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(ca) [de cgt.es] Guinea: El caso Severo Moto, un resto neocolonial
From
a-infos-ca@ainfos.ca
Date
Wed, 04 May 2005 21:24:04 +0200 (CEST)
Delivered-to
a-infos-outgoing@ainfos.ca
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AGENCIA DE NOTICIAS A-INFOS
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http://ainfos.ca/index24.html
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Rafael Cid: Guinea no es el Sahara. Los ciudadanos no vigilan el
cumplimiento por España de sus obligaciones con la ex colonia. Pero la
posición de las autoridades españolas respecto a Guinea siempre ha sido
clara. Ha consistido en formar, encumbrar y proteger a sus sucesivos
tiranos. Desde que en 1968 las cúpulas políticas, económicas y militares
del franquismo optaron por otorgar una independencia controlada al único
país de habla castellana en África Negra, el sistema ha sido el mismo.
Una saga de dictadores sangrientos. Ocurrió con Francisco Macias,
amamantado en los pechos de los hombres de Carrero Blanco y su SECED
-cantera del CESID y del actual CNI-, quienes monitorizaron la
“descolonización” mediante gentes como Manuel Fraga y su plan de
“teleclub” para tomar el pulso a la población; el magistrado derechista
Rafael Mendizábal, primer presidente de la Audiencia Nacional, en el papel
de asesor del presidente Macias, y Francisco Paesa, el topo todo terreno
del espionaje español, en el puesto de primer presidente de la Sociedad
Financiera Guineana de Desarrollo y del Banco de Guinea. En principio,
todo atado y bien atado.
Pero los canallas a veces se salen de la pista. Cuando el siniestro Macias
pensó que ya no necesitaba a sus progenitores, un golpe de palacio
dirigido en 1979 por su vicepresidente y ministro de Defensa, Teodoro
Obiang Nguema, acabó a la vez con sus ínfulas y su vida. Muerto el perro
se acabó la rabia, debieron pensar los responsables del ministerio español
de Asuntos Exteriores al ver al joven oficial formado en las academias
militares de Toledo y Zaragoza arrastrar al patíbulo a su propio tío y
protector. La declaración de “materia reservada” que desde 1972 gravitaba
sobre toda información referente a Guinea Ecuatorial había dado sus
letales frutos.
Y otra vez, la retórica de la Hispanidad (incomprensiblemente todavía
homenajeada con el eslogan de Día de la Raza) volvió donde solía. Por poco
tiempo. La historia se repetía. Un Obiang no menos genocida que el
derrocado Macias, gracias a la ayuda oculta de los lobbys peninsulares, se
salía de madre. Las continuas exigencias y chantajes del “regicida” para
obtener más subvenciones a fondo perdido mientras Madrid tapaba sus
crímenes, empezó a quebrar las tradicionales buenas relaciones entre ex
colonia y ex metrópoli. Por eso el “bunker”
político-económico-financiero-militar que siempre ha controlado el “caso
Guinea” se dispuso a tomarle las medidas al osado Obiang con la intención
de cortar un traje como el que sirvió para amortajar a Macias. Pero el
sastre militar no encontró más modelo que el de un periodista formado en
seminarios españoles, de nombre Severo Moto, que había trabajo en la TVE
de Fraga-Macias
Para cuando los pigmaliones de Severo Moto procedentes de UCD y PP
reaccionaron, Obiang ya era demasiado Obiang. La aparición de importantes
yacimientos de petróleo en territorio guineano había convertido al
carnicero de Malabo en un personaje fuera de toda sospecha. Al mismo
tiempo que la ONU y Amnistía Internacional denunciaban la constante y
masiva violación de derechos humanos en el país, con torturas,
desapariciones y purgas permanentes, Teodoro Obiang se paseaba por Moncloa
y Zarzuela de la mano del Rey Juan Carlos y el presidente del Gobierno
José María Aznar, quienes además, por el módico precio de una cuota en el
negocio del crudo para Repsol, avalaban al genocida ante los principales
foros internacionales.
Sin embargo, haciendo mérito a la tradición, Obiang incumplió la letra
pequeña de su pacto de sangre y, en vez de dar entrada a la petrolera
española controlada por los amigos de Aznar y Juan Carlos, entregó la
parte del león de las licencias de explotación al mejor postor. Así, en
pocos años, Guinea Ecuatorial se convirtió en la tierra de promisión en
África Central de las principales multinacionales del sector,
estadounidenses y francesas sobre todo, que convirtieron a Obiang en uno
de los hombres más ricos del continente y al pueblo de Guinea en uno de
los más pobres. Comme il faut. No hay uno sin el otro.
De ahí que la comisión de sabios del Langley español decidiera nuevamente
dar la alternativa al siempre económicamente disponible Severo Moto. Dos
tramas y dos fracasos. En el proyectado golpe de Estado de 1997, Moto y
sus mercenarios españoles fueron atrapados en Angola cuando se disponían a
levantar anclas con destino a las costas guineanas. Los servicios secretos
franceses y norteamericanos compensaban así a Obiang por permitir operar
libremente en Guinea a sus petroleras. Por eso, en el segundo intento del
2004, Severo y sus mercenarios, seguramente mejor aconsejados por los
sabuesos de la madrileña Cuesta de las Perdices y Defensa, echaron mano de
profesionales extranjeros. Ni por esas. El comando de mercenarios, a cuyo
frente se encontraba el hijo de la ex primera ministra inglesa Margaret
Thatcher, no sólo fue detenido antes de que sus viejos aviones pudieran
despegar, sino que denunciaron a Severo Moto y al Gobierno español como
muñidores de aquel esperpéntico zafarrancho de combate.
Porque lo curioso de la política de doble rasero aplicada por el Estado
español al caso Guinea es que mientras, con una mano, palmea al criminal
Obiang, con la otra le mina, financiando, apoyando y propulsando como
líder de la oposición al dócil chico de los recados Severo Moto,
presidente de una formación política, Partido del Progreso (PP), con
pleonasmo ideológico en sus siglas. Un político fabricado a cal y canto
por los medios de comunicación españoles que, con objeto de democratizar
Guinea Ecuatorial, ha tenido la osadía de declarar que pretendía nombrar a
ciudadanos españoles para los ministerios claves de Economía, Defensa y
Exteriores.
Tres datos para el contexto. Primero, el incombustible Rodolfo Martín
Villa, ex jefe provincial del Movimiento Nacional en Barcelona, de Endesa
y ahora de Sogecable, fue la persona encargada en su día de viajar a
Guinea para sacar a Moto de las garras de Obiang. Segundo, la armada
española se desplegó frente a las costas guineanas coincidiendo con las
fechas previstas para el último golpe. Tercero, el diario El País, donde
figuran como accionistas algunos de los financieros más importantes del
lobby de apoyo a Moto, fue el encargado de dar la exclusiva noticia-foto
de la constitución -en un hotel de cinco estrellas en Madrid- de un
Gobierno de Guinea en el exilio (¡de un régimen con el que el Estado
español mantiene relaciones de cooperación!). Y ha sido también quien
recientemente lanzó la primicia sobre un supuesto complot del Gobierno
socialista para matar a Severo Moto
¿Caso Moto o campaña de victimización para que el criado de los lobbys
recupere la credibilidad pérdida y perpetuar la política del atado y bien
atado para Guinea?
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