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(ca) Spaine, Regeneracion: ¿Qué debe significar federación para el anarquismo revolucionario organizado? Por LIZA (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Tue, 16 Sep 2025 09:18:43 +0300


El modelo federativo es un modelo político organizativo basado en la libre asociación de individuos, entidades y comunidades, que se unen de forma voluntaria y horizontal para coordinar esfuerzos sin perder su autonomía. Podría representar una alternativa política radical a las formas organizativas de las estructuras jerárquicas y centralizadas del estado y el capitalismo, si estuviera intrínsecamente vinculado a una economía socialista y de redistribución común de las necesidades.

Una federación es una agrupación institucionalizada de entidades autónomas que se unen con un propósito común. En el anarquismo ha cumplido históricamente el objetivo de fortalecer la acción social coordinada y evitar la concentración del poder. A diferencia del centralismo, la federación pretende distribuir el poder equitativamente entre sus participantes. En un modelo federalista los núcleos locales eligen a sus representantes para defender su posición en la junta federal. Además, estos cargos son revocables y no representativos suponiendo una forma de democracia directa con delegados.

Se da protagonismo a la participación de base y la acción colectiva desde abajo como fundamento para garantizar que el poder popular se ejerce de una manera directa. Este proceso de toma de decisiones implica un compromiso común con la justicia social, la libertad y la autogestión que otorga autonomía política colectiva. Desde la generación de propuestas, su deliberación, su acuerdo o ratificación, y la implementación, fomenta una cultura de participación activa, de apoyo mutuo y responsabilidad compartida.

Orígenes y desarrollo del Federalismo Anarquista

El concepto de federación tiene raíces en las luchas populares y el pensamiento socialista del siglo XIX, pero fue el anarquismo quien primeramente lo desarrolló como alternativa al estado y al capitalismo.

Pierre-Joseph Proudhon fue el primer teórico en sistematizar el concepto de federalismo como organización de la sociedad. En su obra El principio federativo (1863), describe el federalismo como una alternativa al centralismo estatal y al caos. Para Proudhon, en la federación el poder emana desde la base y no desde una autoridad central. Su propuesta se basaba en la creación de una red de asociaciones voluntarias que garantizara la autogestión y la cooperación mutua sin necesidad de un estado.

Mijaíl Bakunin fue quien llevó el concepto de federalismo anarquista más allá y defendió el principio de federación como forma orgánica para la organización de la clase obrera basada en la libre asociación de sindicatos y grupos locales.

Otros revolucionarios de renombre han defendido históricamente el modelo federal y confederal como principio organizativo para las comunidades de autonomía, los sindicatos o los colectivos libertarios. Entre ellos podemos destacar a Rocker, Lucy Parsons, Bookchin o el mismísimo Malatesta.

Además, este sistema de organización ha superado con creces el marco teórico y se ha puesto a prueba históricamente en la organización de territorios, sindicatos, coordinadoras de colectivos e incluso milicias populares. Pero no es solo una forma propiamente anarquista de organizarse, es el principio fundamental de la democracia que se estableció en experiencias históricas como la Comuna de París, los sóviets rusos, la Comuna de Krushevo y la Comuna de Strandzha en Macedonia y Bulgaria, la Ucrania insurreccional del Ejército Negro o la propia CNT o la FAU alemana. Federaciones anarquistas contemporáneas como Black Rose en Estados Unidos, o la UCL en Francia mantienen la autonomía local dentro de una estructura compartida, promoviendo la acción directa y la autogestión.

Los debates en torno a la Responsabilidad Colectiva y la Libertad Individual

Históricamente el anarquismo ha contenido una tensión representada por dos polos; por un lado, el anarquismo organizado y por otro el anarquismo individualista. No nos interesa simplificar ninguna de las dos posiciones, sino introducir algunos de los debates que entre estas corrientes se han sostenido en torno a cuestiones como la autonomía individual, el riesgo de burocratización y la naturaleza de la organización colectiva.

Aunque el principio federativo asegura que los acuerdos sean voluntarios y no coercitivos, la decisión conjunta con compromiso de cumplimiento por los acordantes es entendido por algunos anarquistas como una amenaza contra su libertad individual. Si el cumplimiento de los acuerdos es voluntario, ¿qué sentido tiene la federación? Y aquí encontramos alguno de los principales límites del modelo federativo, que es el relativo a la autonomía o libertad para el cumplimiento del acuerdo. Si un conjunto de entidades o grupos deciden crear una organización territorial, esta se ratifica mediante las experiencias conjuntas, acciones y materialización de sus objetivos. Esta orgánica no resta autonomía a la comunidad puesto que parte desde la base y todo el proceso es un reflejo de esa democracia directa, por lo que amplía y mejora esa comunidad al ser pensados e implementados colectivamente sus acuerdos.

Otra de las grandes críticas realizadas al modelo federal es la tendencia de toda organización a burocratizarse y generar puestos de relativo poder autoritario. A pesar de implementar diferentes metodologías para intentar contrarrestar estas medidas el riesgo siempre está presente. La alternativa es la simple unidad puntual de afinidad o la mera coordinación, aunque como bien sabemos, incluso las formas más laxas flexibles y temporales de organización pueden producir o replicar formas de dominación, lo que se ha venido a llamar la «tiranía de la falta de estructuras» que genera posiciones de poder existentes de facto pero ignoradas o invisibilizadas.

¿Son irreconciliables estas posturas? Para algunas compañeras no necesariamente. Aunque existen tensiones, muchos anarquistas han intentado sintetizar lo mejor de ambas corrientes. El modelo de síntesis anarquista, propuesta por Volin y Sébastien Faure, busca unir a individualistas, comunistas y sindicalistas en un movimiento plural y diverso. Las críticas a este modelo han sido señaladas con gran precisión por las compañeras de Hedra.

El debate sobre el modelo federal para las organizaciones Especifistas y Plataformistas

En el siglo XIX las principales corrientes del anarquismo moderno quedaron definidas en la manera organizativa de la economía en un modelo socialista emancipado; naciendo así el individualismo, el colectivismo, o el comunismo libertario. Los años previos a la Primera Internacional, cuando el capitalismo no estaba tan desarrollado ni había llegado a ocupar todos los espacios económicos de los territorios, la cuestión de la organización económica y social parecía mucho más fundamental porque la correlación de fuerzas no se habían definido de manera determinante aún. Sin embargo, a la par que se tenían discusiones sobre una teoría económica de la revolución, en el siglo XX fueron tomando bastante peso las discusiones en torno a la cuestión política, y concretamente cómo organizar el poder social de nuestra clase. Se entendía ya plenamente el capitalismo como un sistema no solamente económico, sino político y cultural; y por lo tanto los programas revolucionarios tenían que incluir estrategias políticas. Es de esta manera que nacen el anarcosindicalismo, insurreccionalismo, autonomismo y el plataformismo/especifismo, cada una de esas corrientes con un contexto histórico particular, entrelazándose muchas veces entre ellas y acabando en una práctica de síntesis en ocasiones.

El plataformismo y el especifismo son corrientes muy similares que encuadramos en la actualidad en el anarquismo organizativo, social y revolucionario que, sin embargo, vienen de contextos políticos bien diferentes. El plataformismo nace del contexto europeo revolucionario y es teorizado con la publicación Dielo Truda y la propuesta de una Plataforma Organizativa para la Unión de los Comunistas Libertarios, expuesta en París por exiliados anarquistas ucranianos y rusos (Néstor Makhno, Ida Mett, Piotr Arshinov...) tras la derrota de la Revolución Ucraniana a manos del Ejército Rojo. Sin embargo, el especifismo particularmente surge a mitad de siglo XX en el contexto latinoamericano de convulsiones sociales, golpes de estado dictatoriales, imperialismo norteamericano y un maremágnum de sujetos similares a los que desarrollan la plataforma, pero no idénticos, que hemos venido a denominar clases populares para superar las limitaciones de las posturas obreristas.

Otra de las diferencias clave son las experiencias más cercanas de cada una de las dos corrientes, los rivales y adversarios políticos directos. Mientras que el plataformismo discute con un anarquismo sin capacidad de dar una respuesta unificada a los procesos revolucionarios europeos y completamente impotente ante la hegemonización de los partidos comunistas autoritarios del movimiento obrero, el especifismo responde al populismo latinoamericano, al foquismo, al maoísmo y a los movimientos nacionalistas y postcoloniales.

Además, y esta es otra diferencia fundamental, el plataformismo nunca tuvo una implantación real y un desarrollo práctico -salvo limitadamente con la Federación Anarquista Comunista de Bulgaria- con lo que comparar ambos planteamientos no deja de tener un punto de artificio. El especifismo, por su parte, tiene más de medio siglo de recorrido y con sus aciertos y contradicciones ha ido evolucionando, como es de esperar.

Ambas posturas coinciden en que cualquier intento de emancipación de la clase trabajadora del yugo de la explotación capitalista pasa por una revolución de masas. Es la clase trabajadora y desposeída en su conjunto quien debe levantarse y construir la alternativa a este reino de sufrimiento y miseria. Además, también coinciden en la idea de que el anarquismo como ideología y propuesta política tiene mucho que ofrecer a nivel político y estratégico a las masas revolucionarias. Puede aportar visión estratégica, experiencias de organización y lucha, teoría extraída del análisis histórico... en otras palabras, el anarquismo puede ser un agente revolucionario que ayude a que los procesos de lucha se desarrollen y lleguen a buen puerto lejos de derrotas provocadas por la falta de preparación, cooptaciones autoritarias o desvíos reformistas.

Además, con respecto a otra corrientes del anarquismo, se afirma que para realizar esta aportación a los procesos de conformación de una masa social combativa, los anarquistas trabajan mejor cuando se organizan en colectivos específicamente anarquistas donde consolidan una línea estratégica y táctica. Es decir, la unidad ideológica, estratégica y de acción, permite a las organizaciones revolucionarias de carácter libertario intervenir mejor y más para favorecer el desarrollo de los procesos de lucha.

Los debates y retos ante nuestra realidad revolucionaria actual

Muchos anarquistas, nosotras entre ellas, hemos tenido que golpear nuestra cabeza libertaria una y mil veces en tácticas equivocadas y en estrategias completamente inoperantes para aceptar esto, que así visto parece una obviedad. Aunque hayan pasado casi cien años desde el Dielo Truda y el especifismo latinoamericano tenga más de cincuenta años de trayectoria, esta corriente sigue siendo minoritaria dentro del anarquismo. A pesar de hablar de décadas y décadas de lucha, esta corriente, la del anarquismo organizado, sigue siendo más bien joven. Tiene mucho que desarrollar, mucho que pensar, errores que cometer y balances que elaborar. Sería bastante arrogante y muy dogmático pensar que ya está todo dicho, todo propuesto, y todo resuelto.

La crisis mundial del 2008 que se materializo en las primaveras árabes, las ocupaciones de las plazas en parte de Europa y en Estados Unidos, el regreso sin caretas de las políticas imperialistas, las masivas movilizaciones que sacudieron Latinoamérica y la derrota generalizada de aquellos que se movilizaron en todo el planeta y que han visto cómo los desvíos neorreformistas o las políticas autoritarias y represivas han vuelto a encauzar, al menos temporalmente, toda esa agitación social, han supuesto un impasse en la historia reciente del movimiento obrero.

Tras la asombrosa acumulación de fuerza social y de descontento generalizado que sumió a las democracias burguesas al servicio del capital en una auténtica crisis orgánica, el movimiento anarquista asistió a la evaporación de toda esa tensión política y a la restauración sistémica cuando no a una derechización como hacía más de ochenta años no se producía.

Los anarquistas, educados muchos de nosotras en el fin de la historia y la supuesta desaparición del proletariado como sujeto político, vimos crecer y morir el conflicto social sin apenas capacidad de incidencia. Para todos aquellos cuyas ansias de cambiar este mundo de miseria no es superado por la condescendencia y la auto-complacencia, hacer autocrítica y sacar conclusiones ha sido un imperativo estos años.

El plataformismo y el especifismo han recibido la atención que se merecían por aquellos que quieren cambiarlo todo y no se conforman con burbujas de libertad. La proliferación de organizaciones a nivel estatal e internacional es impresionante, tanto es así, que algunos compañeros temen, con cierta razón, que se trate de una moda que no tome en serio las propuestas del anarquismo revolucionario organizado.

Esta proliferación de grupos ha abierto muchos debates que debemos afrontar con profundidad y honestidad los próximos años si queremos convertir al anarquismo en un agente capaz de aportar a los procesos de lucha social todo lo que nosotras sabemos que puede aportar en un camino revolucionario.

Uno de estos debates, esenciales, es el modelo organizativo a nivel regional e internacional. Por un lado, el plataformismo y el especifismo abogan por la construcción de una unidad ideológica, teórica y de acción, y por otro lado, solo disponemos del modelo federal como referente y hay que aceptar que, en muchos casos, este formato es completamente insuficiente para lograr dicha unidad teórica y de acción.

Esto depende de cómo se conciba la autonomía local, cómo se construyan los consensos, de qué herramientas de comunicación y coordinación nos dotemos. En otras palabras, tenemos la tarea de dotar de contenido a un término, el federalismo, que ha sido ahuecado hasta convertirlo en un significante vacío, un sinónimo de coordinación o un modelo incapaz de superar unos límites mínimos de acuerdos estatutarios, siempre interpretables, siempre forzados en una batalla interna.

Sería paradójico que mientras que realizamos una crítica a la síntesis a nivel local, nuestra propuesta de organización a nivel estatal o internacional asumiese ese modelo. Obviamente las organizaciones con un nivel alto de afinidad siempre encontrarán en el resto a sus principales aliados, y la coordinación deberíamos darla por sentado. La cuestión a resolver es qué significa federación para al anarquismo organizado revolucionario, para los Plataformistas y para los Especifistas.

Desde nuestra perspectiva, la construcción colectiva con compañeras de otras partes del territorio peninsular o del mundo no es una amenaza para nuestra libertad o autonomía, todo lo contrario. Pensar, evaluar y proyectar nuestra acción política acompañados por otras compañeras en otras localizaciones es la solución a las derivas dogmáticas o sectarias en las que como cualquier organización local podemos caer.

Evidentemente el análisis situado siempre tiene la ventaja de conocer los matices a un nivel que no permite la distancia. Un posicionamiento realmente estratégico entiende, sin duda, que los militantes sobre el terreno siempre tienen una posición privilegiada que se debe atender y priorizar a la hora de resolver propuestas de acción.

Además, un proyecto revolucionario socialista libertario que no entienda y tome desde el principio posiciones internacionalistas está condenado a ser derrotado o a mostrarse impotente para aportar en las luchas que sin duda estarán por venir. La coordinación es esencial, la comunicación con nuestras compañeras, la formación conjunta y compartida. La pregunta es si esta coordinación es suficiente para realizar una tarea de índole internacional y de volumen masivo. La pregunta es, ¿qué debe significar federación para los proyectos Especifistas y Plataformistas del anarquismo revolucionario organizado?

Miguel Brea, militante de Liza, Plataforma Anarquista de Madrid.

https://regeneracionlibertaria.org/2025/08/26/que-debe-significar-federacion-para-el-anarquismo-revolucionario-organizado/
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