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(ca) Brazil, OSL: ¡Cárcel para Bolsonaro por todos sus crímenes, sin ninguna confianza en las instituciones burguesas! (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Wed, 1 Oct 2025 08:21:55 +0300


Publicamos contenido de la resolución interna de la OSL sobre el juicio al expresidente Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado, que tendrá lugar en los próximos días. En lugar de hacernos eco de los llamados a la condena, buscamos analizar el verdadero papel de la justicia, la disputa entre facciones de las clases dominantes y la necesidad de que las clases oprimidas luchen, sin hacerse ilusiones sobre las instituciones del Estado y el capital. ---- 1. La polarización superficial en la escena política brasileña y la reorganización estructural del capitalismo brasileño
La escena política sigue marcada por una polarización superficial entre el lulismo y el bolsonarismo. Esta dicotomía, reproducida especialmente por los medios burgueses, oscurece los elementos estructurales de la dominación de clase del capitalismo en Brasil. Un ejemplo de ello es la cobertura de la reciente decisión del Supremo Tribunal Federal (STF) de acusar a Bolsonaro y sus aliados de intento de golpe de Estado. Esta decisión, a pesar de ser ampliamente debatida, no revela que el episodio forma parte de un movimiento para reorganizar facciones de las clases dominantes. Esta medida, lejos de representar un acto de justicia, sirve más bien como herramienta para restablecer los límites de la democracia liberal, sacudida por los militares y la extrema derecha en general, quienes han roto con el pacto burgués tradicional. En otras palabras, es un intento, desde el principio, de ser ilusorio para la clase trabajadora, ya que reduce la verdadera polarización (clases dominantes vs. clases oprimidas) al reforzar la institucionalidad burguesa, mientras continúa priorizando el proyecto neoliberal.

La denuncia de la Operación "Puñal Verde-Amarillo" -con planes para asesinar a Lula, Alckmin y Alexandre de Moraes- confirma el carácter golpista del bolsonarismo. Sin embargo, es fundamental cuestionar las acciones tardías y selectivas de la Procuraduría General de la República (PGR) y la Policía Federal (PF), así como comprender por qué estos organismos no actuaron de forma similar en otras ocasiones. Durante el gobierno de Bolsonaro, delitos como el manejo sanguinario de la pandemia se trataron con una considerable complicidad institucional. El cambio de postura no hace más que reforzar la idea de que se trata de una disputa intraburguesa, no de una justicia efectiva ni de una posible ruptura con el modelo autoritario actual. Prueba de ello es la total renuencia del gobierno actual a destituir a militares bolsonaristas de puestos estratégicos, como la Oficina de Seguridad Institucional (GSI) y la Agencia Brasileña de Inteligencia (ABIN). Uno de los imputados por el golpe, el teniente coronel André Luis Cruz Correia, se encargaba de la seguridad personal de Lula. Si se hubieran priorizado los principios éticos más básicos, Bolsonaro y sus cómplices al menos habrían sido condenados tras la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) sobre la COVID-19.

2. El Supremo Tribunal Federal (STF) y la función política de las instituciones burguesas
El Supremo Tribunal Federal (STF), como aparato jurídico del orden burgués, actúa en consonancia con los intereses de las clases dominantes, no por compromiso con valores democráticos abstractos. La historia de la llamada "redemocratización" de Brasil está marcada por la impunidad de los torturadores y la continuidad del aparato represivo de la dictadura militar. El castigo a Bolsonaro y a los militares es, por lo tanto, una excepción que confirma la regla: solo ocurre porque su proyecto autocrático ha excedido los límites de la estabilidad tolerable para el régimen burgués, especialmente mediante el ataque sistemático al Supremo Tribunal Federal (STF), uno de los pilares de la sociedad de clases. No es irrelevante que los militares estén siendo juzgados por un intento de golpe de Estado por primera vez en la historia de Brasil, pero esto no puede confirmarse sin la debida crítica.

Retomemos el ejemplo de la Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) sobre la COVID-19, que es bastante ilustrativo: el escándalo fue silenciado y no se rindieron cuentas concretas. El verdadero objetivo del poder judicial es preservar las estructuras del capitalismo-estatismo y operar para mantener intactos los pilares de la dominación de clase. El movimiento actual avanza hacia una posible recomposición entre sectores del poder judicial, el gobierno y las Fuerzas Armadas, para sellar un nuevo pacto de conciliación sin rupturas reales con la injusticia sistémica y el autoritarismo arraigado en las instituciones.

3. Ajuste fiscal y explotación continua
Mientras la extrema derecha es juzgada en el Supremo Tribunal Federal (STF), el gobierno de Lula-Alckmin profundiza las medidas de austeridad fiscal, recorta la inversión social y preserva los intereses de la agroindustria, la banca y las grandes corporaciones. La violencia estatal continúa operando en los territorios periféricos con la misma brutalidad que en la era Bolsonaro, ya sea bajo gobiernos de derecha o de centroizquierda. La narrativa oficial de "defender la democracia" ignora que esta es, en esencia, una dictadura del capital.

El pacto con el Centrão y sectores del empresariado demuestra que la derrota electoral del bolsonarismo no implicó la derrota de su base económica ni de su agenda política.

Liberal. El silencio de las fuerzas políticas institucionales ante estos acuerdos revela el debilitamiento de la mediación progresista dentro del régimen.

4. Los "antifascistas" liberales y la continuidad del autoritarismo
La detención de Bolsonaro puede representar una derrota momentánea para la extrema derecha, pero no elimina sus bases materiales: la agroindustria, el empresariado reaccionario, la policía militarizada y una parte significativa de las Fuerzas Armadas permanecen intactas. El "antifascismo" propagado por sectores de los medios de comunicación y la élite legal se limita al espectáculo judicial y a la defensa del orden institucional.

Al mismo tiempo, la represión de huelgas, ocupaciones y protestas populares se mantiene activa. El enfoque de frente amplio promovido por el gobierno de Lula-Alckmin impide cualquier confrontación estructural con el autoritarismo, que seguirá operando mientras no se aborden las condiciones de su reproducción (pobreza, racismo, patriarcado, militarización). El mismo gobierno elegido con la agenda "antifascista" se enfrenta a movimientos sociales y sindicales (como las huelgas en el IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística), el INSS (Instituto Nacional de Seguridad Social) y universidades e institutos federales). Desde su victoria electoral en 2002, el proyecto del Partido de los Trabajadores (PT) se ha posicionado como un freno a la autonomía de las luchas populares y, en especial, al método histórico de los trabajadores: la acción directa. Por lo tanto, cualquier análisis de izquierda debe tener claro que el sistema judicial no es neutral y que sus decisiones se basan en intereses políticos y económicos de clase. El encarcelamiento de Bolsonaro no es una mera cuestión técnica; se utilizan cuestiones técnicas para validar una decisión deliberada con antelación por importantes sectores de las clases dominantes.

Un argumento recurrente entre los sectores progresistas es que castigar a los golpistas de extrema derecha sentaría un peligroso precedente para la futura criminalización de la izquierda. Si bien esta preocupación por sí sola revela la naturaleza represiva del Estado y del capitalismo, invierte la lógica de la lucha política: no es el castigo a la extrema derecha lo que allana el camino para la represión de los movimientos populares, sino el funcionamiento selectivo y clasista de la justicia bajo el capitalismo, que reprime la lucha social. El aparato judicial y policial no necesita un precedente para atacar a huelguistas, ocupaciones, sindicatos combativos o movimientos por la vivienda; estos ya son blancos históricos de represión, incluso bajo gobiernos progresistas. La justicia no opera con imparcialidad jurídica, sino que es expresión del equilibrio de poder entre clases. Por lo tanto, no es la coherencia formal de las sentencias lo que garantiza o amenaza los derechos democráticos, sino el nivel de organización y resistencia de la clase trabajadora. El pueblo será criminalizado siempre que desafíe los intereses de las clases dominantes, con o sin precedentes. La tarea central no es temer la represión y así absolver a los enemigos de clase, para no crear precedentes legales, sino organizarse para enfrentarla con solidaridad y unidad de acción. 5. Justicia burguesa, imperialismo y correlación de fuerzas
Para complementar esta situación, otro ejemplo es el aumento arancelario del 50% impuesto por Donald Trump a los productos brasileños, aunque parcialmente ajustado, y la represalia contra los jueces del Tribunal Supremo que lideraron el juicio a Bolsonaro, mediante la Ley Magnitsky. Ambas medidas son otra clara demostración de que la llamada "justicia" o "legalidad" nunca opera de forma neutral, sino como un instrumento de poder. Así como el Tribunal Supremo utiliza argumentos técnicos y legales para validar decisiones que corresponden a un reajuste de los intereses internos de las clases dominantes, Trump moviliza medidas comerciales y legales para dar forma legal a un ataque político y económico que expresa los intereses estratégicos del imperialismo estadounidense. La técnica, por lo tanto, es solo un disfraz para la verdadera lucha política.

Por lo tanto, no se trata de justicia ni de equilibrio institucional, sino de correlación de fuerzas. El juicio a Bolsonaro por el Supremo Tribunal Federal y la ofensiva imperialista de Trump forman parte de la misma lógica en la que las clases dominantes, tanto internas como externas, utilizan el aparato legal y político para garantizar (o expandir) su dominio. La ilusión de imparcialidad solo sirve para enmascarar los intereses de clase que subyacen a cada decisión judicial o arancelaria. Comprender esto es esencial para que la clase trabajadora no deposite su confianza en instituciones que, ya sea en Brasilia o Washington, actúan como armas del capital contra el pueblo.

6. Construir la independencia política y de clase mediante el poder popular autogestionado.
La independencia de las clases oprimidas en lucha es la única manera de enfrentar consecuentemente las injusticias sistémicas y el neoliberalismo. Confiar en la justicia burguesa o en las instituciones estatales es un camino hacia la desmovilización y la derrota. La lucha contra la extrema derecha no puede limitarse a exigir la detención de sus líderes; es necesario atacar todo el sistema que la generó.

Es fundamental fortalecer luchas concretas e independientes: contra la presión salarial, la destrucción de los servicios públicos, la violencia estatal y la precariedad laboral, etc. Una izquierda verdaderamente clasista necesita construir alternativas organizativas basadas en la acción directa, la democracia de base y la autonomía respecto de los gobiernos e instituciones de las clases dominantes. Solo con nuestros principios históricos de organización podemos articular una lucha verdaderamente antifascista y luchar por la justicia social.

7. Tareas inmediatas y estratégicas de la clase trabajadora
Para intervenir en la situación actual sin caer en las trampas del institucionalismo ni del moralismo burgués, proponemos:

Abogar por el castigo de Bolsonaro, los militares y los líderes empresariales involucrados no solo en el intento de golpe de Estado, sino también por responsabilizarlos por los crímenes de la pandemia. Enfatizando siempre que este proceso es una disputa interna dentro de las clases dominantes, sin poder de decisión por parte de las clases oprimidas a lo largo de este episodio.

Denunciamos la naturaleza selectiva y antipopular de la justicia burguesa, exponiendo su función de preservar los intereses de las élites.

Rechazamos la confianza en las instituciones del régimen como camino hacia la emancipación popular. La justicia no es posible bajo la tutela del capital.

Articulamos las luchas económicas y sociales con una crítica directa al sistema político y económico, denunciando los límites del gobierno de Lula-Alckmin.

Enfatizamos que la justicia solo se alcanzará tras construir espacios de organización independiente, con una base territorial, sindical, estudiantil y popular, que resistan la cooptación y actúen desde la perspectiva del poder popular autogestionado.

La detención de Bolsonaro altera momentáneamente el equilibrio de poder, mejorando las condiciones para el progreso de la organización de la clase trabajadora, pero no rompe la hegemonía autoritaria ni aborda ningún problema estructural de nuestra sociedad. La democracia actual sigue controlada por un bloque de clases que gestiona la explotación, reprime la revuelta y coopta la resistencia. La verdadera justicia -la que puede transformar vidas- surgirá de la acción independiente y organizada de la clase trabajadora, rompiendo con toda forma de dominación capitalista.

https://socialismolibertario.net/2025/09/01/prisao-para-bolsonaro/
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