento facial, los pasaportes biométricos y la vigilancia algorítmica. Solo vinculando estas luchas podremos organizar una resistencia efectiva.

La propuesta del Gobierno de permitir que las licencias de conducir y las palabras de viaje se almacenen en teléfonos inteligentes se ha presentado como una modernización pragmática, un paso hacia la comodidad en un mundo digital. Sin embargo, bajo esta retórica se esconde una realidad mucho más preocupante. Las licencias digitales profundizan la vigilancia, refuerzan la desigualdad, transfieren funciones públicas al capital privado y hacen que los ciudadanos dependan de tecnologías frágiles.

Estos desarrollos no son neutrales. Son extensiones de un sistema más amplio en el que el Estado y el capital colaboran para regular y mercantilizar la vida cotidiana. La narrativa de la conveniencia oculta la erosión de la autonomía, la profundización de la exclusión y el afianzamiento del poder jerárquico.

Por lo tanto, debemos rechazar que las licencias digitales se presenten como una reforma de "sentido común". En cambio, deberíamos verlas como otra frontera en la lucha entre la liberación y el control. Nuestra tarea no es solo criticar, sino resistir, imaginar alternativas y construir sistemas arraigados en la comunidad, la autonomía y la ayuda mutua.

El Estado quiere hacernos creer que el progreso reside en llevar nuestras identidades en el bolsillo, listas para ser mostradas con solo pulsar una pantalla. Debemos insistir en que el verdadero progreso reside en otra parte: en desmantelar el aparato de vigilancia y construir una sociedad en la que la identidad no sea un arma de control, sino un recurso compartido de libertad.

https://awsm.nz/digital-licences-and-the-new-panopticon-the-move-to-smartphone-ids-in-aotearoa/ _______________________________________
AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
De, Por y Para Anarquistas
Para enviar art�culos en castellano escribir a: A-infos-ca@ainfos.ca
Para suscribirse/desuscribirse: http://ainfos.ca/mailman/listinfo/a-infos-ca
Archivo: http://www.ainfos.ca/ca
A-Infos Information Center