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(ca) Mexico, FAM, Regeneracion #19 - Anarquismo en Paraguay - Rafael Barrett y la cuestión económica (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Sun, 14 Sep 2025 07:42:45 +0300


Rafael Barrett (1876-1910), nacido en España y emigrado a Buenos Aires donde inició en 1903 su labor de periodista en el diario El Tiempo, llegó a Paraguay un año después como corresponsal porteño. Se dedicó a descubrir la realidad sangrante de un país y su gente a escasos 34 años del final de la Guerra de la Triple Alianza, donde las heridas abiertas por aquel genocidio se negaban todavía a sanar1. Donde la tierra fue subastada a los grandes capitales extranjeros, el pueblo condenado al hambre y esclavitud en los yerbales (plantaciones de yerba mate), y la política, subordinada al interés de las élites económicas, se convirtió un escenario inestable de recurrentes golpes de Estado. Y al mismo tiempo, como hemos visto en el número anterior de Regeneración, un Paraguay donde la resistencia proletaria tomó para sí el anarcosindicalismo con el surgimiento de numerosas organizaciones gremiales y la difusión cada vez más amplia del ideal anarquista.
Barret aprovechaba la prensa, tanto la oficial, como propia (El Germinal), para llevar su voz más allá de los círculos cerrados de la élite burguesa a la que dirigía sus críticas más ásperas, y llegar a los sectores populares. De ahí su acercamiento a los tipógrafos, obreros de la palabra impresa, como también a otros gremios a través de las conferencias impartidas por la invitación de la Federación Obrera Regional Paraguaya (FORP) en 1908: "Tres conferencias a los obreros paraguayos". Fue, sin embargo, su ciclo de reportajes Lo que son los yerbales (1908) compuesto por las siguientes partes: "La esclavitud y el Estado", "El arreo", "El yugo en la selva", "Degeneración", "Tormento y asesinato" y "El botín"; donde denuncia el contubernio entre el Estado paraguayo, las autoridades locales, los juzgados y las empresas yerberas; el que lo convirtió en la principal voz de denuncia frente al régimen de explotación agroexportadora en la región.
Barret describe con precisión la naturaleza de la industria de yerba mate del inicio del siglo XX, dominada por el capital extranjero. Los yerbales reflejan, para Barret, la verdadera cara del capitalismo latinoamericano, de signo colonial, esclavista y asesino. En su análisis destaca el mecanismo de arreo por anticipo (enganche por deudas), generalizado en las economías latinoamericanas, que condena al trabajador a la esclavitud perpetua: "Así se arrean los mártires de los gomales bolivianos y brasileños, de los ingenios del Perú. Así se arrean las muchachas del centro de Europa prostituidas en Buenos Aires" ("El arreo", BARRETT, 1978: 125).
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1. Su actividad política de apoyo al movimiento obrero, su agitación militante a través del periódico El Germinal y la ayuda a los perseguidos por la dictadura del coronel Albino Jara, le costaron arresto y destierro a Corumbá, Brasil, de donde viajó a Montevideo, Uruguay. Regresó clandestinamente a Paraguay en marzo de 1909 para refugiarse con su esposa e hijo en Yabebyry (Misiones). Murió un año después de tuberculosis.

Barret brinda al lector una descripción detallada de las condiciones de vida y del trabajo en el yerbal, nos hace sentir el calor de la selva, el esfuerzo sobrehumano del peón y su familia y la bestialidad del capataz:
El monte: la tropa, el rebaño de peones, con sus mujeres y sus pequeños, si se permite familia. A pie, y el yerbal está a cincuenta, a cien leguas. Los capataces van a caballo, revólver al cinto. Se les llama troperos, o repuntadores. Los habilitados que se traspasan el negocio escriben: "con tantas cabezas". Es el ganado de la Industrial (Loc. Cit.).

Los trabajadores, reducidos a bestias de carga, a pedazos de carne, negados en su humanidad, esclavos del capital, aguantan jornadas infernales, la violencia de los capataces, y cuando deciden liberarse son cazados, torturados y, no pocas veces, asesinados:
¡Camina, trajina, suda y sangra, carne maldita! ¿Qué importa que caigas extenuada y mueras como la vieja res a orillas del pantano? Eres barata y se te encuentra en todas partes.[...]Entonces, al hambre, a la fatiga, a la fiebre, al mortal desaliento se añadiría el azote, la tortura con su complicado y siniestro material. Conocíais la inquisición política y la inquisición religiosa. Conoced ahora la más infame, la inquisición de oro. ¿A qué mencionar los grillos y el cepo? Son clásicos en el Paraguay, y no sé por qué no constituyen el emblema de justicia, en vez de la inepta matrona de la espada y cartón y de la balanza falsa ("Tormento y asesinato", BARRETT, 1978:133).

La denuncia de Barret está dirigida no sólo contra las empresas, sino también contra los políticos, cómplices del capital, que promueven la esclavitud, la tortura, el asesinato y la muerte por extenuación de "sus ciudadanos", guiados por un interés común con la élite empresarial. De esta manera, acusa a la Industrial Paraguaya, la principal empresa yerbera de su tiempo, de ser "negrera", maldiciendo su "dinero manchado en sangre" ("El Botín", BARRETT, 1978: 138), pero sus tiros van sobre todo hacia el mismo Estado paraguayo:
Detrás del capataz está el negrero de levita, el director de empresa, el 'ilustre hombre de negocios' que sabe lo baratas que son las conciencias políticas. La esclavitud está bien instalada. ¡Venid, esclavos del yerbal, venid a festejar con nosotros el centenario de vuestra independencia! ("Esclavitud", BARRETT, 1978: 175).

¿Qué tipo de ciudadanos son los esclavos del yerbal? - nos pregunta Barrett. ¿Qué tipo de libertades y derechos les ofrece a sus trabajadores la República del Paraguay? Es en las regiones como la latinoamericana, apunta el autor, donde el capitalismo, unido a las formas semi-esclavas de dominación heredadas de la Colonia, muestra su cara más despiadadamente antihumana.
Barrett no se limitó, sin embargo, a mera denuncia y participó activamente en la agitación política entre los trabajadores asuncenos. De sus "Tres conferencias a los obreros paraguayos", en los que presenta una propuesta anarquista de lucha y de vida, quiero fijarme en la primera "La Tierra" que empieza con: "Yo también soy un obrero, y no quiero ser otra cosa. (...) Obrero no quiere decir esclavo, quiere decir creador" ("La Tierra", BARRETT, 2011: 137). Como en muchos de sus escritos, también en esta ocasión emprende una crítica de la "civilización" y del "progreso" capitalistas que imponían las élites paraguayas a la sociedad de raíz guaraní considerada por ellos "bárbara": "Pero dejad que nos civilicemos, dejad que progresemos; ya vendrán, arriba el lujo feroz, abajo la miseria y crimen" (Ibíd.: 139). Una parte crucial de lo que el autor considera una ventaja del Paraguay frente a los países "avanzados" es la importancia que todavía tiene la tierra para sus habitantes no sólo como medio de subsistencia, sino también en cuanto a su dimensión espiritual y no mercantil. Para Barrett "la tierra lo es todo", garantiza la autonomía al campesino y lo libera del yugo del trabajo enajenado. De ahí, el autor denuncia la renta como el principal enemigo del pueblo trabajador y postula la socialización de la tierra y sus recursos en contra de su concentración en manos privadas:
Indignémonos contra el propietario. Él es el usurpador. Él es el parásito. Él es el intruso. La tierra es para todos los hombres, y cada uno debe ser rico en la medida de su trabajo. Las riquezas naturales, el agua, el sol, la tierra pertenecen a todos. Goce de la tierra el hombre en proporción de su esfuerzo. Recoja la cosecha el que la sembró, y la regó con el sudor de su frente y la veló con sus cuidados (Ibíd.: 141).

La tierra es de quien la trabaja, repite Barrett la consigna de las luchas campesinas que estaban por estremecer el continente. De hecho, el mismo está seguro de que será justo en América Latina donde la tierra será la primera y la más importante conquista social que permitirá la libertad del trabajador y el afianzamiento de una sociedad futura:
Y estoy convencido que esta conquista se hará en América, donde los obreros son y serán más fuertes y más libres. Aquí será devuelta la tierra a la humanidad. Aquí, al entrar en la era de luz y de orientación definitivas, nos reconciliaremos todos con la tierra, la santa tierra, la madre inmortal, doblemente madre, porque después de darnos la vida nos ofrece el reposo (Loc. cit.).

De ahí, la tierra es para Barrett la madre, es la vida que no debe ser privatizada ni destruida: "Emancipemos la tierra, defendamos la tierra (...) Todo surge de la tierra y nosotros somos tierra". Su visión se aleja de interpretaciones meramente economicistas de la cuestión agraria y alcanza su dimensión vital de interconexión entre la tierra y "sus hijos" que la trabajan.
Barret fue una de las voces de denuncia más potentes de su época: fulminó la desigualdad, explotación y autoritarismo que encontró en el Paraguay de inicios del siglo XX. Su "cólera sagrada" despertada por el sistema capitalista de su época, encontró como modo de expresión al anarquismo. Así, Barrett fue anarquizado por la realidad paraguaya y al mismo tiempo su anarquismo fue "paraguaizado", al teñirse de colores propios, resultantes de su especificidad socioeconómica. Hoy, sigue sorprendiendo su agudo criterio en cuanto al análisis de la dominación y la explotación regional, donde los yerbales cedieron paso a las "repúblicas de soja" y el capitalismo en contubernio con las élites políticas sigue arrasando ecosistemas y pueblos.

Gaya Makaran

Bibliografía
BARRETT, Rafalel, 1978, El dolor paraguayo, prólogo de Roa Bastos, Caracas, Biblioteca Ayacucho.
BARRETT, Rafael, 2011, El dolor paraguayo, Asunción, Servilibros.
BARRETT, Rafael, 2008, A partir de ahora el combate será libre, prólogo de Santiago Alba Rico, Buenos Aires, Madreselva.

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