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(ca) Italy, FAS, Sicilia Libertaria #461 - Interseccionalidad, un modelo para la reunificación de luchas (de, en, it, pt, tr)[Traducción automática]

Date Tue, 26 Aug 2025 07:24:16 +0300


Los movimientos anarquistas, a pesar de su heterogeneidad, siempre han promovido la solidaridad entre las luchas y la unidad contra todos los poderes. Sin embargo, este principio teórico enfrenta importantes obstáculos para traducirse en prácticas efectivas, coherentes y duraderas, especialmente en contextos donde la urgencia de necesidades específicas puede llevar a descuidar un pensamiento más amplio y transversal. Así, si bien en teoría el anarquismo encarna la lucha misma que es todas las luchas, en la práctica a menudo tiende a distanciar estas demandas entre sí.

Actualmente, a nivel global, los feminismos demuestran la fuerza y el contenido más estimulante para revivir estos principios y transformarlos en prácticas concretas. La interseccionalidad, lejos de ser sorprendente e inédita, es la fórmula contemporánea y más compleja para esta unificación de luchas, que, a pesar de sí misma, ha demostrado alimentar profundas inconsistencias y un pensamiento centralizado, creando a menudo divisiones dentro de los movimientos. Esta, por ejemplo, es la razón por la que las mujeres, entre 1964 y 1970, comenzaron a practicar su retirada de los grupos mixtos como una forma de afirmación política. Esto dio origen al marco de lucha específico del círculo exclusivamente femenino, que persiste en la actualidad. Esta fue una respuesta a los fracasos que experimentaron al unirse a compañeras que, al no reconocer sus necesidades apremiantes como centrales, terminaron marginándolas, impidiendo su universalización en las luchas colectivas (Siviero, Fare femminismo, 2024, p. 82).

Hoy, la interseccionalidad significa concretamente que la lucha de una persona es realmente la lucha de todas, que exigir un espacio de expresión es «luchar por el espacio de todas[...]es decir, no implica solo apariencias, sino la presencia concreta de diferencias objetivas y subjetivas. Es esta presencia la que tiene el poder de establecer el diálogo, sin el cual toda lucha puede morir en mera violencia destructiva y autodestructiva» (Tiburi, The Contrary to Solitude, 2020, p. 67). Significa entrenar el pensamiento, incluso antes de la acción, en una empatía militante que no subestime las necesidades individuales y colectivas, y que sea capaz de mantener un enfoque necesariamente local y una visión global.

En diversas partes del mundo, este sentimiento interseccional, que ha demostrado ser un instinto humano incluso antes que una construcción política, ha llevado a la formulación de prácticas contagiosas y replicables. Este es el caso, entre muchos, de la huelga de sexo, que ha tenido momentos particularmente significativos en circunstancias como la del 24 de junio de 2011, cuando trescientas mujeres colombianas de Barbacoas anunciaron una abstinencia sexual de tres meses con el objetivo de obtener carreteras pavimentadas para detener la muerte masiva de mujeres que daban a luz, sin poder llegar al hospital; así como en Filipinas para poner fin a los conflictos entre clanes; en el sur de Turquía para asegurar las redes públicas de agua; en Kenia, Togo y Liberia para abordar problemas políticos y guerras.

La misma fuerza impulsora sustenta la creación de redes de boicot, que a diario intentan no solo tomar medidas concretas, sino también contrarrestar la retórica opresiva sobre la ineficacia de esta práctica. Un ejemplo significativo, dada la relevancia actual del tema, es la campaña internacional BDS, que llama al boicot, la desinversión y las sanciones por los derechos del pueblo palestino.

De este efecto dominó de luchas interseccionales surge la postura que, más que ninguna otra, parece sugerir prácticas de participación directa: el anarcofeminismo internacionalista. Se basa en la urgencia de considerar la lucha contra el patriarcado como una lucha contra los ideales que sustentan y nutren al Estado, el capitalismo y el imperialismo, partiendo de la conciencia de que el feminismo implica abordar las marcas de opresión de clase social, género, raza y sexualidad, y que una lucha conduce inevitablemente a otras. Pero, aún más simbólicamente, significa que los feminismos anarquistas se presentan como un sólido trampolín para un nuevo paradigma de militancia en el que se puede materializar una pluralidad de movimientos, que se fortalecen e inspiran en esta heterogeneidad y esta incansable ayuda mutua.

Para que esta red de luchas unidas funcione verdaderamente, es necesario rechazar ideales, métodos y herramientas que representan la transigencia y la persistencia en el statu quo, que deben, en cambio, rechazarse en favor de alternativas que se puedan perseguir a diario, tanto individualmente como a través de la pertenencia directa a grupos. El abstencionismo, en sus diversas formas, en particular la relacionada con la práctica del voto; la subversión de las dinámicas que obligan a las personas a sucumbir a valores y modelos marginalizadores; el sabotaje de la guerra; el boicot masivo y radical a todo aquello que reifica el Estado, el patriarcado y el capitalismo; la solidaridad continua y transversal de las luchas a través de grupos de afinidad; la deserción absoluta de toda forma de violencia y opresión; el alejamiento de los lugares, contextos y estilos de vida de la sociedad de consumo mediante prácticas como la autoproducción, el trueque y la autoeducación horizontal.

Para contrarrestar el derrotismo y el desaliento que proliferan en el sentir común, es necesario reafirmar la posibilidad de utilizar estas herramientas a diario y su capacidad para transformar dinámicas, minimizando el alcance de las contradicciones y la impotencia. Así pues, pensar y actuar interseccionalmente significa preguntarnos continuamente qué podemos hacer cuando nos vemos atrapados en cualquier dinámica relacional, o cuando nos vemos obligados a ser clientes y consumidores de algo, intersectando luchas por las necesidades de otras subjetividades, cómo hacer todo esto, quiénes ser al hacerlo, qué lenguaje elegir, cómo acompañar a los demás. Significa sentirse siempre agente de un acto político, que interpela a otros y que se conecta incluso con cosas y personas que pueden ser muy distantes, pero sin embargo sostenibles. También significa practicar la comprensión de la participación directa como siempre posible y progresiva, para que los pequeños gestos y acciones se sumen a los de los demás, fortaleciéndose mutuamente y creando conexiones que puedan liberar las luchas de la autorreferencialidad aniquiladora y la desintegración de las prácticas, algo cada vez más evidente a medida que el panorama global se vuelve más dramático.

Désirée Carruba Toscano

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